Sobre la cancha: El fútbol se ilumina con La Roja

La selección española.

Mientras algunas selecciones históricas buscan reencontrarse con su esencia, Brasil sin ir más lejos, otra domina por encima del resto. Por estos días en las calles españolas un murmullo se extiende a la par del ritmo con el cual se mueve el balón encima del verde junto a los Campeones del Mundo.

De la Fuente ha hecho de aquel partido ante Escocia, en el siempre difícil comienzo de cualquier proyecto, una anécdota casi olvidada. No pocos se aventuraban a contar los días de su estancia en el banquillo al frente de la absoluta. El palmarés incontestable en otras categorías pareció no ser suficiente.

La capacidad de adueñarse de la redonda no era el problema. Ser más agresivo en zona de ataque resultaba una virtud en construcción. Toda obra de grandes objetivos lleva tiempo y paciencia, algo no compatible dentro del rectángulo de juego. La Nations League era solo el inicio.

El título del certamen quedó bajo “sospecha” hasta la exhibición de 2024 cuando toda Europa descubrió a la España de los extremos. Muerte por asfixia fue el recurso más utilizado por un elenco atrevido y con mucha capacidad para entender el nuevo contexto de este deporte. Correr, correr y correr.

Claro, no es cuestión de una mera estampida como si no hubiese un mañana. Saber hacerlo con la respectiva administración de los espacios para no realizar esfuerzos fuera de lo establecido en este estilo tan divertido como riesgoso. Desde entonces, el cartel de favorito apareció por pura lógica.

Valoro los 41 partidos sin perder de La Roja. Y sí, existe el asterisco de la caída ante Portugal en la Liga de Naciones de 2025 por la vía de los penaltis. Ojo, a los libros ese partido pasa como empate. Debate cerrado. No obstante, el número se coloca en un segundo plano al ver el despliegue futbolístico sobre la cancha.

Francia y Argentina no comparecieron al duelo de vida o muerte en tierras estadounidenses. Don Luis y sus discípulos elevaron tanto la varilla balón al pie, pero al escuchar al propio entrenador decir que lo mejor está por llegar, la expectativa crece como la mentada varilla.

Inglaterra y Croacia han sido las nuevas víctimas. Surgen despistes en medio de una ejecución casi perfecta, aunque de momento no pasan factura. La idea es clara, tener la esférica para hacer daño y evitar sufrirlo en carne propia. Se gustan, juegan como si los ojos estuviesen vendados y al final, nada cambia.

Devoran a sus contrarios sin aparente desgaste. Si alguno de los habituales se ausenta, su remplazo luce como copia del ADN implantado por De la Fuente. La peor noticia para los rivales con anhelo de destronarles, las fechas de nacimientos. En la vida nada es eterno, pero de momento España se siente cómodo en la cima.