El Ejército de Lula se activa en las redes

El punto de partida fue adverso en Brasil. El 4 de octubre, Flávio Bolsonaro terminó la primera vuelta con 47,03% de los votos válidos y Lula con 45,16%, una diferencia de 1,87 puntos porcentuales, según el Tribunal Superior Electoral. La reacción no comenzó únicamente en la sede del PT. Entre el 5 y el 9 de octubre aparecieron iniciativas ciudadanas, estudiantiles, culturales y digitales que se organizaron antes de que la campaña terminara de redefinir su mando y su línea de comunicación.

Ese orden de los acontecimientos es importante. Medios describieron una movilización de base que se adelantó al aparato electoral: estudiantes, sindicatos, movimientos sociales, artistas, influenciadores y comunidades de fans ocuparon las redes y también las calles. El objetivo más repetido fue activar a quienes no votaron en la primera vuelta —alrededor de 33 millones de personas— y disputar a indecisos o electores de candidaturas eliminadas.

1. De la campaña al “hazlo tú mismo” digital

El primer cambio fue organizativo. Después del resultado, Lula cuestionó internamente la conducción de la primera vuelta y la campaña reforzó su estructura: Rafael Fonteles quedó al frente de la comunicación, Camilo Santana asumió la coordinación política, Rui Costa pasó a organizar la agenda y Jerônimo Rodrigues recibió tareas de articulación política. Paralelamente, fueron llamados a Brasília dirigentes y parlamentarios con alta capacidad digital, entre ellos Ana Elisa, Erika Hilton, Sâmia Bomfim, Jones Manoel, Guilherme Cortez, Renato Freitas y Luna Zarattini.

La lógica también cambió. La campaña, que en la primera vuelta había privilegiado contenidos más institucionales y explicativas, empezó a producir videos selfie, mensajes directos y contenidos con menor apariencia de producción. Agência Pública contabilizó alrededor de 20 publicaciones de este tipo hasta el 12 de octubre.

El objetivo comunicacional es claro: reducir la distancia entre candidato y usuario y acercarse al lenguaje del “creador-persona”, un formato donde la derecha brasileña venía mostrando mayor eficacia.

El propio entorno de Lula convirtió esa adaptación en símbolo de la nueva fase. Janones defendió mostrar “más calle y menos helicóptero”. Es decir, escenas cotidianas, café, conversaciones con electores y videos hechos con un teléfono, en lugar de una estética exclusivamente presidencial. La forma del mensaje pasó a ser casi tan importante como su contenido.

Dato clave de movilización: Entre el 4 y el 11 de octubre, las acciones acumuladas en los universos digitales de Lula y Flávio Bolsonaro quedaron prácticamente empatadas (266,5 millones frente a 268,2 millones), pero con claras diferencias de alcance por plataforma.

2. “Exército do Lula”: el WhatsApp como cuartel general distribuido

La iniciativa más espectacular de la primera semana fue el “Exército do Lula”, canal de WhatsApp administrado por el diputado André Janones. El canal existía desde abril y tenía alrededor de 50.000 seguidores antes del primer turno. Tras la votación cambió de función y se convirtió en un centro de distribución de videos, textos, consignas y “misiones” para que los participantes replicaran contenidos en otros espacios digitales.

Figura 1. Crecimiento público reportado del canal “Exército do Lula”.

El salto fue extraordinario: superó los dos millones el 7 de octubre, llegó a 2,5 millones en tres días, rondaba 3,2 millones el día 10 y 3,3 millones el 11. En una semana, el canal pasó de ser una herramienta secundaria de Janones a una infraestructura de movilización con una base muy superior a la del canal oficial del presidente.

El mecanismo reproduce prácticas conocidas del activismo digital, pero a una escala poco habitual dentro del campo lulista. Janones utiliza audios frecuentes, propone tareas concretas y convoca a influenciadores con grandes audiencias para ampliar la circulación de contenidos. Según relató Folha de S.Paulo, pidió a cada participante incorporar a otras tres personas y buscó que cuentas con más de 500.000 seguidores realizaran publicaciones colaborativas con él. La lógica es multiplicadora: cada nuevo integrante puede atraer a otros tres, que a su vez incorporan a más participantes. Así, el mensaje deja de depender de un único emisor y comienza a circular a través de sucesivos grupos de seguidores, cada uno con sus propias redes de contactos. El resultado buscado es una estructura de difusión en cascada, capaz de llevar contenidos comunes entre diferentes comunidades digitales y ampliar su alcance sin depender únicamente de los perfiles oficiales de la campaña.

La novedad política no radica solo en el tamaño. El canal transformó a los simpatizantes en nodos de distribución. No reciben únicamente propaganda, reciben instrucciones para circularla. Esa lógica fue suficientemente relevante para provocar una reacción inmediata de la campaña rival, que reforzó su propio canal, “Tropa do Flávio”, y comenzó a seguir y judicializar la movilización de Janones.

Un límite que debe quedar claro: una red coordinada no es automáticamente una red inauténtica. El “Exército do Lula” está compuesto por seguidores reales y su tamaño no demuestra por sí solo desinformación ni ilegalidad. La campaña de Flávio lo denunció ante el TSE; el canal fue suspendido y reactivado en pocas horas.

El 12 de octubre, un informe técnico del TSE no encontró en la revisión de contenidos del 2 al 11 de octubre las falsedades señaladas en la denuncia, aunque observó lenguaje polarizador y advirtió que parte del contenido había sido eliminado.

“La novedad de la segunda vuelta no es solo que la campaña de Lula publique más. Lo más significativo es que una parte de la movilización digital nació fuera del comando oficial y después empezó a ser absorbida, articulada o reconocida por la estructura electoral.”

3. Los "fandoms": la organización de la cultura pop entra en campaña

El segundo fenómeno novedoso es más difícil de reproducir desde una sede partidaria: comunidades de fans de artistas pop y K-pop pusieron su experiencia de organización digital al servicio de la movilización electoral.

“Fandoms com Lula” reunió páginas dedicadas a Anitta, Luísa Sonza, BTS, BLACKPINK, Taylor Swift, Beyoncé, Lady Gaga y otros artistas.

Es fundamental distinguir entre los fã-clubes y los artistas. Que una página de fans participe no significa que el artista haya declarado apoyo.

Figura 2. Dimensión pública de la movilización de fandoms hasta el 11 de octubre.

La portavoz del movimiento hablaba de más de 1.000 colaboraciones entre fandoms. El coordinador de “Fandoms pela Democracia” informó a medios que contabilizaba más de 250 fã-clubes. Lo relevante es la escala organizativa. El movimiento llegó a 21.000 seguidores en X y 22.000 en Instagram, creó formularios de incorporación, coordinó publicaciones simultáneas y difundió guías para conversar con electores.

Su ventaja es la experiencia previa. Grandes fandoms ya funcionan con diseñadores, traductores, moderadores, analistas de datos y organizadores de campañas de streaming o votaciones. En la segunda vuelta, esa división informal del trabajo fue trasladada a la política: creación de tarjetas, lemaas, etiquetas, materiales personalizados para cada comunidad y calendarios de publicación.

La acción dejó de ser puramente digital. El 11 de octubre, representantes de los principales fandoms se reunieron con Geraldo Alckmin; el movimiento participó en la movilización de la Avenida Paulista y la etiqueta “FandomsNoMasp” llegó al sexto lugar entre los asuntos más comentados en X. Una parte de la estrategia, explicó uno de sus coordinadores, no busca únicamente a los jóvenes: pretende que estos conversen con familiares mayores de 60 años que se abstuvieron en la primera vuelta.

El fenómeno tuvo además una segunda capa de expansión, la circulación internacional. Capricho documentó reacciones de fandoms de México, Estados Unidos e Italia y de cuentas internacionales de cultura pop.

También se viralizaron montajes creados con inteligencia artificial que colocaban a Lula en videoclips de artistas como Taylor Swift, Ariana Grande, Bad Bunny, Kendrick Lamar, Ca7riel y Paco Amoroso o Jennie. El repertorio electoral se mezcló así con los códigos globales del entretenimiento.

“En esta segunda vuelta, las campañas están aprendiendo a convertir comunidades digitales en estructuras de movilización política, trascendiendo las fronteras tradicionales de los partidos.”

4. De la espontaneidad a una arquitectura digital más formal

Mientras esas iniciativas crecían desde abajo, la campaña oficial comenzó a ensamblar su propia infraestructura.

El sitio “Pode Espalhar” concentra videos, cards y textos listos para compartir; el chatbot “LuIA” ayuda a localizar materiales; y “Porta-Vozes do Lula” permite a los simpatizantes distribuir enlaces, participar en rankings y desbloquear “misiones” de movilización.

El TSE mantuvo esas herramientas en funcionamiento el 7 de octubre, aunque exigió ajustes de identificación de propaganda y transparencia sobre el uso de inteligencia artificial.

Ese ecosistema muestra un cambio de filosofía. La propaganda deja de depender solo de una cuenta central y se diseña para que miles de personas la redistribuyan. Además, la campaña lanzó “Bora Lula! Bora Brasil!”, un portal para recibir ideas de simpatizantes, y afirmó haber invertido 13 millones de reales para impulsar el ecosistema digital. Es la combinación de tres capas: producción oficial, amplificación organizada y creación ciudadana.

También entraron con mayor fuerza artistas e influenciadores. Agência Pública contabilizó más de 200 nombres que habían publicado videos o manifestado apoyo desde el primer turno, con una suma bruta de más de 400 millones de seguidores. Esa suma no representa personas únicas —las audiencias se superponen—, pero sí muestra el tamaño potencial de la red cultural que empezó a involucrarse de forma más visible en la segunda vuelta. El colectivo 342 Artes, por ejemplo, difundió testimonios de actores y piezas propias sobre políticas sociales y riesgos atribuidos a un eventual gobierno rival.

Incluso aparecieron formatos poco convencionales, como el juego satírico “Super Flávio”. El patrón común es convertir argumentos políticos en objetos nativos de internet: memes, juegos, montajes, videos cortos, colaboraciones, retos y materiales pensados para ser reenviados, no solamente vistos.

5. Qué muestran las estadísticas del 4 al 11 de octubre

En el agregado de las tres plataformas medidas, ambos universos quedan prácticamente empatados en acciones: 266,5 millones alrededor de Lula y 268,2 millones alrededor de Flávio Bolsonaro. En visualizaciones de video, el universo de Flávio registra 679,8 millones y el de Lula 656,3 millones. La diferencia global es pequeña, pero la distribución por plataforma revela dos mapas distintos de fuerza.

Lula presenta una ventaja clara en Facebook: 46,7 millones de acciones frente a 37,5 millones en el universo de Flávio, una diferencia de 24,3%. También supera en acciones en TikTok, 31,8 millones frente a 28,0 millones (+13,7%). La situación se invierte en Instagram, donde el universo de Flávio alcanza 202,7 millones de acciones frente a 188,0 millones de Lula. En visualizaciones de TikTok hay prácticamente un empate: 281,9 millones frente a 282,9 millones.

Figura 3. Evolución diaria de las acciones registradas del 4 al 11 de octubre.

La evolución diaria ayuda a ubicar el momento de la movilización. El universo asociado a Flávio fue mayor en acciones del 4 al 6 de octubre; Lula pasó al frente el día 7, volvió a hacerlo el 9 y abrió su mayor diferencia el 11. Ese último día se registraron 31,8 millones de acciones en la muestra de Lula frente a 18,1 millones en la de Flávio.

La coincidencia temporal con la expansión del “Exército do Lula”, la movilización de fandoms y el acto de la Avenida Paulista es consistente con una aceleración de la actividad lulista, aunque los datos por sí solos no permiten atribuir causalidad.

Figura 4. Acciones acumuladas por actores seleccionados dentro de cada universo monitoreado.

El hallazgo más útil para comprender la arquitectura de campaña es quién concentra la interacción. En el universo de Lula, André Janones acumuló 12,66 millones de acciones en 34 publicaciones, por encima de la cuenta del PT (8,26 millones en 31 publicaciones) y de la propia cuenta de Lula (5,78 millones en 36). En el universo de Flávio, el candidato concentró 12,02 millones de acciones en 35 publicaciones, mientras el Partido Liberal reunió 3,07 millones en 69. El patrón cuantitativo refuerza una diferencia ya visible en la cobertura: el campo lulista está encontrando alto rendimiento en nodos de movilización externos a la cuenta presidencial; el de Flávio mantiene mayor centralidad en la figura del candidato.

La medición también permite poner números a las iniciativas más novedosas. Dentro del universo de Lula, las publicaciones que mencionan de forma explícita al “Exército do Lula” o a sus “soldados” suman al menos 316 contenidos diferentes y 11,48 millones de acciones; las referencias a fandoms, fã-clubes y comunidades de artistas reúnen al menos 114 piezas y 5,79 millones de acciones.

En el universo de Flávio, 23 publicaciones mencionan expresamente a la “Tropa do Flávio” y acumulan 1,12 millones de acciones. Son coincidencias textuales, no un censo exhaustivo, pero muestran que estas estructuras dejaron de ser anécdotas y pasaron a ocupar un espacio medible en la campaña digital.

Las cifras de interacciones no representan usuarios únicos ni permiten identificar automáticamente adhesiones políticas. Una misma persona puede interactuar varias veces con diferentes contenidos, mientras que algunas publicaciones pueden recibir respuestas críticas o contrarias al mensaje difundido. Por tanto, los datos sirven para comparar la actividad y la circulación de contenidos dentro de los universos analizados, pero no permiten medir directamente el respaldo electoral ni predecir el resultado de la segunda vuelta.

“Una campaña puede tener candidato, partido y comando; pero cada vez más necesita algo más difícil de controlar: comunidades dispuestas a apropiarse del mensaje, transformarlo y hacerlo circular como propio.”

6. La disputa por la visibilidad también se convirtió en noticia

La propia distribución algorítmica pasó a formar parte de la campaña. El PT denunció una caída del alcance de contenidos vinculados a Lula y llevó el asunto al TSE. Meta reconoció “problemas técnicos”, pero negó favorecer a Flávio Bolsonaro y sostuvo que las fallas no afectaron exclusivamente a Brasil ni a cuentas específicas. El TSE pidió explicaciones sobre distribución, recomendaciones, anuncios y posibles restricciones geográficas.

La campaña de Lula afirmó que la página de Flávio registraba 2,96 veces más engagement pese a tener 17,2% menos seguidores. El episodio, sin embargo, muestra que en esta elección ya no se disputa únicamente qué mensaje circula: también se disputa quién controla la visibilidad, cómo funcionan los algoritmos y qué decisiones de las plataformas afectan el alcance.

Lo que deja la batalla digital de la segunda vuelta

La movilización en apoyo a Lula ha mostrado que una campaña electoral puede adquirir una fuerza inesperada cuando miles de personas deciden organizarse por iniciativa propia. Mientras el equipo oficial trataba de corregir los errores de la primera vuelta, estudiantes, movimientos sociales, artistas, influenciadores y comunidades de fans comenzaron a producir contenidos, convocar movilizaciones y disputar espacios en las redes. La campaña no esperó a que el partido le indicara cómo actuar. Una parte importante de ese movimiento nació fuera de sus estructuras y terminó influyendo en la estrategia electoral.

El Exército do Lula, organizado por André Janones, es uno de los ejemplos más visibles de esta transformación. WhatsApp dejó de funcionar únicamente como un canal de distribución de mensajes para convertirse en una herramienta de organización. Sus seguidores reciben propuestas de acción, comparten contenidos y buscan incorporar a nuevas personas. La comunicación ya no depende exclusivamente de lo que publica el candidato. Se extiende a través de una red de simpatizantes que contribuyen a multiplicar su alcance.

La incorporación de los fandoms revela otra dimensión del fenómeno. Comunidades juveniles acostumbradas a organizar campañas para promover artistas, coordinar publicaciones y movilizar seguidores trasladaron esas capacidades a la política. No necesitaron aprender desde cero cómo construir una tendencia, producir contenidos o distribuir tareas. Ya disponían de esas experiencias y las pusieron al servicio de una causa electoral. Su participación también demuestra que la política puede llegar a espacios donde los partidos tradicionales apenas tienen presencia, utilizando lenguajes y referencias culturales compartidos por millones de jóvenes.

Los datos del monitoreo permiten apreciar el alcance de esta movilización, pero también sus límites. Entre el 4 y el 11 de octubre, los universos digitales asociados a Lula y Flávio Bolsonaro registraron volúmenes de interacciones muy próximos, con ventajas diferentes según la plataforma. Tampoco puede identificarse un vencedor absoluto en las redes. La disputa se desarrolla en condiciones cambiantes, donde la popularidad de un contenido, la distribución algorítmica y la capacidad de convocatoria no siempre avanzan en la misma dirección.

Para la izquierda, la experiencia brasileña deja una enseñanza que va más allá de estas elecciones. No basta con tener presencia en las redes, abrir cuentas institucionales o publicar mensajes de manera constante. Los partidos necesitan aprender a escuchar, dialogar y compartir protagonismo con las comunidades que ya existen en el espacio digital, especialmente con los jóvenes.

La movilización en torno a Lula demuestra el potencial de una comunicación que no se limita a transmitir orientaciones desde arriba, sino que reconoce la iniciativa de sus simpatizantes, incorpora sus lenguajes y permite que participen en la construcción y difusión de los mensajes. No se trata de sustituir la organización política por influenciadores o tendencias virales, sino de comprender que las nuevas generaciones también construyen sus vínculos políticos a través de la cultura, las redes y las comunidades a las que pertenecen.

Esta experiencia también obliga a revisar la relación entre comunicación digital y participación política. El desafío no consiste solamente en conseguir que un video llegue a millones de personas. Consiste en lograr que ese contenido genere conversaciones, fortalezca vínculos, estimule la participación y ayude a conectar las preocupaciones cotidianas de la población con las propuestas políticas. Las redes pueden ampliar la capacidad de convocatoria, pero su verdadero alcance depende de lo que ocurra después de la publicación, cuando las conversaciones digitales llegan a las familias, los centros de estudio, los lugares de trabajo y las calles.

Nada de esto garantiza la victoria de Lula en la segunda vuelta del 25 de octubre. Los millones de seguidores, interacciones y visualizaciones no equivalen a votos, y el resultado dependerá de factores económicos, sociales y políticos que van mucho más allá de internet. La movilización digital puede contribuir a persuadir electores, combatir la abstención y reforzar la organización, pero no sustituye el trabajo político ni asegura una mayoría electoral.

Sin embargo, independientemente del resultado de las urnas, lo que está ocurriendo en Brasil puede dejar una huella duradera en la forma de hacer campañas. La experiencia muestra que los partidos que aspiren a conectar con los pueblos, y especialmente con las nuevas generaciones, tendrán que aprender a comunicarse de otra manera. No solo hablarles, sino escucharlos; no solo pedirles que compartan contenidos, sino reconocer su capacidad para crearlos; no solo convocarlos cuando llegan las elecciones, sino construir relaciones de participación que perduren después.

La gran lección de esta batalla digital quizá no esté en quién consigue más seguidores, sino en quién logra convertirlos en una comunidad que se reconoce, se organiza y participa.

Brasil está mostrando que la comunicación política del futuro no se construirá exclusivamente desde las sedes de los partidos. También se construirá desde los teléfonos móviles, las conversaciones cotidianas y los espacios culturales donde millones de personas, sobre todo jóvenes, encuentran hoy sus formas de expresión y pertenencia.

Nota metodológica

Fuentes y recopilación de datos: El presente análisis se basa en el monitoreo de redes sociales y fuentes periodísticas y oficiales correspondientes al periodo comprendido entre el 4 y el 11 de octubre de 2026. Las principales fuentes consultadas incluyen comunicados y decisiones del Tribunal Superior Electoral (TSE), reportes de medios especializados como UOL Notícias, Folha de S.Paulo, Agência Pública, Agência Brasil, CNN Brasil, Capricho, R7 y Correio Braziliense.

Métricas cuantitativas: Los datos sobre acciones (reacciones, comentarios, compartidos u otras interacciones), visualizaciones y publicaciones recogen registros agregados en Facebook, Instagram y TikTok. Las mediciones de universos asociados a cada candidato reflejan coincidencias textuales y menciones explícitas (como “Exército do Lula”, “Fandoms” o “Tropa do Flávio”), constituyendo indicadores de actividad digital y no encuestas de intención de voto ni conteo de usuarios únicos.