Eslinda Núñez: El misterio de una actriz regida por la sencillez

Eslinda Núñez en el clásico del cine cubano "Lucía"

Tomado de La Jiribilla

Ya Eslinda Núñez tiene su merecido Premio Nacional de Cine. Opino que lo había ganado antes, pero como diría mi padre nunca es tarde... Sin embargo, lo curioso cuando se habla de ella es que si todo el mundo la reconoce como uno de los rostros del cine cubano, con un poder de incorporar los más variados personajes, nunca falta la alusión a su sencillez, valentía, humanidad y otras tantas virtudes que la hacen un ser humano bueno, galardón que hoy por los momentos que vivimos, llenos de "sálvese el que pueda", tiene un mayor valor.
Hice una encuesta entre personas vinculadas a la cultura y casi ninguno respondió con un párrafo, se fueron más allá porque atrapados por el misterio de esta mujer no podían ni querían centrarse en la actriz:

Marilyn Bobes (Narradora y poeta)

A pesar de las recias interpretaciones de Raquel Revuelta y Adela Legrá en la inolvidable película Lucía, fue la actuación de Eslinda Núñez la que sedujo definitivamente a la adolescente que yo era cuando aquella mujer frágil e insegura a la que representaba en el celuloide, se convirtió en mi personaje inolvidable. Si me dieran a escoger el momento mejor del cine cubano, de seguro escogería ese segundo cuento del filme antológico de Humberto Solás. Y esa elección se debe en gran parte a ella.

Aunque no soy su amiga íntima, en los últimos años he tenido el privilegio de conocer a la persona real y siempre la recuerdo inquieta y modesta, al servicio de los otros, en incesante defensa de la cultura cubana, extrapolando aquella fuerza interior de la pantalla al ámbito cotidiano. Eslinda Núñez no solo es una huella que trascenderá, sino un ser humano repleto de singulares virtudes. Su apariencia delicada, sus modales exquisitos y esa rara belleza que la distinguen, encubren a una mujer de increíble tenacidad, firme dulzura y valentía a toda prueba. Me parece más que merecido este Premio Nacional de Cine a esa Eslinda, a esa Lucía, a quien el amor, en sus más diversas manifestaciones, ha convertido en lo que es: una luchadora, una guerrera, una estrella que no necesita un espacio en el Paseo de Hollywood porque brilla en un sitio mucho más importante: el corazón de todos los cubanos.

Rudy Mora (Realizador)

Laborando con ella por primera vez descubrí algo deslumbrante... continuaba sintiendo nervios como la primera vez a pesar de la trayectoria, el oficio y el probado talento, y a pesar de su aval artístico y los mimos de importantes directores, se dispuso a correr los mismos riesgos que yo trasmitiéndome paz y confianza. Nunca se lo agradecí, no sabía cómo hacerlo, y queriendo retribuir intenté que lo sintiera.
Por mal trabajo de producción, una tarde, quedamos abandonados en un lugar distante. Sentí mucha vergüenza y en su honor hice cuanto pude por remediar el incidente mientras ella tranquila solo hablaba de su personaje. Su diálogo solidario e intencionado fue bajando tensiones y juntos tomamos un ómnibus que propició por la cercanía física, que nos habláramos casi al oído. Sus palabras sencillas, el ruido, la inmovilidad y el calor no pudieron borrarme una idea: "LUCÍA aquí, por un instante"...
No tengo dudas que en el deseo y la naturalidad está su secreto y lo prueba su impronta siempre juvenil, Eslinda no deja de soñar perennemente invitándonos a su juego que no sé los demás, pero yo nunca me lo quisiera perder.

Frank Padrón (Escritor y crítico)

A Eslinda la admiro, como todos, del otro lado de la pantalla; esa actriz, sin embargo, no solo "es linda": es hermosa, carismática y derrocha un innegable talento, el que administra sin alharacas ni alardes, lo dosifica, como si a cada papel le tocara un pedacito, que ella multiplica y regala en cualesquiera de los medios donde se mueve: cine, radio, TV, teatro... Pero he compartido con Eslinda en algunos eventos provinciales (en Santa Clara, las Tunas, Camagüey, etc.) y he comprobado lo agradable y bella que es como ser humano, en tanto madre, esposa, amiga... y creo que ese es un premio que debiera instituirse también: ella lo alcanzaría sin mucha rivalidad, por mucho que, sin duda alguna, merece ampliamente el que ahora, para regocijo de sus cientos de admiradores y amigos, recibe como auténtico emblema de nuestro cine nacional.

Magda González (Realizadora)

No recuerdo en qué momento exacto conocí a Eslinda Núñez. Sucede que cuando uno conoce a una actriz como ella, tiene la sensación de haberla visto siempre y no se está nunca seguro del momento en que dejó de ser Lucía o Amada o Isabel Ilincheta y se convirtió en Eslinda.
Creo que fue mientras grababa Espectros, de Ibsen, bajo la dirección de Tomás Piard e hizo falta doblar unos textos de El vendedor de versos, de Consuelo Ramírez. Yo era la Directora de Doblaje de Consuelo y llegamos a la locación para grabar de urgencia los bocadillos y así poder terminar la posproducción.
Me parecía un sacrilegio lo que estábamos haciendo, pues respeto mucho el trabajo de los actores, que cambian de piel constantemente, dejando jirones de corazón y alma en cada uno de los papeles que hacen.
Le pregunté varias veces a Consuelo si Eslinda estaba de acuerdo con interrumpir la grabación y transformarse de una madre noruega enlutada, en una iraní que moría, y que si Tomás Piard había accedido a semejante práctica. Consuelo me miró extrañada y dijo que sí.
Cuando llegamos al set, en el Castillo de la Punta, se grababa. Eslinda, vestida de un negro absoluto y con ojos donde brillaba la tragedia, se movía y hablaba con esa fuerza que siempre la posee cuando actúa.
Tomás dijo "¡Corten!" y ella sonriendo, se dirigió a nosotros. Le expliqué lo que íbamos a hacer. Era difícil fuera del estudio, sincronizar sus textos. Ella me preguntó: "¿Quedará bien?" y yo, que hasta ese momento no había estado segura de nada, le dije en tono profesional que sí. Entonces ocurrió. Me miró fijamente y me dijo: "Confío en ti".
Por supuesto que quedó bien. No me hubiera perdonado a mí misma que así no fuera. Quedó bien por ella, porque Eslinda es una actriz que cuando hace algo, sabe por qué lo hace y por eso puede reproducirlo cuantas veces haga falta, cualidad sine qua non para el doblaje.
Hemos coincidido en otros trabajos de Tomás y ha sido todo un placer trabajar con ella. Pero ahora mismo, estoy segura de que vamos a trabajar juntas en una obra que tengo que hacer para poder dirigirla en algo más que un doblaje. De eso hemos hablado.
Pero quizá, mi mayor alegría con respecto a Eslinda es haber podido trabajar juntas en la Presidencia de la UNEAC. Tímida como es, escucha más que lo que habla, pero cuando pide la palabra, sabemos que vendrá una idea aguda, un criterio esclarecedor. Su presencia siempre es garantía de jerarquía, de nobleza, de integridad.
De ella he aprendido a tomarme un litro de agua cada amanecer, con la esperanza de tener su salud, y cada vez que me lavo la cara con jabón, no puedo evitar recordar que me dijo cuánto se arrepentía de haberlo hecho toda la vida. Ella que tiene la cara y la piel más bella del mundo.
Cuando supe que era el Premio Nacional de Cine de este año, me alegré como si fuera yo, y me di cuenta de cuánto la quiero. Muchas felicidades, Eslinda.

Rafael Grillo (Escritor y crítico)

El cine cubano tiene muchos rostros de mujer. Y cada uno aporta algo diferente. Si Daisy Granados es la pasión, Adela Legrá el instinto, Raquel Revuelta la voluntad, Isabel Santos el sentido de la independencia y Beatriz Valdés la sensualidad, entonces Eslinda Núñez es el misterio. Ahí está el secreto de su carisma y de su belleza. La fuerza de su histrionismo está en lo que no se revela. En el ser interior que habita tras sus ojos.

Consuelo Ramírez (Directora)

Carta para una amiga muy querida.
Amiga, me da hasta un poco de vergüenza escribir, y desde ya, pido disculpas a esa candidez tan tuya que siempre limita los elogios que te quisiéramos hacer, pero estoy tan feliz y tan llena de orgullo que me decido.
Tú no tienes idea la cantidad de veces que he escuchado decir a quienes te acaban de conocer "pero qué sencilla es", lo significativo es que lo mismo dicen quienes te conocen desde hace muuucho tiempo.
¿Y cómo puedes ser sencilla si tienes por dentro ese inagotable arsenal de razones y sentimientos? Si puedes ser la más altiva de las damas, o la mendiga del pueblo, si puedes ser desdeñosa o tierna, irónica o franca, intolerante o comprensiva... puedes serlo todo y sin embargo, eres sencilla, siempre directa, sin afeites ni artificios, ¡qué curioso!, tal vez por eso caben en ti todos los personajes.
Eres tan sencilla que nunca protestas, eso sí, sugieres con suave firmeza cómo hacer para que algo salga mejor. Tampoco impones un criterio cuando enfrentas un personaje, pero lo enriqueces como si de golpe lo tocaras con una varita mágica. Claro, la varita mágica no es más que esa entrega antologable con que lo asumes, ese hurgar en sus entrañas y probar una y otra vez las mil maneras para decir un texto... recuerdo aquel ensayo en que interpretaste una adolescente para ayudar a una actriz que comenzaba: fue como si de pronto te hubieras despojado absolutamente de todas tus vivencias y nos entregaste una mirada inmaculada, y por allá atrás el brillito de la ilusión de una muchachita que comienza a vivir, todavía estoy sintiendo no haber tenido una cámara que registrara aquel instante...
También te recuerdo trabajando con una pierna enyesada, y además en el medio del campo, y nosotros angustiados y tú, haciendo tu trabajo y tranquilizándonos, "no se preocupen que yo puedo", también te recuerdo en Honduras, dejando de ir a una invitación que te interesaba, "no puedo, es que tengo que estudiar", así dijiste con esa sencillez rotunda que nos impidió a todos insistirte.
Como muchos hablan de ti en estos días, ayer conocí a una persona que me comentó que su hijo, aún estudiante, deseaba dirigirte alguna vez, casi me lo dijo como una quimera, y más ahora que... Yo le aseguré que si te propone un personaje valioso puede contar contigo, que te encanta trabajar con los jóvenes porque "siempre tienen muchas inquietudes y propuestas interesantes", ¿hice bien?, y le dije además, que nada cambia para ti, que con la misma naturalidad que llevas un sombrero de otro siglo llevarás tu condición de Premio Nacional de Cine, porque más bien eres tú, leyenda y ser, quien nos vas premiando a todos cada día.
Así pienso, y te lo digo sin arrobo, con el sincero cariño de siempre.