Los jugadores de España celebran el pase a la final. (Foto: EP)
Así de sencillo sentenció Scaloni varias de las preguntas sentado frente a los ávidos periodistas en busca de grandes titulares. Si dicha respuesta fuese a lo sucedido entre Francia y España, razón no le faltaría. De Argentina e Inglaterra hablaremos más adelante porque el repaso de La Roja fue épico.
Deschamps reconoce no haber estado a la altura, pero no quiso dejar a un lado el señalar a Iván Barton, árbitro principal del partido. Le coloca por debajo del nivel necesario para una semifinal. Ojo, quizás sea la impotencia de la amarga derrota. La verdad, España se mostró muy superior, listo.
No fue la tercera la vencida para los galos. Las derrotas de 2024 y 2025 ante los españoles han quedado para las estadísticas. En Dallas la demostración ibérica fue imperial. Se jugó al ritmo de Don Luis y con la dirección general de Rodri. El resto se implicó en una sinfonía para el recuerdo.
Corrieron los galos siempre tras el balón. Desesperados e impotentes lograron disparar a puerta a la hora de juego. Para entonces el guión final pareció estar escrito. Oyarzabal no perdonó desde los 12 pasos, una especialidad de la casa. Son siete penaltis con la selección y siete aciertos. Fidelidad total.
Mikel validó la torpeza de Digne sobre un avispado Lamine Yamal. Con la ventaja, Fabián, Baena, Olmo y Rodrigo se confabularon para secuestrarle la redonda a los franceses. Con Olise desconectado, Mbappé perdió notable influencia. Ganó dos duelos de once, un regate de seis y no remató entre los tres palos. Apagado.
De la Fuente da instrucciones durante la pausa de hidratación Brian Snyder / Reuters
Para rematar la fiesta, Dani le regaló a Pedro la oportunidad de ratificarse como el mejor lateral derecho de la Copa Mundial. Definió como el extremo más letal, aunque se aguardan noticias para ver si puede vestir de corto a plenitud el 19 de julio en Nueva York.
Con el primer invitado a la espera, pross y albicelestes aspiran a apuntarse a la fiesta. Será cuestión de ritmo. Argentina ha evidenciado una calma excesiva en muchos pasajes de los encuentros. Han acelerado solo por necesidad, pero ante Inglaterra puede no ser suficiente.
Messi lo ha girado casi todo a favor de los sudamericanos, aunque depender de él resulta un arma de doble filo. A Leo aún le sobra magia balón al pie, pero la bendición de tenerle encima del verde no debe obnubilar a una cuadrilla con talento en los botines para ofrecer una versión diferente.
Delante, los Tres Leones con la moral crecida. Como hace 40 años, los europeos se entregan a un nueve capaz de rematar las ilusiones argentinas. De Liniker a Kane, transición perfecta para hacer frente a otro 10 superdotado. Al ciudadano le acompaña Jude Bellinghaam, quizás el héroe tras el pitazo final.