La Copa del Mundo 2026 llegó a su fin con una intensa final, en la que la selección española dominó a una Argentina que nunca logró llegar a la portería contraria de manera convincente.
No será una final recordada por ese porcentaje de aficionados neutrales con ganas de ver un duelo de alternativas. Ahora, cuando el título está en disputa, los trazos destinados para cada uno de los sucesos encima del rectángulo verde casi nunca se asemejan a lo pensado.
Quizás Luis De la Fuente lo ideó de esta forma en su cabeza. Dominio total, Con Leo Messi aislado, aunque sin alargar el sufrimiento hasta el minuto 106. Notable diferencia en las puestas en escena de uno y otro lado. Argentina solo encontró la manera de hacer daño mientras el telón ya cerraba.
Se hablará de los goles anulados, sobre todo el de Nico. Algo más de leña para el fuego de los favores a la albiceleste. No obstante, se impuso el fútbol, la lógica perdida en muchas ocasiones en la cancha. Cuatro años de reinado para una generación destinada a escribir historias épicas balón al pie.
Pareció ser la semifinal ante Francia la oda perfecta a los inventores de este deporte. Una manera inequívoca de mirar cara a cara a los campeones de 2010 en esas inevitables comparaciones futboleras. Pero no. Los discípulos de Don Luis fueron capaces de subir al siguiente nivel.
foto,Fue un partido reñido y, por momentos, tenso. Aquí la entrada de Enzo Fernández sobre Pau Cubarsí que le costó la segunda tarjeta amarilla y dejó a Argentina con 10 jugadores.
La intención quedó marcada nada más sonar el pitazo inicial. Lamine se internó y provocó el primer susto en los sudamericanos. Si bien el Dibu comenzó con su exhibición ya avanzado el reloj, el dominio de La Roja abrió las puertas de la impotencia argentina. Lo de Paredes, inaceptable.
Un contraste brutal entre los protagonistas. España temporizaba por momentos para luego acelerar en busca del merecido premio. La única respuesta de Argentina era aglutinarse para despejar una y otra vez los balones con tintes de peligro. Ritmos opuestos, pero la pizarra no cambiaba.
El poder de la contundencia era la clave. Todos los entrenadores se entregan a esa frase para definir el por qué de los acontecimientos sobre el césped. Volvió entonces el debate del nueve en pos de explicar la falta de pegada de España. Y sí, jugar 30 minutos más no guardaba coherencia con lo visto en el campo.
El estadio de Nueva York/Nueva Jersey estalló en una explosión de color durante el espectáculo del entretiempo, con fuegos artificiales alrededor del recinto.
Resistieron los reyes de 2022 ante quienes insistían en arrebatarle la corona. No había opciones en las ideas de Scaloni, los penaltis eran la única salvación. La desventaja numérica, el arrastre de otras prórrogas y el 10 fuera de juego. Un cúmulo de señales para iluminar al héroe menos esperado.
Ferrán Torres se unió a Iniesta. El aún futbolista del Barcelona respondió a los críticos y desató la locura ibérica en Nueva York. Ya no será jamás el delantero fallón, ese de las ocasiones perdidas. Su nombre aparece entre los eternos de una selección con el calendario a favor para ampliar las páginas con nuevas aventuras. Ah, con Rodri cambió todo.