Ciudades Patrimoniales de Cuba: Baluarte cultural de la nación

 

Catedral de Bayamo. Foto Red de Cuidares Patrimoniales.

Bayamo es el espacio físico donde nace lo que hoy identificamos como cultura cubana. El 20 de octubre de 1868 marcó el punto culminante de un proceso de mezclas e influencias iniciado siglos atrás: la multitud cantó por primera vez La Bayamesa y ese instante quedó fijado como el nacimiento simbólico de la nación, fecha instituida como Día de la Cultura Cubana.

La rica historia de esta urbe —cuyo centro histórico está declarado Monumento Nacional— la identifica como ciudad patrimonial, igual que a otras catorce, en cuyos edificios y espacios públicos se contiene gran parte de la esencia de la identidad nacional.

El ambiente urbano ha sido históricamente el lugar donde el arte y la creación han prosperado con mayor fuerza. Sin menospreciar las manifestaciones rurales, nuestras urbes han inspirado a pintores, poetas y músicos, además de ser origen de tantos. Al mismo tiempo, la forma física, las tradiciones y las características de un núcleo urbano modelan el espíritu y la identidad de sus habitantes. No es lo mismo nacer entre las calles serpenteantes de Camagüey que en las rectas avenidas de Matanzas o Cárdenas.

En la otrora villa de Santa María del Príncipe, Silvestre de Balboa escribió la que se considera nuestra primera obra literaria, Espejo de Paciencia. Allí nacieron los insignes poetas Gertrudis Gómez de Avellaneda y Nicolás Guillén, mientras que la capital ostenta figuras destacadas de los versos como Heredia, Casal y Lezama Lima. Tal vez estos autores encontraron inspiración en los tejados, balaustres o vitrales, como Dulce María Loynaz bebió de la monumentalidad de La Habana y de sus más pequeños detalles.

 

La música, acaso la manifestación artística más universal de Cuba, tiene en Santiago de Cuba el origen del bolero y de la trova; en su catedral, Esteban Salas fue maestro de capilla y es reconocido como el primer compositor cubano de cuya obra existe testimonio. Cienfuegos aporta la Orquesta Aragón, considerada parte del acervo sonoro cubano, mientras su teatro Tomás Terry ha visto pasar a figuras de talla nacional e internacional.

Matanzas es punto clave en la historia de la rumba y la música afrocubana. Guanabacoa suma a este panorama las figuras de Bola de Nieve, Ernesto Lecuona y Rita Montaner. En La Habana, el quehacer sonoro se vive en cada esquina y en cada sala de concierto, y ostenta junto a Santiago de Cuba la condición de Ciudad Creativa de la Música.

Trinidad. Foto Ismael Brito.

La artesanía y las artes tradicionales tienen en Trinidad uno de sus bastiones; conserva, como pocas urbes cubanas, su imagen constructiva colonial. Es reconocida como Ciudad Creativa de la Artesanía y las Artes Populares por su tradición textil y artesanal.

 

Las fiestas y la religiosidad encuentran en Remedios su mayor expresión. Las parrandas, con sus luces y fuegos, sostienen la celebración más impactante del país.

Baracoa, la primitiva, guarda el paisaje y las tradiciones de la Cuba más antigua; su condición de primera villa fundada le marca un carácter de origen, de arraigo y de frontera con la naturaleza. Gibara, la Villa Blanca, es sede permanente del Festival Internacional de Cine Pobre, fundado por Humberto Solás, cita que cada año convoca a realizadores de todo el mundo.

Cienfuegos es la única urbe cubana de origen francés; su excepcional trazado ortogonal y su arquitectura neoclásica le valieron la inscripción como Patrimonio Mundial. Sancti Spíritus conserva su peculiar puente sobre el río Yayabo y un rico repertorio de arquitectura criolla. Imposible no mencionar su tradición textil en torno a la guayabera, considerada prenda nacional de Cuba; así como sus bailes campesinos y la décima guajira, con el punto espirituano como exponente destacado.

Sagua La Grande destaca por sus muchos estilos arquitectónicos y la elegancia de sus edificios públicos, y Viñales, con el paisaje cultural de sus mogotes y su agricultura tradicional, demuestra el diálogo entre el entorno natural y el legado histórico.

Cárdenas, “Ciudad Bandera”, donde ondeó por primera vez nuestra enseña nacional, evidencia en sus rectas calles enfrentadas al mar —que conduce a su puerto y traslada las brisas del golfo— la influencia del urbanismo ilustrado.

Nuestras ciudades patrimoniales son el tejido donde la cultura cubana nace, se produce, se transmite y se transforma. En ellas convergen la música, la artesanía, la religión, la gastronomía, la literatura y las fiestas que conforman el carácter del cubano.

Las Oficinas del Historiador y del Conservador tiene el desafío de salvaguardar estos valores identitarios y velan por mantener la cultura como eje del desarrollo integral de cada ciudad, con el ser humano como sujeto principal y beneficiario.

Santiago de Cuba. Foto Ismael Brito.