Historias que no caben en una medalla

La fondista cubana Anisleidys Ochoa cerró su participación en los Juegos Centroamericanos y del Caribe con dos medallas de oro, en los 3,000 metros con obstáculos y los 5000 metros planos. Además, estableció un nuevo récord centroamericano. Foto: Ricardo López Hevia.

Santo Domingo.- En citas multideportivas no faltan anécdotas, confesiones, sacrificios intensos, pero desconocidos, y también felices coincidencias. Pocas veces se cuentan periodísticamente esas historias con la misma premura que las medallas. Nuestra delegación a los XXV Juegos Centroamericanos y del Caribe no escapa de ellas, dignas de compartir justo cuando al evento le quedan horas para apagar el pebetero.

En esta oportunidad, la difícil situación económica y social que vive Cuba le imprimió un poco más de tensión a todo lo hecho por deportistas y equipos. Y lo más admirable es que ninguno expuso como justificación de un resultado esas carencias reales y conocidas de alimentación, transporte, topes o electricidad para terminar su preparación. Eso se llama ética y heroicidad.

El oro humano de Maylín

Oro para Cuba, Maylín del Toro dominó en los 63 kg del judo femenino. Mónica RF/ JIT.

La santiaguera Maylín del Toro (63 kg), capitana de la selección femenina de judo, se quedó sin oro por tercera ocasión en citas regionales. Es una de las divisiones de nivel mundial y olímpico en la región con la venezolana Anriquelis Barrios y la mexicana Prisca Awiti.

Sin embargo, la cubana ante la prensa reconoció su derrota sin decir toda la verdad. O al menos la ocultó con esa sencillez que tienen los campeones. Su madre Reina fue ingresada entre la vida y la muerte en enero. Solo ella y su papá se alternaban cuidarla por casi dos meses en el hospital Hermanos Amejeiras. Cuatro de sus compañeras de equipo donaron sangre para la operación de su mamá.

Luego vino un período de recuperación muy lento para Reina y en todo ese tiempo su única hija recibió la comprensión de los entrenadores. Llegó hasta pensar en dejar el judo. Fue su propia madre la que le pidió resistir y venir a Santo Domingo por ese título que le había sido esquivo en tres ediciones.

Con apenas cuatro meses de entrenamiento la doble campeona en Juegos Panamericanos tuvo su última oportunidad a nivel regional y aunque subió al podio en el tercer peldaño, el título de buena hija y de guerrera se lo otorgamos todos. Este bronce no es menor, es el único que cambia a oro por tu humildad.

Las hazañas de los hockeistas

Los dos equipos cubanos de hockey de césped conquistaron dos de los títulos más peleados, recordados y a la vez increíbles para nuestra comitiva. Más allá de los partidazos finales que tuvieron definición por penales (las damas ante México y los hombres frente a Trinidad y Tobago), lo que engrandece ambos cetros se expresó entre lágrimas de jugadores y entrenadores

Atrás quedaron los días en que se quedaron sin regadíos para la cancha de la escuela de hockey Antonio Maceo, de Santiago de las Vegas y tuvieron que entrenar en una superficie seca y dura. No podían olvidar que durmieron por semanas en las gradas, en el piso con colchones, pues los apagones no le permitían hacerlo en sus habitaciones. Y al día siguiente, a entrenar y entrenar.

Cómo no recordar el pacto que hicieron con el clima. Sí, cuando llovía (y mientras más fuerte mejor) se iban preparando para una vez que escampara aprovechar la humedad de la cancha y entrenar entonces mejor. Eran las 8 de la noche y muchas veces los dos equipos estaban ahí, aprovechando esa bendición del aguacero. Otras ni desayunaban y entraban al terreno después de la llovizna de la madrugada.

Recordaron que no contaron nunca con el calzado especializado hasta después del primer partido que sostuvieron en Santo Domingo. En el caso de la entrenadora de la selección femenina, Mileisis Argentel, se mudó 8 meses atrás para la escuela y allí vivió junto a su esposo e hija. Era el modo que encontró para acompañarlas todo el tiempo, para sufrir las mismas vicisitudes y decirle todos los días: “hay que seguir, hay que crecerse…”

De tal Cirilo, tal Diorgina

La canoísta Yarisleidis Cirilo Duboy no para de sonreír, antes de competir y luego de hacerlo. Usa gafas siempre y en su primera lid centrocaribeña (no participó en San Salvador 2023 porque no se completó la inscripción por países) se hizo acompañar de alguien familiar, que la conoce como pocas, su hermana materna Diorgina Castillo Duboy.

Diorgina tiene apenas 18 años y es canoísta un poco por el ejemplo de Yarisleidis desde pequeña, por mantener la tradición familiar y porque aspira a ser conocida, aplaudida y querida como su hermana. Talento le sobra, pero jamás habían montado juntas. Estaba en Guantánamo ya descansando, cuando la compañera del C-2, Yisnolis López abandonó la delegación cubana en el panamericano del deporte en julio, en Canadá.

La propia Cirilo propuso que fuera su hermana quien la sustituyera. Nunca habían remado juntas, pero los lazos familiares podían sacar el extra que se necesita ante una situación como esa. Antes de llegar a la Prensa El Rincón solo practicaron tres veces. “Pero fue suficiente”, aseguró Giorgina, la menor de los tres hermanos.

En la competencia le sacaron más de un bote a todas sus rivales y el abrazo de hermanas una vez que cruzaron la meta dejó sellado una dupla que pasó de sorpresiva e inexperta a monarca centrocaribeña. En lo adelante perfeccionarán muchas cosas en busca de preseas continentales y mundiales, pero ahora se impuso el refrán: De tal palo…..,

Regreso de Oñate, regalo a su madre

El oro del pesista Otto Oñate no comenzó el 5 de agosto con el título en el envión y récord centroamericano, sino hace dos años cuando veía con su mamá los Juegos Olímpicos de París 2024 y le dijo: “voy a regalarte ser campeón como ellos”. Por entonces la cuidaba de un cáncer detectado y que le había obligado a pedir la baja de la selección nacional por tres largos años.

En diciembre del 2025 y gracias al apoyo de la Federación Cubana de Pesas, el guantanamero se reincorporó y en apenas ocho meses alcanzó la clasificación a esta justa regional y volvió a figurar con las mayores opciones de medallas. Perdió el oro en el movimiento de arranque por una imprecisión final, pero todavía le quedaba su evento preferido: el envión.

Oñate iba dominando hasta que en los jueces le anularon los 154 kilos levantados por una falta que nadie vio nada más que ellos. Había que jugárselo todo en la tercera y última oportunidad con 158 kg. Cualquier detalle podía arruinar el oro. Y lo más importante, el regalo prometido a su mamá desde el 2024.

Oñate miró a todos y dejó la vista fija al frente. No miraba a ningún punto específico, era pura concentración en lo que debía hacer. Hizo la cuclilla, estiró los brazos, agarró fuerte y haló. Vencido el primer paso, tomó aire aunque las venas querían salirse del esfuerzo físico. Todos nos pusimos de pie y la miraba seguía fija. Luego vino el momento cumbre, la técnica perfecta para hacer la tijera con los pies y echar la cabeza hacia atrás con las manos bien altas y sin doblar los codos.

Segundos que fueron eternidad. Fuimos muchos los que ayudamos a levantar esos 158 kilos. Sonó el aviso de válido el intento y Oñate soltó la barra, saltó hacia detrás y gritó eufórico. El buen hijo que priorizó por encima de todo la salud de su madre había vencido. Era el campeón. Su madre seguramente sonreía como lo hizo aquel verano del 2024.

Ricardito, el eléctrico del ciclismo

La tarde del miércoles 29 de julio reservó una de las noticias más inesperadas de la actuación cubana en estos juegos. El protagonista de ellas fue casi desconocido: el ciclista Ricardo Delgado, quien logró una plata en el velódromo de Santo Domingo que no contaba en los pronósticos ni del más optimista de los especialistas.

Lo impactante de la faena de Ricardo en el omnium comenzó desde el hecho que hacía más de un año no competía en un velódromo, pues se ha dedicado a las competencias de ruta, especialmente con un club deportivo por España. La Federación Cubana de Ciclismo lo convocó y dijo que sí pensado en un podio en la ruta, jamás en la pista de 333,33 metros.

Solo su perseverancia y una arriesgada estrategia en la carrera por puntos le permitió alcanzar el segundo lugar. Nacido en Cabaiguán, la tierra de otra campeona, Yumari González, el joven de 24 años recibió un mazazo abriendo la prueba cuando le sacaron una vuelta de diferencia. Pero todo no estaba perdido. Quedaban todavía varios sprints por disputar y su entrenador le indicó “jugársela toda”.

Ricardito, como todos le dicen, se lanzó en solitario al ataque y no solo recuperó la vuelta sacada, sino que siguió con el impulso y le sacó al pelotón otra vuelta, a la postre decisiva para terminar en el segundo lugar. Esto en el ciclismo de pista es casi imposible, pero ocurrió. Lo hizo él. Y estuvo a punto de hasta tocar el oro. La felicidad se le dibujó en el rostro en el podio. Era su primera medalla importante en su joven carrera. El eléctrico de la delegación, dijo un colega con total razón.

Ahora sí, karatecas vestidos de oro y de medallas

Aunque es un deporte de mucha tradición y medallas para Cuba en la región y hasta nivel continental, la familia del kárate ha sufrido mucho para prepararse en los últimos tiempos, sobre todo en los dos últimos años. Contar con los recursos materiales mínimos para entrenar y estar en escenarios internacionales donde puedan ir viendo a nuestros equipos ha sido imposible.

En el 2025, los clasificados al campeonato mundial se quedaron vestidos y con las maletas listas. Detalles de última hora arruinaron su partida y varios pidieron la baja en medio de la desilusión que siempre provocan estos deslices. Pero el jefe de entrenadores, Landy Manuel Ruiz, no se dio por vencido, apeló a la motivación y a la vergüenza deportiva de quienes se quedaron y asumen todavía este arte marcial como la pasión de sus vidas.

Se prepararon en apenas seis meses para debutar internacionalmente en la modalidad de KATA y aportar no menos de cuatro preseas a Cuba sumando las pruebas de combate. Obtuvieron sus boletos en el clasificatorio de abril y arribaron a Santo Domingo convencidos de que podían cumplir. Y lo hicieron.

Ahora regresan vestidos de un oro (Lousbel Velázquez) y con las maletas llenas de tres platas (incluida la KATA masculina) y un bronce. La obra del colectivo de entrenadores no fue en vano. Quizás no sean tan mediáticos como otros deportes de combate, pero en el kárate se respira el optimismo y la unidad que debiera clonarse dentro del movimiento deportivo cubano.

Amores dorados desde el colchón

Yainelis Sanz Verdecia de Cuba (rojo) obtiene medalla de oro al vencer en la final a la colombiana Tatiana Hurtado en la lucha libre femenina, categoría 57 kilogramos, de los I Juegos Panamericanos Júnior Cali 2021, en combate realizado en el Coliseo de Hockey Miguel Calero, en Cali, Colombia, el 2 de diciembre de 2021. Foto Roberto Morejón Rodríguez. Periódico JIT, Inder.

El amor al deporte tiene muchas expresiones y no son pocas las parejas que se han conocido, creado familias y hasta compartido podios en certámenes nacionales e internacionales. La lucha cubana tuvo un ejemplo más en esta lid regional con los campeones Yonat Véliz y Yaynelis Sanz, quienes tienen una relación amorosa desde marzo del 2025.

La singularidad de ellos es que antes de concretar los sentimientos compitieron juntos en los Juegos Panamericanos Junior de Cali Valle 2021 y ambos triunfaron en sus respectivas divisiones. Una vez enamorados representaron a Cuba en la segunda cita panamericana junior de Asunción 2025 y allí ella revalidó su título de campeona, pero él tuvo que conformarse con la plata.

Esta era la primera edición de Juegos Centroamericanos y del Caribe para Yaynelis y su Yonat no asistiría porque el campeón olímpico y mundial Luis Orta era el clasificado en esa división. Una enfermedad de última hora del estelar gladiador le permitió la oportunidad de volver a compartir una justa deportiva juntos.

Ella fue la primera en coronarse como parte de las cuatro muchachas que lo hicieron. Él no quiso quedarse detrás y también se quedó con el oro. En las gradas cada quien apoyó al otro con consejos, alientos y el beso final tras cada combate. La pregunta que faltó hacerle al disfrutar tanto oro es qué harán con ellos en la casa. ¿Dentro de unos años veremos a un hijo de campeones centrocaribeños en igual escenario que sus padres? Quizás.