No hay manera de que los quince miembros del Consejo de Seguridad lleguen a un acuerdo unánime, según recoge el documento aprobado ayer por un comité casi dos meses después de que el presidente palestino, Mahmud Abás, presentase la petición. Ahora, el informe será enviado al Consejo para su discusión.
Y es que el nueve, el número casi mágico en estas semanas de ofensiva diplomática y giras internacionales en busca de respaldos, no pudo ser alcanzado. Nueve son los votos necesarios en el seno del Consejo para lograr la admisión, pero las filtraciones diplomáticas apuntaban que la última esperanza, Bosnia, se abstendría, dejando los apoyos en ocho. Francia, el Reino Unido, Portugal y Colombia optarían por abstenerse, aunque oficialmente todos se han negado a confirmarlo.
Un número, el nueve, que aún así no hubiera bastado para que cumplieran su sueño frente la voluntad de Estados Unidos de ejercer su derecho a veto. Algo de sobra sabido por los palestinos y que su representante ante la ONU, Riyad Mansur, describía ayer como «la oposición de un país poderoso». La petición era un órdago de los líderes de Ramala encaminado a impulsar la cuestión palestina en el ámbito internacional más que a lograr un éxito inmediato.
Mostrar las cartas
Tras el informe se abre un período de reflexión para los palestinos. Podrían pedir a uno de los países del Consejo que los respaldan que exigiera una votación, una manera de que todos los miembros del Consejo enseñen en público sus cartas frente a la comunidad internacional. O probar suerte de nuevo el próximo año, cuando cambien los miembros no permanentes del Consejo. O acudir a la Asamblea General, donde sí lograrían entrar, pero como Estado observador, no miembro. Podrían también escoger todas esas opciones de manera sucesiva y además seguir su estrategia de entrada en agencias de la ONU, como ya lograron hace pocos días en la Unesco.
(Con información de La Voz de Galicia)