R.M.L.- Veníamos desde la semana pasada hablando de esa producción literaria antillana que por múltiples razones está vinculada al África ancestral. ¿Continuamos en Martinica?
J.C.- Aún sin pretender la exhaustividad, no es posible dejar de mencionar a Aimé Césaire.
Aimé Césaire, el poeta antillano de habla francesa más conocido, y el único que aparece en los manuales de literatura de las escuelas secundarias francesas, ha manifestado con mucha frecuencia en su obra poética sus orígenes, su filiación africana. Muy numerosas pueden ser las citas al respecto. En su obra, el poeta evoca tanto el África legendaria, la de una edad de oro anterior a la colonización, como el África sometida, la de la trata y la esclavitud. Los paisajes del continente negro y del archipiélago antillano se superponen.
Veamos algunos de los referentes africanos, en Césaire:
À force de regarder les arbres je suis devenu un arbre et mes longs pieds d'arbre ont creusé dans le sol de larges sacs à venin de hautes villes d'ossements
à force de penser au Congo
je suis devenu un Congo bruissant de forêts et de fleuves
où le fouet claque comme un grand étendard
l'étendard du prophète
où l'eau fait
likouala-likouala
où l'éclair de la colère lance sa hache verdâtre et force les sangliers de la putréfaction dans la belle orée violente des narines.
A fuerza de mirar los árboles me transformé en un árbol y mis largos pies de árbol han horadado en el suelo anchas bolsas de veneno, altas ciudades de osamentas
a fuerza de pensar en el Congo
me he transformado en un Congo zumbante de bosques y de ríos
donde el látigo chasquea como un gran estandarte
el estandarte del profeta
donde el agua hace
likouala-likouala
donde el chispazo de la cólera lanza su hacha verdosa y fuerza a los jabalíes de la putrefacción en la bella linde violenta de las cavidades nasales.
Aimé Césaire, Cahier d'un retour au pays natal (1939)
R.M.L.- ¿Es el poeta de la tradicionalidad?
J.C.- Creo que sí. Cierta crítica ha visto en el sistema de nominación de Césaire una herencia africana, vinculándolo con la creencia africana tradicional de un poder mágico del Nommo, es decir, del Verbo. (cf. Jahnheinz, Jahn, Muntu, L'homme africain et la culture négro-africaine, Seuil, Paris, 1961)
Sin embargo, el mismo Césaire en otra parte de su Cahier... toma sus distancias, en una comparación que marca las diferencias entre las Antillas y el pasado africano:
"Non, nous n'avons jamais été amazones du roi du Dahomey, ni princes de Ghana avec huit cents chameaux, ni docteurs à Tombouctou Askia le grand étant le roi, ni architectes de Djenné, ni Mahdis, ni guerriers. (...) Je veux avouer que nous fûmes de tous temps d'assez piètres laveurs de vaisselle, des cireurs de chaussures sans envergure... »
"No, nosotros no hemos sido jamás amazonas del rey de Dahomey, ni príncipes de Ghana con ochocientos camellos, ni doctores en Tombuctú en tiempos del rey Askia el Grande, ni arquitectos de Djenné, ni Mahdis, ni guerreros (...) Quiero confesar que desde siempre fuimos bastante malos fregadores de platos, limpiabotas de muy poca envergadura...".
(Cahier d'un retour au pays natal, p. 39)
Otros antillanos, después de Césaire, volverán de una forma u otra sobre el tema africano en su obra literaria. Escogeré sólo a dos escritoras, mujeres esta vez, en cuyas obras respectivas la presencia africana es muy notable.
R.M.L.- ¿Son pocas las mujeres destacadas en la literatura antillana que toman el tema de África en sus obras?
J.C.- Yo no diría que es un tema poco tratado por las escritoras, aunque quizás su producción es menos conocida que la de los escritores hombres. Te pondré un ejemplo significativo: Maryse Condé, escritora guadalupana que, casada con un guineano, pasaría numerosos años en África (Costa de Marfil, Guinea, Ghana, Senegal, entre 1960 y 1972.)
Sobre este período africano de su vida explicaba en cierta ocasión la escritora:
"Yo tenía que hacer esos viajes, yo tenía que apagar en mí ese deseo de otra parte (ailleurs), para darme cuenta, por fin, que sólo podía encontrar mi identidad en mi propia tierra."
Al referirse a esta autora en su obra Lettres Créoles, Chamoiseau y Confiant afirman:
« Puede decirse que con Maryse Condé, el espejo africano en el que se miraban muchos intelectuales antillanos se ha hecho trizas. Ha aparecido una relación más adulta, más despegada y más vinculada con la realidad."
R.M.L.- ¿Hay otras?
J.C.- Otra muestra destacada es la escritora guadalupana, Myriam Warner-Vieyra, quien ha inscrito la crisis identitaria de sus protagonistas en el triángulo Antillas-Europa-África. Me refiero en particular a su novela Juletane (1982), cuya protagonista es una antillana casada con un estudiante africano que ha conocido en París, y con el cual viaja a África, al término de los estudios de su compañero. La narración consiste en el diario íntimo ficticio de esta mujer, que, en su esfuerzo de integración al África de ayer y de hoy, refleja un destino de exilio, locura y soledad, que puede interpretarse como el fracaso de este intento de integración antillana al continente original.
R.M.L.- Audaz ese planteamiento.
J.C.- Esta novela, cuya heroína no logra encontrar una salida a su conflicto, es una de las más radicales entre las que abordan la incomprensión persistente entre las Antillas y África. Pero profundizando aún más, lo que revelan las experiencias africanas de estos personajes antillanos es la imposibilidad de enraizarse en otra parte que no sean las islas en las que los avatares de la historia hicieron nacer a estos -y a estas- descendientes de esclavos.
Continuará.