El cocotero o árbol del coco, cuyo nombre científico es Cocos nucifera, es una especie de palmera que pertenece a la familia de las arecáceas. Se plantea que su origen es muy incierto y se discute si proviene de las costas tropicales del indo-pacífico o de América, pero lo cierto es que en la actualidad se distribuye por las costas intertropicales de todo el mundo. Entre los principales productores de coco se citan países como Indonesia, Filipinas, India, Brasil y Sri Lanka. En Cuba se encuentra cultivado por toda la isla, pero es particularmente abundante en la zona de Baracoa, donde existen importantes tradiciones relativas a su procesamiento y consumo.
Desde el punto de vista de su utilidad, el cocotero resulta una planta que es aprovechada de múltiples maneras por el hombre. En primer lugar, es un árbol ornamental en los ambientes turísticos de playa. Además, de la copra o pulpa seca del fruto se extrae un aceite que es aprovechado en cosmética y en la industria alimentaria, con la madera y las hojas se construyen viviendas rurales por algunos pueblos, las fibras que rodean al fruto se emplean para fabricar artesanías y otros bienes como colchones. Por último, sus aplicaciones culinarias y medicinales son varias, y sobre estas últimas profundizaremos a continuación, aunque ya en esta columna apuntamos acerca del valor de su agua en casos de sepsis urinaria.
Sobre los usos tradicionales del coco en Cuba, Roig apunta en su obra Plantas medicinales, aromáticas o venenosas de Cuba que el agua se ha empleado como diurético y refrescante, la manteca como emoliente y las raíces también por su actividad diurética, la leche se emplea como vermífugo y el casco quemado como odontálgico. Otras indicaciones han sido descritas por varios autores y el propio Roig hace referencia a ellas, pero ahora vamos a profundizar en las recomendaciones para la planta según la tercera edición de la Farmacopea vegetal caribeña. Dicho texto recomienda el empleo indistinto del agua, el aceite y el fruto fresco en ocho afecciones comunes. Estas son el asma bronquial, los cálculos renales, la sepsis urinaria, la gripe, los dolores articulares, los forúnculos, las quemaduras y la diarrea. Las formas de empleo en cada caso son las siguientes:
- Asma bronquial: Beber una cucharadita de aceite de coco al día durante quince a veintiún días.
- Cálculos renales o infección urinaria: Beber una taza, equivalente a 250 mililitros, de agua del coco fresco entre cuatro y seis veces al día.
- Gripe o dolores articulares: Aplicar localmente el aceite de coco en cantidad suficiente para cubrir el área, realizando fricción del pecho en caso de gripe o masaje de articulación en caso de dolor articular. Repetir el procedimiento tres o cuatro veces al día.
- Forúnculos o quemaduras: Lavar la lesión con agua hervida y jabón, aplicar en cantidad suficiente el aceite de coco para cubrir la zona afectada dos veces al día. Cubrir luego con un apósito o paño limpio y cambiar cada doce horas.
- Diarrea: Preparar una decocción con poco más de seis cucharadas del fruto fresco rallado en un litro de agua. La mezcla se deja hervir por diez minutos en recipiente tapado y luego se enfría, se filtra y se beben cuatro tazas en el día. Además, Se recomienda el consumo de agua de coco para una mejor hidratación.
Sobre el particular valor del agua de coco para los trastornos del balance hidromineral del organismo, existen reportes de su administración endovenosa en condiciones excepcionales. Si bien no se recomienda de manera rutinaria, se sabe que fue utilizada durante la Segunda Guerra Mundial y hasta en caso de emergencias en tiempos recientes, ante la ausencia de soluciones hidroelectrolíticas convencionales. Este conocimiento, ante eventuales situaciones de emergencias o desastres, ha contribuido a salvar vidas.
Ahora bien, teniendo en cuenta los diagnósticos referidos para emplear las diferentes partes o componentes del coco, siempre hay que tener en cuenta que su aplicación no sustituye ni un adecuado diagnóstico médico ni un tratamiento convencional que pueda ser necesario, por ejemplo, en el asma bronquial o frente a quemaduras de la piel. En este último caso la aplicación del aceite se debe recomendar solo cuando son superficiales y no muy extensas, así como localizadas fuera de zonas de riesgo como la cara y los genitales. De forma general no se considera apropiado emplear estos remedios durante el embarazo, la lactancia, ni en niños menores de cinco años.
Para cualquiera de estos casos es mejor considerar que el coco ofrece opciones desde casa que complementan un tratamiento convencional o que se articulan con este, en beneficio del paciente, para contribuir a cuidar así la salud… ¡desde lo natural!