Ciudad de Las Tunas, también conocida como "Ciudad de las Esculturas".
Foto: Marcelino Vázquez Hernández/ Cubadebate
La ciudad de Las Tunas, capital de la provincia homónima, debe su nombre al cactus que prolifera en patios y jardines de esta localidad. Pero más allá de su origen botánico, esta urbe oriental es conocida con orgullo como el “Balcón del Oriente Cubano”, un apelativo que refleja su estratégica ubicación geográfica como puerta de entrada a la región oriental del país, nombrada también como “Capital de la Escultura Cubana”, reconocimiento al excepcional trabajo que esta manifestación artística ha alcanzado.
Cuna insigne del Mayor General Vicente García González, conocido como “El León de Santa Rita”, Las Tunas guarda con celo la memoria de esta figura clave en la lucha por la independencia de Cuba.
Los hijos de esta tierra han aportado con creces a la historia, el deporte y la cultura, no solo es una ciudad de cactus y esculturas, es un pueblo resilente y creativo que ha sabido forjar un bastión indiscutible de la identidad cubana.
Ciudad de Las Tunas.
Foto: Marcelino Vázquez Hernández/ Cubadebate
Ciudad de Las Tunas.
Foto: Marcelino Vázquez Hernández/ Cubadebate
Ciudad de Las Tunas.
Foto: Marcelino Vázquez Hernández/ Cubadebate
Réplica de la casa natal de José Martí, aledaña a la Plaza Martiana tunera.
Foto: Marcelino Vázquez Hernández/ Cubadebate
Ciudad de Las Tunas.
Foto: Marcelino Vázquez Hernández/ Cubadebate
Plaza Martiana, en el centro histórico de la ciudad de Las Tunas.
Foto: Marcelino Vázquez Hernández/ Cubadebate
Plaza Martiana, en el centro histórico de la ciudad de Las Tunas.
Foto: Marcelino Vázquez Hernández/ Cubadebate
Parque Vicente García González, patriota insigne de las luchas independentistas en este territorio.
Foto: Marcelino Vázquez Hernández/ Cubadebate
Ciudad de Las Tunas.
Foto: Marcelino Vázquez Hernández/ Cubadebate
Ciudad de Las Tunas.
Foto: Marcelino Vázquez Hernández/ Cubadebate
Ciudad de Las Tunas.
Foto: Marcelino Vázquez Hernández/ Cubadebate
Ciudad de Las Tunas.
Foto: Marcelino Vázquez Hernández/ Cubadebate