Su vida íntima, prodiga en romances, acrecentó el mito de carne y hueso que fue este hombre. Su gran amor fue, y así lo confesó el compositor, la bellísima y controvertida actriz María Félix, con la que contrajo matrimonio en 1945 y a la que dedicó melodías como María bonita, Palmeras y Noche de ronda. Una relación que a la postre se diluyó en el fracaso por los devaneos amorosos que se le atribuyeron a la Doña. Pero mujeres hubo muchas en la vida de Agustín Lara, desde la China Zozaya, su primera esposa, hasta aquella que, enloquecida por los celos, le tajó con una navaja el lado izquierdo de la cara para dejarle una cicatriz que no podría disimular durante el resto de su vida. Como dijo el escritor Juan José Arreola, Lara fue un castigador y un castigado.
No puede el cronista precisar con exactitud la fecha y el lugar de nacimiento del Flaco de Oro, cono se le llamaba. Algunos de sus biógrafos aseguran que vino al mundo en Tlacotalpan, Veracruz, el 30 de octubre de 1900, en tanto que otros refieren que el nacimiento ocurrió en la Ciudad de México, en 1897, y otros en 1901. De cualquier manera, su infancia transcurrió en Tlacotalpan, aunque pronto debió su familia trasladarse a la capital mexicana. Su tía Remedos lo ayudó a improvisar sus primeras notas, pero su vocación por la música surgió mientras escuchaba a su padre tocar el piano familiar. Al hombre, sin embargo, no le gustaba para nada tener un hijo pianista, y un dia, tomando como pretexto la demora del muchacho en una tertulia taurina, lo expulsó de la casa. Tenía Agustín 12 años de edad entonces. En un prostíbulo, donde lo contrataron como pianista, obtuvo sus primeros ingresos y empezó a enfrentarse a los rigores de la vida.
Tenía 15 años cuando el padre decide internarlo en una escuela militar. Soporta durante un curso el duro régimen disciplinario y al final suspende los exámenes. Queda fuera de dicho centro, pero solo consigue que el padre lo envíe a Durango para asumir un trabajo durísimo. Consigue la madre al fin que el padre lo traiga de vuelta y lo matricule de nuevo en la escuela militar. Sufre, por esa época, prisión por robo.
El Ejército no era su vocación. Lo suyo es la música y a ella se dedicará por entero a partir de 1927. Toca en bares, cafés, prostíbulos y salas de cine mudo. Dos años màs tarde hace amistad con cantantes de la talla de Juan Arvisu y Maruja Pérez, y trabaja como su pianista acompañante. En la emisora XEW está al frente del espacio La hora azul y su presencia en La hora intima de Agustín Lara, donde estrena cada día una o màs canciones, lo hace conocido en todo México. Dirige además la orquesta de la emisora mientras que cantantes como Toña la Negra y Ana María Fernández popularizan sus canciones.
Corre el año de 1932 y Lara protagoniza una carrera frenética hacia la fama. Hace en esa fecha su primera gira internacional, En Paris arrebata a los franceses y una de sus composiciones, Farolito, se convierte en la melodía de moda.
Romance
Es por ese tiempo en que hace su primer viaje a la capital cubana. Viene en compañía de Pedro Vargas y Ana María Fernández. Vuelve en mayo de 1939. Hace entonces una profesión de amor a Cuba. Declara:
“Regresaba de Francia, La Habana me abrió sus brazos… y no fui ingrato. Ahí está ese Sueño guajiro y esas Coplas que nacieron en la inmensa pradera del Yumurí…”
Está aquí nuevamente en 1952. En La Bodeguita del Medio conoce a Sindo Garay y en el cabaret Montmartre toca el piano y dirige una orquesta de violines. Actúa en los Aires Libres del Hotel Saratoga. Afirmaba el erudito Radamés Giro: “De su interés por la música cubana dan cuenta La cumbancha –homenaje a la percusión cubana que grabó el Trío Matamoros, Antonio Machín y el cuarteto Caney-, Noche criolla y el danzonete Pobre de mí”.
Es en la visita de 1939 cuando lo impacta una muchacha que se había revelado como Estrella Naciente en La corte suprema del arte, del Circuito CMQ y que, en ese tiempo, hacia un poco de todo en la propia emisora de Monte y Cárdenas, cantaba, recitaba, asumía de cuando en cuando la locución. Se llama Xiomara Fernández, tiene 21 años de edad y es tan bella como tímida. Gaspar Pumarejo, entonces jefe de programación de la planta y que sería el introductor de la TV en la Isla, los presenta.
No han cambiado más que unas palabras cuando Lara expresa su deseo de escribir una canción para que ella la estrene. Xiomara no sabe qué responder, queda sin palabras. Se siente pequeñita ante un compositor de la talla del que tiene delante, pero al fin, con muchas dudas, accede. Lara escribe para ella Cuando me miras tú, que Xiomara estrena en el Teatro Nacional (hoy, Alicia Alonso) acompañada al piano por el propio compositor. La cantaría luego en teatros de Matanzas y Pinar del Río.
“Toda la gloria fue mia / cuando me miraste tú / toda la gloria fue mía / cuando me miraste tú / se quedó sin luz el día / todo se quedó sin luz / y empezó la vida mia / cuando me miraste tú…”
Xiomara Fernández recordaría muchos años después que siempre se sintió fascinada por Agustín; era muy fino y delicado, decía. Le enviaba todos los días un ramo de flores a la CMQ. Ella temió que tanta gentileza llamara la atención y despertara suspicacia entre sus compañeros. Así se lo hizo saber. Él entonces comenzó a enviarle a diario una sola flor con una tarjeta en la que se leía: “Pensando en ti”.
Se encontraron varias veces en uno de los bares del Hotel Sevilla. Lara le habló de llevarla a México y preciso que podía ir en compañía de algún familiar. A Xiomara el viaje no le interesaba. Lara entonces se tiró a fondo y le propuso matrimonio. Ella dijo no.
Prosiguió Xiomara una carrera ascendente y no demoró en iniciar un noviazgo con José Antonio Alonso, el disputado animador de La corte suprema del arte, el hombre de las mil novias, como se le llamaba en la prensa de la época.
La boda fue todo un acontecimiento. Contrajeron matrimonio el 1 de diciembre de 1940, en un Teatro Nacional lleno hasta reventar por admiradores, curiosos y gente de la farándula. Para ver y aclamar a la pareja esperaban fuera del coliseo cientos de personas, entre ellas un piloto que hizo aterrizar su avioneta en el Paseo del Prado para soltar palomas y entregar un ramo de flores a la desposada.
De Cuba a Lara
La música de Agustín Lara se mantiene en el repertorio de cantantes cubanos de todas las épocas, dentro y fuera de la Isla.
El disco Solamente una vez de Cuba a Lara recoge las interpretaciones de grandes voces que lo cantan a la cubaba. Pablo Milanés interpreta Noche de ronda, y Omara Portuondo, Solamente una vez, mientras que la Orquesta Aragón acomete Lamento jorocho, y Francisco Céspedes vocaliza Regalo de viaje, por petición expresa de una de las ex esposas del compositor. Están asimismo en la placa Van Van, Miriam Ramos, Kelvis Ochoa, Carlos Varela, Santiago Feliú y David Torrens, entre otros.
“Lara ha sido parte de sus vidas, algunos crecieron con él, y todos lo han adoptado como si fuera cubano”, afirmó el productor mexicano de ese disco.
En su momento fueron muy celebradas las interpretaciones que, por separado, hicieron de Arráncame la vida, Orlando Contreras y Abelardo Barroso, que cantaba mejor a medida que envejecía. Memorables son las de Pecado, de Blanca Rosa Gi, y la que hizo Barbarito Diez de Palmeras. Mucho gustan El organillero, por la Aragón, Rival por la orquesta América y Amor de mis amores, por Elena Burke. Se mantiene viva en el recuero la interpretación que Roberto Sánchez y la orquesta Gloria Matancera hicieron de Santa, la melodía que Lara prefería entre todas las que compuso.
Dijo de sí mismo:
“Soy ridículamente cursi, y me encanta serlo. Porque la mia es una sinceridad que todos rehúyen… ridículamente”.
Agustín Lara, el Flaco de Oro, tiene su monumento en La Habana, en la Avenida del Puerto, a la orilla de la bahía. Una pieza en bronce, obra del escultor yucateco Humberto Peraza, evoca la presencia del compositor entre nosotros.
Resalta la imagen la extrema delgadez del artista que luce corbata y chaqueta. Su mano izquierda descansa en el brazo derecho mientras la diestra se alza a la altura de la cara para insinuar la presencia del cigarrillo que se llevará a la boca. Y es que el autor de Farolito y Noche de ronda, fumador incesante en vida, fuma ahora en la eternidad.