Mis primeras palabras son eco del correo enviado por nuestro hermano y amigo Roberto Chile, quien desde Estados Unidos, está presente en alma y corazón en esta tarde memorable junto a los guanabacoenses y, en particular, con nuestro padrino Enriquito Hernández, y todos quienes nos hemos dado cita en este otrora Liceo.
De los cubanos se dice que sabemos sobre casi todo; tenemos siempre alguna respuesta a flor de labios; somos apasionados y buscamos donde no existe... Alguien nos calificó de: ¡irrepetibles!
La cultura de quienes habitamos esta Isla es vasta y desanda por los recovecos menos imaginados. Sin embargo, quedan resquicios por transitar para acercarnos a la frontera de lo que nos compone y nutre interiormente.
Este tarde, dedicada a la cultura nacional, la Villa de Pepe Antonio vive momentos especiales: se abre la exposición Afrodescendientes: Guanabacoa-Cuba y se estrena el documental Soy Tata Nganga, ambas piezas nacidas del ojo avizor y del corazón del realizador Roberto Chile.
Afrodescendientes, es muestra que ha sido exhibida en España, Argentina y en la Fototeca de Cuba. Ahora aquí. Se trata de 40 retratos, todos de guanabacoenses, en los cuales se sintetiza eso de congo o carabalí que llevamos dentro.
Veintidós minutos, tiempo del documental, es apenas suspiro en el espacio del conocimiento y la cultura, pero capaces de insuflar esa sed siempre presente por el saber más acerca de las raíces de nuestra identidad: quiénes somos y de quiénes venimos.
Eso es "Soy Tata Nganga", la más reciente obra de Chile, y en la cual el artista hurga por los vericuetos y esencias del nonagenario Enrique Hernández Armenteros, Enriquito, quizás el más veterano de los sacerdotes cubanos en las religiones de origen africano y cuyas esencias trascienden la Patria y desandan por el mundo purificando almas.
Cultura y fe van de la mano de este hombre en lo que bien pudiera calificarse como clase magistral de cubanía. El aula: la legendaria villa de Guanabacoa, sus hábitos y esencias. El profesor: este genial hombre, descendiente de esclava conga, quien nos lleva de la mano por el mundo mágico místico en el cual se asienta la religión Bantú, conocida popularmente como Palo Monte.
El bien hacia el prójimo ha sido -y es- la divisa de Enriquito, puesto de relieve en las imágenes plenas de corazón y vida, de enseñanzas y alma, las cuales sacan a la luz ese universo real y maravilloso que, por cotidiano, hasta puede resultarnos desconocido.
Es canto a la cultura y a la savia que nos unge. Amor y cubanía, fe y hermandad entre los humanos, que mediante imágenes sabiamente hilvanadas nos regalan Chile y su tropa.
El agradecimiento válido hacia la dirección de cultura de Guanabacoa y la ONG española Asociación Cultura y Cooperación Internacional, por su incansable concurso. El fin, elocuente: ser mejores hijos de esta Isla.
En el mensaje recibido esta madrugada desde Nueva York, Chile, desde lo hondo de su corazón, decidió acompañarnos en esta tarde inolvidable. ¡Que sambia mpungo lo cutare arriba ntoto en la nueva batalla que libra!, le decimos en la lengua de Enriquito. Su pueblo de Guanabacoa, nuestro padre Enriquito y sus amigos y admiradores, también de corazón estamos a su lado. Juntos, la Patria nos contempla orgullosa.
Muchas gracias.






