"Iraq sigue siendo un lugar extremadamente difícil para trabajar y es menos seguro, según mi criterio, que hace 12 meses", asegura el inspector general especial encargado de la reconstrucción de Iraq (Sigir), Stuart Bowen.
Las conclusiones de Bowen contradicen el optimismo de los militares estadounidenses, que se felicitan por la capacidad de encauzar la violencia mostrada por las fuerzas de seguridad iraquíes.
El pasado mes de junio fue el más sangriento para los militares estadounidenses desde abril de 2009.
La amenaza de grupos insurgentes ha bajado, pero "las milicias extranjeras se han convertido en un asunto inquietante", añade el informe, en referencia a las bandas chiitas apoyadas por Irán.
Además, en estos últimos cuatro meses "ha habido un crecimiento del número de cohetes lanzados contra la zona internacional y el recinto de la embajada estadounidense", constata el inspector.
El traspaso de la responsabilidad de la formación de 302.000 policías iraquíes del Ejército estadounidense al departamento de Estado norteamericano es también un asunto que preocupa al inspector. Para la embajada, esta tarea "será un reto con menos de 200 consejeros en tres emplazamientos".
El jefe de la diplomacia iraquí, Hoshyar Zebari, consideró que la idea de mantener un contingente militar estadounidense para continuar el entrenamientos de las fuerzas de Iraq era cada vez más valorada, pero todavía no se ha alcanzado ningún acuerdo, circunstancia que Bowen califica de "verano incierto".
(Con información de AFP)