Alerta sísmica recibida en teléfonos no correspondió a un terremoto en Cuba: ¿Cómo funciona?

Numerosos usuarios en Cuba recibieron durante la tarde de este martes 18 de agosto una alerta de seguridad relacionada con un supuesto evento sísmico. La notificación generó preocupación entre la población y llevó a algunas personas a abandonar de manera preventiva determinados inmuebles.

Sin embargo, no ocurrió ningún terremoto en Cuba durante esas horas, según confirmó el Centro Nacional de Investigaciones Sismológicas (CENAIS).

En comunicación con el Dr. C. Enrique Arango, jefe de Investigaciones del CENAIS, el especialista explicó a Tele Turquino que la red de estaciones sismológicas del país no detectó ningún evento sísmico en horas de la tarde de este martes.

Por tanto, la alerta recibida en los teléfonos no correspondió a un sismo registrado por la red sismológica cubana.

Aunque el sistema de Alertas de Terremotos de Android está disponible en Cuba desde hace algún tiempo, no hemos encontrado antecedentes públicos de una activación masiva de este tipo sin que existiera un evento sísmico confirmado por la red nacional. El episodio de este martes constituye, por tanto, un caso inusual que deberá ser explicado por los responsables del sistema.

¿Por qué pudo llegar una alerta si no hubo un terremoto?

Una posible explicación está relacionada con el funcionamiento del sistema de alertas sísmicas de Google para teléfonos Android.

Este sistema utiliza los acelerómetros incorporados en los dispositivos móviles para detectar movimientos que puedan presentar características compatibles con un terremoto. Cuando recibe información de numerosos teléfonos que parecen experimentar simultáneamente un movimiento similar, puede estimar que está ocurriendo un evento sísmico y enviar una advertencia a los usuarios de una determinada zona.

El mecanismo está diseñado para proporcionar una alerta con rapidez, incluso antes de que las redes sismológicas tradicionales hayan procesado completamente un evento. Sin embargo, una detección automática no equivale por sí misma a la confirmación de un terremoto.

En determinadas circunstancias, movimientos que no tienen origen sísmico pueden ser interpretados por un sistema automatizado como señales compatibles con un temblor. También pueden producirse errores en la estimación de la ubicación o magnitud del supuesto evento.

En el caso ocurrido este martes en Cuba, no existe confirmación del CENAIS de que haya ocurrido un movimiento telúrico que explique las alertas recibidas. Tampoco debe confundirse la notificación de Google con un reporte oficial de la red sismológica nacional.

CENAIS llama a consultar fuentes oficiales

Ante la preocupación generada por las notificaciones, las autoridades del Centro Nacional de Investigaciones Sismológicas llamaron a la población a informarse a través de los canales de comunicación pertinentes y evitar la difusión de mensajes no confirmados.

El llamado resulta especialmente importante ante situaciones en las que una alerta automática puede propagarse rápidamente entre usuarios de teléfonos móviles y redes sociales, aun cuando posteriormente no sea confirmada por las instituciones encargadas del monitoreo sísmico.

El CENAIS mantiene de manera permanente la vigilancia de la actividad sísmica en el territorio nacional mediante su red de estaciones. Cualquier evento registrado y confirmado será comunicado oportunamente por las vías oficiales.

Por el momento, el mensaje para la población es claro: la alerta recibida este martes en numerosos teléfonos no significa que haya ocurrido un terremoto en Cuba. La red del CENAIS no detectó ningún evento sísmico durante la tarde del 18 de agosto.

Un sismógrafo en el bolsillo

La función que probablemente estuvo detrás de las notificaciones es el sistema Android Earthquake Alerts, desarrollado por Google.

Su funcionamiento resulta particularmente interesante. Los teléfonos Android modernos incorporan acelerómetros, sensores utilizados, entre otras funciones, para determinar la orientación del dispositivo y detectar movimientos. Google aprovecha esos sensores para identificar patrones de vibración que puedan ser compatibles con las primeras ondas producidas por un terremoto.

Cuando un teléfono que se encuentra en reposo detecta una vibración que podría corresponder a una onda sísmica, puede enviar automáticamente información a los servidores de Google. Si otros dispositivos situados en la misma zona detectan patrones semejantes, los algoritmos analizan esos datos para determinar si existe suficiente evidencia de un posible terremoto.

Cuando el sistema considera que se trata de un evento sísmico, puede enviar una alerta a otros usuarios que se encuentren en la zona potencialmente afectada.

En esencia, millones de teléfonos pueden funcionar como una gigantesca red distribuida de sensores sísmicos.

La ventaja fundamental está en la rapidez. Los terremotos generan diferentes tipos de ondas. Las ondas P son más rápidas y, por lo general, menos destructivas; las ondas S y otras ondas posteriores producen movimientos más fuertes. Si el sistema consigue identificar las primeras señales y calcular dónde se encuentra el evento, puede advertir a usuarios situados a cierta distancia antes de que reciban las ondas más intensas.

Ese mecanismo permitió, por ejemplo, que millones de usuarios de Android en Venezuela recibieran en junio de 2026 una alerta antes de sentir los fuertes terremotos que afectaron ese país. En ese caso, la notificación fue generada automáticamente por Google y no tuvo que esperar a un aviso oficial de las autoridades.

Pero precisamente la característica que hace rápido al sistema también explica una de sus principales limitaciones: la decisión inicial depende de algoritmos que deben interpretar señales provenientes de teléfonos móviles.

Google no utiliza un sistema infalible

La existencia de una alerta en un teléfono no debe interpretarse automáticamente como la confirmación de un terremoto.

El propio historial del sistema demuestra que puede equivocarse.

Una investigación publicada por EL PAÍS sobre la tecnología de Google señala que, entre las alertas analizadas por los investigadores, se habían producido tres falsas alertas. Según los datos recogidos en esa investigación, dos estuvieron relacionadas con tormentas y otra con el envío masivo de una notificación que hizo vibrar simultáneamente a numerosos teléfonos.

El problema resulta particularmente ilustrativo: si un sistema busca en miles o millones de teléfonos movimientos que puedan parecerse a las vibraciones producidas por un terremoto, un movimiento simultáneo que tenga otra causa puede convertirse en una señal engañosa.

Los investigadores estudiaron esos episodios y utilizaron la experiencia para perfeccionar el sistema y reducir la posibilidad de que situaciones semejantes volvieran a desencadenar una alarma.

Esto no significa que el sistema sea poco fiable. Todo lo contrario: los estudios y experiencias acumuladas muestran que puede detectar terremotos con gran rapidez y precisión en determinadas condiciones. Una investigación reciente sobre su funcionamiento durante el terremoto de Marmara Ereğlisi, en Turquía, reportó una alta capacidad de detección y una precisión elevada.

Lo que demuestra es algo más sencillo: ningún sistema automático de alerta está libre de falsos positivos.

¿Qué pudo ocurrir este martes en Cuba?

Hasta el momento, no existe una explicación técnica oficial de Google sobre la causa concreta de la alerta recibida este martes por usuarios cubanos.

Por ello, no sería correcto afirmar que Google cometió un determinado error específico sin contar con una explicación de la compañía.

Lo que sí puede establecerse es la secuencia de hechos:

  • Numerosos teléfonos Android recibieron una alerta sísmica durante la tarde.
    La notificación provocó preocupación y reacciones preventivas en distintos lugares.
  • El CENAIS comprobó su red de estaciones sismológicas.
  • El centro confirmó que no había detectado un evento sísmico que justificara la alerta.
  • Por tanto, la notificación recibida por los usuarios no procedía de una alerta sísmica emitida por el CENAIS.
  • La tecnología de Google que puede haber generado la notificación tiene antecedentes documentados de falsas alertas.

La explicación definitiva de lo ocurrido requeriría conocer los datos que recibió y procesó el sistema de Google en los minutos previos a la emisión de la alarma.

Una alerta no equivale a una confirmación

La experiencia de este martes deja también una cuestión importante para los usuarios: ¿qué hacer cuando aparece una alerta sísmica en el teléfono?

Ante una emergencia real, una alerta temprana puede proporcionar segundos valiosos para adoptar medidas de protección. Por eso no debe ignorarse automáticamente una notificación de este tipo.

Pero, una vez recibida, resulta igualmente importante comprobar la información mediante las autoridades competentes.

En Cuba, el CENAIS dispone de una red nacional de estaciones que monitorea permanentemente la actividad sísmica. Sus especialistas pueden determinar si se produjo un evento, dónde ocurrió y cuáles fueron sus características.

De ahí la importancia del llamado realizado este martes por el propio CENAIS: consultar los canales oficiales y evitar convertir una notificación automática en una información confirmada antes de que las autoridades sismológicas hayan verificado el hecho.

La tecnología avanza, pero no sustituye a la vigilancia científica

El caso cubano resulta especialmente interesante porque muestra las dos caras de los sistemas de alerta basados en teléfonos móviles.

Por una parte, convierten millones de dispositivos en potenciales sensores capaces de detectar rápidamente un terremoto y transmitir información a una plataforma centralizada. Esa posibilidad puede ampliar las capacidades de alerta, particularmente en lugares donde las redes tradicionales de monitoreo no son suficientes.

Por otra, la enorme cantidad de información que debe procesarse en cuestión de segundos implica que los algoritmos deben distinguir entre vibraciones sísmicas y otras señales que pueden parecerse a ellas.

Google ha ido perfeccionando el sistema desde su puesta en funcionamiento en 2021. De acuerdo con la información publicada por EL PAÍS, hasta marzo de 2024 había emitido alertas relacionadas con 1 279 presuntos terremotos de magnitud superior a 4,5, mientras la precisión de las estimaciones había mejorado progresivamente.

Por eso, el episodio ocurrido este martes no demuestra que la tecnología de Google sea inútil ni permite concluir que el sistema haya fallado por una causa determinada. Sí evidencia, en cambio, la necesidad de interpretar sus notificaciones dentro de un sistema más amplio de vigilancia y comunicación de riesgos.

En Cuba, la referencia para confirmar la ocurrencia de un terremoto continúa siendo la información proporcionada por las instituciones científicas y de protección civil competentes.

Mientras no exista una confirmación oficial, una alerta que aparezca en la pantalla de un teléfono debe entenderse como una advertencia automática y no como la confirmación definitiva de que se ha producido un terremoto.

En el caso de este 18 de agosto, el mensaje del CENAIS es claro: su red no detectó el evento que habría justificado la alerta y la población debe acudir a las fuentes oficiales para conocer cualquier información sobre actividad sísmica en el país.

Una alerta falsa y una respuesta real: la comunicación también cuenta

El episodio de este martes dejó otra experiencia relevante: además de la vigilancia científica, funcionó una red de comunicación capaz de responder con rapidez ante una situación que podía generar alarma entre la población.

La alerta apareció simultáneamente en numerosos teléfonos y, en cuestión de minutos, comenzó a circular entre los usuarios y en las redes sociales. Ante la incertidumbre, los medios de comunicación provinciales y nacionales asumieron un papel esencial.

Distintos medios interrumpieron o modificaron su programación habitual para informar sobre lo que estaba ocurriendo. La televisión también se incorporó a esa respuesta, ofreciendo información a la población mientras las instituciones científicas verificaban si había ocurrido realmente algún evento sísmico.

Esto es particularmente importante en una emergencia o ante una alerta que pueda ser interpretada como tal. La rapidez con que circula una información falsa o no confirmada puede ser tan determinante como la rapidez con que se detecta el fenómeno que supuestamente la originó.

En este caso, mientras la red de estaciones del Centro Nacional de Investigaciones Sismológicas comprobaba la actividad sísmica, los medios de comunicación contribuyeron a trasladar información a la ciudadanía y a evitar que la incertidumbre fuera ocupada por rumores, especulaciones o mensajes sin confirmar.

La respuesta tuvo, por tanto, dos componentes que se complementaron: la vigilancia científica y la comunicación pública.

El CENAIS hizo lo que corresponde ante una alerta de estas características: comprobar mediante su red si existía evidencia de un movimiento telúrico. Los medios, por su parte, hicieron llegar a la población la información disponible y las precisiones de las autoridades.

No se trató solamente de desmentir una alerta falsa. También fue una demostración de la importancia de contar con mecanismos de comunicación preparados para actuar de manera oportuna cuando se produce una situación capaz de generar preocupación colectiva.

En circunstancias como esta, informar rápidamente no significa adelantar conclusiones. Significa precisamente lo contrario: acompañar a la población mientras se verifica la información, explicar qué se sabe, qué no se sabe todavía y cuáles son las fuentes autorizadas para confirmar un hecho.

La experiencia de este martes muestra que la gestión de una posible emergencia no termina en la detección científica del fenómeno. Requiere también una comunicación responsable, coordinada y oportuna.

Y en este caso, frente a una alerta que finalmente no correspondió a ningún sismo detectado en Cuba, la vigilancia científica y la respuesta comunicacional permitieron que la población recibiera información mientras se esclarecía lo sucedido.