Londres compite con un rival de cuidado: la inauguración de Beijing 2008 fue la más espectacular de la historia, aunque a un coste estimado en más de 100 millones de dólares (83 millones de euros), muy por encima de los 27 millones de libras (35 millones de euros) de Londres. La diferencia tiene que salir de la imaginación.
Lo poco que se ha explicado sobre el proyecto causó sorpresa y cierto escepticismo: el césped del estadio olímpico de Stratford se convertirá en una bucólica escena de la campiña inglesa, con sus valles, colinas, su lluvia artificial, mucha hierba y unos cuantos animales vivos, como 12 caballos, tres vacas, dos cabras, 10 pollos, nueve gansos, 70 ovejas y tres perros pastores.
Boyle se comprometió por escrito a que los animales vivirían un retiro dorado después de la ceremonia, pero no podrá cumplir su palabra porque están adiestrados para participar en espectáculos y sus propietarios no piensan jubilarlos. Los defensores del bienestar de los animales le acusan ahora de haberles mentido.
Más calado tiene su enfrentamiento con la OBS. Boyle quiere tratar la ceremonia como una representación visual, no como un espectáculo deportivo, y exigió trabajar con su propio equipo. Hace unos meses se llegó a un pacto: la gente de Boyle cubriría el espectáculo y la OBS el protocolo, como el desfile de participantes y el izado de la bandera olímpica. Pero las heridas se reabrieron en dos frentes: no se ponían de acuerdo sobre el emplazamiento de las cámaras y el espectáculo del director británico se pasa de tiempo.
Lo primero parece solucionado y el ensayo de principios de semana "ha ido bastante bien", según un testigo presencial. Pero el espectáculo sigue siendo demasiado largo incluso después de que se haya suprimido uno de los números previstos. "Boyle es una estrella, muy arrogante y una persona muy especial, pero lo que ha habido son tensiones profesionales. Está todo aclarado", declaró esa fuente. "Pero el problema de la duración no se ha solucionado", añadió.
La última exigencia del director, impedir que la BBC realice comentarios durante la ceremonia, ha provocado un conflicto con la corporación, que tiene la última palabra y cree que en determinados momentos hay que situar al espectador para que entienda la que está viendo. La discrepancia obligó a un encuentro privado de Boyle con el presentador estrella de los informativos de la BBC, Huw Edwards.
Seguramente los espectadores agradecerán que la BBC no ceda, teniendo en cuenta que el espectáculo se inspira en la obra de Shakespeare La tempestad y recrea, por ejemplo, escenas de la revolución industrial.
Londres 2012 ya tiene su primera estrella olímpica. Ahora solo falta saber si se llevará el oro o será una estrella fugaz.
(Tomado de El País)