Sobre la cancha: La lógica encima del césped

Bouaddi pelea por un balón con Rabiot. Foto: LAPRESSE.

Cuatro años de espera para palpar si Marruecos pasaba de la sorpresa a la élite. Quizás las cuentas estaban erradas y la mira se debe colocar en 2030. Serán coanfitrionas junto a España y Portugal, tiempo entonces para la generación campeona del mundo sub 20 en pos de asumir el gran reto.

Los nombres de Yassir Zabiri y Othmane Maamma (Balón de Oro en Chile 2025), se deben a unir a muchas de las piezas vistas en la cita norteña. La captación y desarrollo del talento marroquí vive su mejor momento, pero existen niveles a los cuales aún les cuesta acceder.

Sin Saibari se mostraron inoperantes para intentar hacerle daño a unos franceses muy cómodos con el balón. Esta versión gala difiere de otros modelos del renovado Deschamps, aunque las riendas se mantienen en el descomunal talento de sus cuatro atacantes.

Las estadísticas son reveladoras, pero vista hace fe. Abrumó la subcampeona a los Leones del Atlas, agazapados por mérito rival y no por iniciativa táctica. Un recital de Bono como de costumbre desesperaba a los galos en el verde y en las gradas. Ni Mbappé desde los 12 pasos. Una señal errada al término del partido.

En el centro de la cancha no existió batalla. Bouaddi, sensación en la media hora brillante ante Brasil, recordó a todos su fecha de nacimiento. La presión hizo presa de un niño de 18 años con mucho margen de crecimiento, pero las luces parisinas ubicadas en Boston le opacaron balón al pie.

Sobre el campo la idea era unánime. Un fallo, una definición de crack y una estirada imposible de Yassine. Una mezcla reflejada en la notable superioridad francesa durante la hora de juego sin premio. Dicho y hecho. Kylian envió la esférica hasta el rincón exacto para devolverle el estatus de humano a Bono.

A partir de ahí, la sentencia iba a recaer en los botines de quien fuese el más listo para aprovechar los inevitables huecos. Dembélé se guardó la carta ganadora para apagar cualquier vestigio de ilusión en unos norafricanos lejos de esa versión de equipo competitivo.

Maignan, espectador de lujo del dominio de sus compañeros, calentó sus guantes pasado el minuto 80 en un peligroso disparo de tiro libre. Con un único remate entre los tres palos resulta una quimera pensar en mostrarle el camino a casa a esta Francia.

Encima de la mesa ya está servido el coq au vin. Resta por saber si le acompañará una paella o el waterzooi. España tiene el favoritismo antes de pisar el césped. Dentro del rectángulo, su funcionamiento también valida tal etiqueta. Ahora, pensar en Francia antes del pitazo inicial puede distorsionar los hechos.