Entre el bullicio característico de Santiago de Cuba, una calle desafía la gravedad, se erige como uno de los símbolos más auténticos de la ciudad: la escalinata de Padre Pico. Foto: Marcelino Vázquez/Cubadebate.
Entre el bullicio característico de Santiago de Cuba, una calle desafía la gravedad, se erige como uno de los símbolos más auténticos de la ciudad: la escalinata de Padre Pico. Más que una simple vía, es un mirador natural y un libro abierto de historias grabadas en sus peldaños.
Emplazada en la antigua Loma de Corvacho, nombre heredado de un bodeguero de la zona, esta calle-escalinata ha sido protagonista de la vida santiaguera. Sus 52 escalones, agrupados en 13 bloques, no solo salvan un desnivel, sino que también conectan épocas cruciales de Cuba.
En la intersección con Santa Rita, un hecho histórico marcó para siempre su carácter: allí fue velado el cadáver de Carlos Manuel de Céspedes, Padre de la Patria, quien dio inicio a las guerras por la Independencia de Cuba, el 10 de Octubre de 1868.
Casi un siglo después, en 1956, los ecos de otro combate resonaron en sus gradas cuando el revolucionario Tony Aloma cayó combatiendo durante el Alzamiento del 30 de noviembre, acción que se produjo con el propósito principal de apoyar el desembarco del yate Granma.
Antes de llamarse definitivamente Padre Pico, esta cuesta ya era un eje vital con otros nombres: Loma de Boca Hueca, Cuesta de Amoedo, Loma de Piedra o calle de los Leganitos. Cada apelativo narraba una etapa de su vida. Hoy es un espacio de encuentro, niños que juegan a la pelota en sus descansos y vecinos que conversan en las puertas de sus hogares, haciendo de la escalera un salón comunitario.
Así, Padre Pico se convierte en algo más que un elemento urbano, es el alma escalonada de Santiago, un lugar donde la historia, la resistencia y la cotidianidad se funden en cada peldaño, ofreciendo una vista u una vibra que son sin duda, patrimonio del alma cubana.
Más que una simple vía, es un mirador natural y un libro abierto de historias grabadas en sus peldaños. Foto: Marcelino Vázquez/Cubadebate.
Emplazada en la antigua Loma de Corvacho, nombre heredado de un bodeguero de la zona, esta calle-escalinata ha sido protagonista de la vida santiaguera. Foto: Marcelino Vázquez/Cubadebate.
Sus 52 escalones, agrupados en 13 bloques, no solo salvan un desnivel, sino que también conectan épocas cruciales de Cuba. Foto: Marcelino Vázquez/Cubadebate.
Sus 52 escalones, agrupados en 13 bloques, no solo salvan un desnivel, sino que también conectan épocas cruciales de Cuba. Foto: Marcelino Vázquez/Cubadebate.
Sus 52 escalones, agrupados en 13 bloques, no solo salvan un desnivel, sino que también conectan épocas cruciales de Cuba. Foto: Marcelino Vázquez/Cubadebate.