La furia del mar. Foto: Abel Padrón Padilla/ Cubadebate.
El Malecón habanero se extiende por unos ocho kilómetros a lo largo de la costa norte de la ciudad, desde la Habana Vieja hasta el barrio de El Vedado. Su construcción comenzó en 1901 y, con el tiempo, se convirtió en una amplia avenida de seis carriles acompañada por un muro de hormigón armado que protege la ciudad del mar. Más allá de su función práctica, este espacio se transformó en un punto de encuentro para generaciones de cubanos y visitantes, quienes lo consideran el corazón de la capital.
A lo largo de su historia, el Malecón ha sido testigo de innumerables momentos: desde amores furtivos y pescadores pacientes hasta trovadores que llenan las noches de música. Por eso se le conoce como “el sofá más largo del mundo”, un lugar donde la gente se sienta a conversar, soñar o simplemente contemplar el espectáculo del mar al atardecer. Su atmósfera vibrante refleja la resistencia y el espíritu alegre de La Habana, convirtiéndolo en un escenario cultural y emocional que trasciende su función arquitectónica.
La paz que viene del mar. Foto: Abel Padrón Padilla/ Cubadebate
Bahía de La Habana. Foto: Abel Padrón Padilla/ Cubadebate.
Enamorados. Foto: Abel Padrón Padilla/ Cubadebate
Día invernal en La Habana. Foto: Abel Padrón Padilla/ Cubadebate.
Malecón de La Habana. Foto: Abel Padrón Padilla/ Cubadebate.
Mi lugar favorito. Foto: Abel Padrón Padilla/ Cubadebate