¿Y el Gol cubano?


Por Javier Montenegro Naranjo, estudiante de Periodismo de la Facultad de Comunicación de la Universidad de la Habana

Messi o Cristiano. Casillas o Valdés. Ronaldinho, Zidane, Ronaldo. Ellos son los paradigmas de los niños amantes del deporte más hermoso del mundo. Reinier González y su programa "Gol" los construyeron. Despacio, lento, como quien no quiere las cosas, el fútbol se ha colado entre los deportes favoritos del cubano. No es un descubrimiento; no digo que hace unas décadas los cubanos estuviésemos separados del fútbol, pero en mis 22 años sí he visto cómo se ha convertido en una furia. Ha aumentado la pasión. Es una carrera desenfrenada por emular a los héroes del mediodía del sábado.

El balompié ha ganado mucho terreno. Antes, los compañeros destinados a amenizar las esquinas cubanas con temas deportivos discutían que si Linares, que si Kindelán, que si el Duque. Beisbol. Ese era el plato fuerte. Se hablaba de otros deportes, claro. El fútbol no era un misterio y se conocían las principales estrellas. Pero hoy el fútbol se ha colado. Hace unos meses, en La Lisa, Ciudad Habana, escuché a uno de esos compañeros gritar: "¡Me juego 50 dólares! El Santos y Neymar van a ripear al Barça, voy a sacar el televisor pa'la calle pa' que todos lo vean". Me quedé estupefacto, por los 50 dólares y por las declaraciones. No es un ejemplo aislado. Los niños juegan tanto fútbol como pelota. Y un balón no se puede hacer con una media, un poco de papel y una piedra.

Bravo por Reinier. Y luego Sergio Ortega aprovecha con "Gol Latino" y nos saca de Europa para mostrarnos la otra cara de la moneda: el tercer mundo también le pega fuerte al balón. No solo Brasil o Argentina. Entonces, ¿dónde está el "Gol" cubano? Un programa dedicado a nuestra liga nacional. No existe. Con suerte, vemos algún resumen aislado o la final del campeonato de manera diferida. De hecho, la guardan para los "vacíos deportivos". Si en Guadalajara nos codeamos con las categorías inferiores de Argentina y Brasil, no estamos tan mal.

Nadie habla de eliminar las transmisiones de fútbol internacional y sustituirlas por goles hechos en casa. ¿Qué hacer? Una inserción lenta. El 95 % de los partidos de las diferentes ligas del mundo que consumismos son de manera diferida. Empecemos así. Un partido a la semana. No será como los de España o Inglaterra. Las cámaras no tienen esa calidad, ni tenemos esa cantidad, pero el esfuerzo cuenta. Los seguidores lo agradecerán y hablarán de ello. Muy mal en un inicio, porque con los ejemplos de la élite mundial, trizas haremos a nuestros jugadores. Lentamente asimilaremos nuestro fútbol. Y a su vez, lo ayudaremos a avanzar.

La radio es otra opción. Los verdaderos fanáticos de los equipos de pelota los siguen por las diferentes estaciones. Y al menos yo no creo en la parcialidad. Si vas a narrar un partido, defiende a tu equipo. Sin excesos. No veo por qué debemos abochornarnos de nuestros amores. Por eso los industrialistas adoran a la C.O.C.O. Una frecuencia provincial debería narrar cada juego de su equipo, y gritar cada gol como lo hicieron los españoles en la final del 2010. Así es como se enamora a las personas. Quizás un día presumiros de un derbi habanero: Artemisa-Mayabeque. O de un clásico nacional, que levante pasiones como los encuentros entre Industriales y Santiago de Cuba.

La prensa escrita también tiene una deuda. 20 líneas dedicadas a reflejar resultados, posición de los equipos y líderes goleadores no es suficiente. Los periodistas son unas de las piezas claves, en mi opinión, para que el fútbol cubano avance. Si nosotros no sacamos a la luz a nuestras estrellas locales, ¿quién lo hará?

Los guardametas, defensas, mediocampistas y delanteros del país necesitan un espacio. Es una realidad. Cada vez que transmiten un partido de la selección nacional, cuando lo transmiten, hay caras nuevas, y uno de tonto preguntándose ¿y ese quién es? Ayudemos a nuestros futbolistas. Saquémoslos del anonimato. Démosle una oportunidad al más universal de los deportes en Cuba. Quizás nos llevemos una sorpresa.