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"Aterrizando" (y este verbo no es en lo absoluto accidental) en la Sala del Renacimiento del Palazzo della Cancelleria, que forma parte de la Santa Sede, está Kcho. Este artista cubano ha hecho del viaje por mar el punto de vista más dramático, el de los emigrantes contemporáneos, elemento más reconocible e inmediato en su trabajo. El mar, ADN de los nacidos en una pequeña isla al sur de Cuba, siempre ha sido un tema dominante en la obra de Alexis Leyva Machado, cuyo seudónimo, Kcho, viene del apodo cariñoso, cacho / pequeño, que le dio su padre. La imaginación del artista se desarrolló en torno a la extensión del mar. Esto afloró cuando él era muy joven, en 1992, justo después de haber completado sus estudios académicos, con una exposición en el Museo de Bellas Artes de La Habana. El mar de Kcho, sin embargo, está muy lejos de aquel estereotipo, desde la idea a menudo exótica o romántica asociada a él: el mar de Kcho es en cambio un lugar terriblemente concreto y metafísico, ligado a la idea del sufrimiento humano y a la inseguridad.