Lisandra Ordaz le plantó cara a la Dzagnidze.
Mal, muy mal le fue a Cuba en la cuarta jornada de la Olimpiada de Ajedrez de Turquía: ellas cayeron por la vía de la barrida, algo que habíamos presagiado ayer en este espacio, y ellos cedieron ante una cuarteta de inferior categoría.
Lo de las muchachas, que iban contra Georgia, era una muerte anunciada. Pero lo de los varones, ese tropiezo inconcebible frente a Irán, resultó cuando menos sorprendente. Eso, por no decir patético.
Las pupilas de Walter Arencibia fueron un bocadillo para sus poderosas adversarias. Maritza Arribas (2296) y Lisandra Llaudy (2264) cayeron con estrépito versus Lela Javakishvili (2458) y Nino Batsiashvili (2432), respectivamente, mientras Oleiny Linares (2355) trató en vano de aguantar en el tablero dos las embestidas de Bela Kotenashvili (2509).
Párrafo aparte merece la espartana oposición de Lisandra Ordaz (2344) ante una de las mejores del planeta, la Gran Maestra sin distinción de sexo Nana Dzagnidze (2547), quien planteó la Defensa Nimzo-India y debió poner todas sus neuronas en función de abatir a la criolla.
A los hombres, en cambio, es imposible no endosarles el reproche. Fíjese usted que el coeficiente ELO más bajo de los nuestros, excedía el más alto de los iraníes. Y sin embargo, ellos cargaron con la parte del león.
En una Escocesa, Bruzón (2711) llevó trebejos negros y no pudo aventajar al Internacional Pouria Darini (2503). Mientras tanto, Yuniesky Quesada (2626) tampoco consiguió imponerse a Pouya Idani (2477) en una Española que condujo al clásico final con alfiles de distintos colores. Y para colmo de desgracias, Yusnel Bacallao (2583) cayó a los pies de Asghar Golizadeh (2472), víctima de un fatídico lance en la jugada ...29.
Así las cosas, en las espaldas de Leinier (2725) quedó toda la responsabilidad. Le tocaba evitar el penoso revés, y salvar el orgullo de un equipo que llegó a Estambul soñando con regresar a un puesto en los top ten, como hace ocho años en Calviá.
A decir verdad, el güinero acarició la victoria versus Ehsan Ghaem Maghami (2579). La tuvo cerca, la olisqueó con un peón en "a7" que metía presión y miedo, mas a la altura del movimiento 80, ignoro yo por qué, renunció a ese peón y el adversario equilibró las cosas.
De manera que, créalo o no lo crea, perdimos con Irán.