Este es el premio de la casa, de mi pueblo, de mi familia y de mi público declaró a la prensa, en La Habana, con su acostumbrada sencillez, tras destacar el alto nivel artístico de los demás nominados.
Esto es también, apuntó, un fruto de los esfuerzos fundacionales de Alicia y Fernando Alonso por crear el Ballet Nacional de Cuba y una Escuela que tanto prestigia a la nación.
Manifestó sentirse muy feliz y se comprometió a seguir haciendo un arte que trascienda en el tiempo, incluso después de su muerte.
Las personas, subrayó, deben pensar en hacer cosas útiles y en particular comentó la posibilidad de dedicarse en algún momento a la docencia como forma de transmitir a otras generaciones sus vivencias y experiencias danzarías.
Acosta, uno de los más genuinos exponentes de la Escuela cubana de Ballet, expresó que cada artista debe luchar por hacer cada vez una obra de mayor calidad y de desprenderse de intereses personales.
Confesó que él es un intérprete por excelencia y que aunque ha incursionado en la coreografía no la considera como una posibilidad para dedicarse a ella, a no ser que resulte una propuesta muy novedosa y con aportes.
Retos, desafíos y cosas profundas son los motores impulsores de su vida, significó el multipremiado bailarín.
Informó que es posible que su libro Sin mirar atrás, sea inspiración para una película y que en las próximas temporadas interpretará Manon, Romeo y Julieta y El lago de los Cisnes.
El Premio Nacional de Danza es el máximo galardón que confiere el Consejo de las Artes Escénicas por la obra de toda la vida y en esta ocasión convierte a Carlos Acosta en el artista más joven que lo ha recibido.
(Con información de Idania Rodríguez Echevarría / AIN)