Eusebio Leal durante una alocución. Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana.
El 11 de septiembre de 1942 llegó a la vida un patriota leal, La Habana lo recibió y lo encantó hasta el último adiós.
Fue un chico inquieto, tan observador que guardó en su excepcional memoria todo lo útil y preciado para hacer de su verbo una joya y, a la vez, una maravilla para quienes lo escucharon.
La suerte y el empeño lo acompañaron para beber de la sabia de su erudito maestro Emilio Roig de Leuchsenring. También lo llevaron mucho más allá cuando Leal conoció al Fidel fidelísimo:
¨La primera vez que hablamos, hablamos sobre muchas cosas personales y también de La Habana Vieja, del Museo, de las cosas que se podían hacer. Ya este encuentro fue muy decisivo, porque aquí se pudo hablar de historia y de sueños. Años después, él me preguntó, cuando salimos de Cartagena, delante de varios testigos ¿qué podemos hacer por La Habana?, yo le dije: consolidemos el principio de autoridad.¨
Ambos abrazaron el sueño del rescate de La Habana como un espejo de toda la belleza y el valor cultural que guarda la Mayor de las Antillas. El propio historiador nos aclara:
¨Una de las cosas más importantes que siempre señaló en lo de La Habana Vieja, cuyo proyecto de restauración él delineó personalmente y estudió personalmente durante días y días. Y te podría decir más, durante semanas estuvo sobre su mesa la redacción del Decreto Ley 143 de octubre de 1994. La noche que se aprobó, en reunión del Consejo de Estado, presidida por él, Fidel daba el paso más avanzado, a mi juicio, que se ha dado en país alguno, para proteger el patrimonio cultural en esa dirección.¨
Eusebio Leal niño. Eusebio Leal y retrato de Emilio Roig. Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana.
Piedra a piedra, Leal fue impulsando la restauración y dio vida útil a las perlas arquitectónicas y a los espacios públicos que el tiempo y el descuido dejaron al abandono.
Leal no solo caminó La Habana, recorrió el país, y fue a otras tierras, allí donde quiera que hubiese atención e historia tejida con Cuba, en un rescate de todo lo cimero.
En un legítimo afán se unieron la fidelidad y la lealtad para defender el bien de la cultura en favor del desarrollo humano. Esa obra será inmortal.
Eusebio Leal obsequiando a Fidel el libro Para no Olvidar. Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana.