“Cuba no está y nunca estará sola”: Editorial del diario del Partido Comunista de Uruguay

El domingo se cumplieron 73 años del asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes con los que el pueblo cubano retomó la lucha inconclusa por su independencia encabezada por José Martí.

Se realizaron actividades y homenajes en Cuba y en buena parte del mundo. En Uruguay se hicieron pintadas, se colocaron pasacalles, en todos los departamentos del país y hubo varias actividades, la central fue en el Teatro El Galpón, en Montevideo, que fue desbordado por la presencia solidaria de cientos de personas.

Es que el impacto del asalto al Moncada en la historia de Cuba y de América Latina es de tal magnitud, simbólica y práctica, política y ética, que merece, como se lo hemos intentado dar, notas, editoriales, reflexiones y sobre todo, compromiso.

El 26 de Julio, que en Cuba con justicia es el Día de la Rebeldía Nacional, es una fecha de enorme contenido histórico, de gran vigencia en el presente de la isla, de nuestro continente y del mundo y, por sobre todo, de proyección hacia el futuro.

Es un día de homenaje y de expresar, con firmeza, solidaridad con Cuba, con su pueblo y con su revolución.

Las enseñanzas del Moncada

Del ejemplo de esa generación de jóvenes revolucionarios encabezados por Fidel, Raúl, Abel Santamaría, Juan Almeida y las inolvidables Haydee Santamaría y Melba Hernández, se pueden y se deben rescatar varias cosas. La decisión de lucha, sin la cual la tarea de la emancipación social queda reducida a una aspiración justa. La necesidad de la organización y la acción política, de la vanguardia. El valor de la unidad, única posibilidad y garantía del triunfo y de la construcción de una sociedad nueva. El pueblo como protagonista, como sujeto de las revoluciones y las transformaciones sociales. El valor del programa, asumido como propio por el pueblo, como ruta de las transformaciones, medida de los avances y de lo que falta.

Todo eso sigue enseñando el Moncada, 73 años después. En el juicio que siguió a la captura, tortura y asesinato de un importante número de los asaltantes al Moncada, Fidel pronunció su histórico alegato: “La historia me absolverá”. En él planteó un programa, que sintetizó una perspectiva por la que luchar. El programa del Moncada, compromiso asumido con el pueblo cubano, fue cumplido punto por punto por la Revolución. La reforma agraria, la reforma urbana, la alfabetización y la educación para todos, el acceso a la salud, la libertad y la soberanía, fueron construidas a pulso, enfrentado agresiones, invasiones, actos terroristas, un bloqueo genocida de más de 60 años. El avance inmenso que implicó la realización práctica del programa del Moncada alumbró una sociedad nueva. La Revolución cubana se ha caracterizado por un profundo humanismo y por tener a la solidaridad como ética y como práctica cotidiana.

La construcción de esa sociedad nueva, el desarrollo del socialismo en un país pobre, agredido y asediado no estuvo, ni está, exenta de errores, ni alumbró nada parecido a la perfección. Ningún proceso histórico de transformación social fue ni será perfecto, ni se ajustó ni se ajustará a las previsiones teóricas previas. Rodney Arismendi definió con razón a la revolución cubana como “un escándalo teórico”. Todas las revoluciones verdaderas lo son.

Quienes defendemos a Cuba, el derecho de su pueblo a la soberanía y la autodeterminación, lo que incluye la elección del sistema social y político que se quiera construir, no lo hacemos desde la exigencia de un modelo perfecto, sino desde la convicción de que Cuba y su pueblo se han ganado el derecho a elegir soberanamente su destino y a vivir y construir en paz.

El Moncada en el presente

Este aniversario del Moncada encuentra a Cuba en una situación muy difícil. El imperialismo yanqui siempre ha tenido a Cuba como enemiga y siempre ha buscado ponerla de rodillas y hacerle pagar caro la osadía de su rebeldía, de su ejercicio de soberanía.

Pero este no es un año cualquiera, EEUU, el régimen de Donald Trump, que representa una oligarquía que ejerce el poder en una potencia imperialista en declive relativo, lo que aumenta su agresividad, ha incrementado a niveles inéditos el asedio contra Cuba.

A los efectos del brutal bloqueo que lleva más de 60 años, nunca un pueblo ha sido sometido por tanto tiempo a una medida así, le han agregado el bloqueo petrolero y la provocación permanente. Cuba es una obsesión para el fascista de Marco Rubio y sus halcones.

Al bloqueo petrolero, total, que busca rendir por desesperación y hambre al pueblo cubano, hay que agregar el planteo explícito de poner de rodillas a la revolución. El régimen de Trump se lo ha planteado como objetivo, tanto en la Doctrina de Seguridad Nacional publicada a finales del año pasado, que reivindica a texto expreso la Doctrina Monroe que considera a nuestro continente como su propiedad; en la Estrategia de Defensa Nacional publicada poco después; en el impresentable Escudo de las Américas; y, más recientemente, en la cumbre que tuvo un nombre que es toda una declaración de principios “Reunión Ministerial sobre el Resurgimiento del Terrorismo Político”, realizada el 16 de julio en Washington, con el objetivo de unificar estrategias contra lo que denominaron “redes de extrema izquierda”. En esta última cumbre se acusó a Cuba de financiar y organizar “redes terroristas” en todo el continente e incluso en EEUU.

Por supuesto que no es solo contra Cuba, porque estas acusaciones mentirosas del imperialismo yanqui son contra todos los pueblos y contra todas las luchas de liberación y de resistencia de nuestro continente. Así como el Escudo de las Américas no busca combatir el narcotráfico, sino aumentar la presencia militar yanqui en nuestros países y el control sobre nuestros recursos naturales; esta cumbre última no busca ni la paz, ni la democracia, ni el combate el terrorismo, busca volver a colocar como enemigo a la lucha política y social y justificar la persecución, la proscripción, la cárcel y el asesinato de todas y todos quienes se rebelen contra la dominación imperialista y defiendan la libertad y la soberanía de nuestros pueblos. Y lo hacen, como siempre, enarbolando el trapo sucio y ensangrentado del anticomunismo.

EEUU ha sido y es el principal promotor del terrorismo en nuestro continente y de su versión más letal y brutal: el terrorismo de Estado. EEUU promovió la formación de escuadrones de la muerte, apoyó y entrenó grupos paramilitares de derecha en todos nuestros países, protagonizó y/o apoyó en 200 años más de 140 agresiones, intervenciones, invasiones y golpes de Estado. Promovió las dictaduras fascistas que asolaron nuestro continente con cientos de miles de muertos, desaparecidos, presos y torturados. Entrenó en la Escuela de las Américas a miles de cuadros militares y policiales en la Doctrina de la Seguridad Nacional y en tácticas de contrainsurgencia, es decir tortura, asesinato y represión.

Por eso es tan importante asumir que la defensa de Cuba y su soberanía, la solidaridad con Cuba y su pueblo, es por ellos, pero también es por nosotros, por nuestra propia soberanía y libertad. Siempre lo fue y hoy lo es más que nunca.

Por lo tanto, homenajear al Moncada hoy es también rechazar esta política actual del imperialismo yanqui de provocación, amenaza e injerencia sobre nuestro continente.

Es hora de firmeza y de solidaridad

La situación de hoy es grave y cada día tiene nuevos elementos, cuando escribimos este editorial, en el marco de la reunión de la Asamblea Nacional del Poder Popular (el parlamento cubano), el vice primer ministro y ministro del Comercio Exterior y la Inversión Extranjera cubano, Óscar Pérez-Oliva Fraga, denunció que en estos mismos momentos se intenta impedir el arribo a Cuba de más de 7.000 contenedores, que según informó están retenidos en distintos puertos del Caribe, con mercancías que fueron legalmente adquiridas y que no pueden llegar a la isla.

El ministro indicó que esos contenedores contienen alimentos, recursos para el programa de transformación de la matriz energética, insumos para el suministro de agua potable y medicamentos.

Oliva Fraga responsabilizó de esta grave situación a “quienes intentan impedir el arribo de esta mercancía”, a quienes “permanecen impasibles permitiendo que este genocidio se cometa” y a quienes se pliegan a los intereses de EEUU, por la posible pérdida de “vidas inocentes”.

Es de esta crudeza y de esta gravedad la situación.

Es necesario decir que, en este panorama, las informaciones periodísticas que indican que Uruguay, su Cancillería, estaría “en conversaciones” con EEUU para la llegada a nuestro país de inmigrantes latinoamericanos deportados, particularmente cubanos, genera preocupación. Uruguay es un país abierto a la migración, lo ha sido históricamente y los gobiernos del Frente Amplio han tomado medidas para que ello siga siendo así. Pero una cosa es que migrantes latinoamericanos, por diversas causas, decidan venir a Uruguay y vivir aquí y otra, muy distinta, es que nuestro país forme parte de la política anti migrante de EEUU y en particular del régimen de Trump. Es imprescindible que desde la Cancillería se informe detalladamente que conversaciones existen y cuál es el alcance de las mismas.

Dicho esto y volviendo a la centralidad del homenaje al Moncada, hoy, más que nunca esto implica solidaridad con Cuba, con su pueblo y con su revolución.

Por eso vale tanto cada pasacalle, cada pintada, cada bono solidario vendido, cada medicamento enviado, cada panel solar que se pueda mandar, la leche en polvo, los alimentos. Porque la solidaridad, la verdadera, la que define, no se declama, se practica.

En Cuba se juega la suerte de su pueblo, su soberanía y su dignidad, pero también se juega la nuestra.

Como hemos dicho muchas veces, la solidaridad es una calle de dos vías, conforta y sirve a quien la recibe y educa y fortalece a quien la da.

Cuba no está ni nunca estará sola.

El Teatro El Galpón, en Montevideo, desbordado por la presencia solidaria de cientos de personas. Foto: El Popular.