El 23 de abril de 2026, el presidente Javier Milei recibió en Casa Rosada a Peter Thiel, cofundador de PayPal y una de las figuras centrales del capital tecnológico global, en un encuentro del que participaron el canciller Pablo Quirno, Matt Danzeisen —gestor de cartera de Thiel Capital— y Matías Van Thienen, socio de Founders Fund, sin que se difundiera información oficial sobre el contenido ni se habilitara el acceso a la prensa acreditada.
La secuencia que conduce a ese encuentro permite reconstruir una trama más amplia. Thiel había establecido vínculos previos con el gobierno argentino durante 2024, con una reunión en Casa Rosada junto a Alec Oxenford —actual embajador en Estados Unidos, actor del “Círculo Rojo Digital”— quien ofició de articulador entre el ecosistema tecnológico y el Ejecutivo, en el marco de la inserción internacional inicial de la administración Milei.
Esta visita consolidó ese proceso en un plano material y político más definido. Thiel mantuvo reuniones con el asesor presidencial Santiago Caputo, figura central en la arquitectura estratégica del gobierno, y avanzó en la adquisición de una propiedad en Barrio Parque por aproximadamente 12 millones de dólares, en una operación realizada en tiempo récord, lo que configura un dato significativo en términos de radicación.
En paralelo, el propio Milei reconstruyó el intercambio al señalar que Thiel formuló como eje de la conversación la pregunta por la sostenibilidad política del programa económico —“¿cómo se sostiene esto en el tiempo?”— y que manifestó conocimiento detallado de los resultados del gobierno, ubicando la interlocución en un plano que excede la inversión y se inscribe en la evaluación estratégica de un proceso político.
Los antecedentes permiten ordenar la densidad de la visita. En mayo de 2024, Oxenford afirmó que Thiel consideraba que las ideas del presidente argentino eran relevantes a nivel global. Esa escena, reconstruida por distintos medios, ubicó a Oxenford como nodo de enlace entre el gobierno argentino, Silicon Valley y la red local de empresarios tecnológicos, en una trama ya articulada con la caracterización de Endeavor como capítulo argentino de la PayPal Mafia y del “círculo rojo digital”, integrando a Galperín, Migoya, Oxenford, Elsztain y otros actores (NODAL, 13/01/2025).
Esta secuencia se inscribe en una reconfiguración más amplia del bloque de poder en la Argentina, donde el tradicional “círculo rojo” —asociado a la gran burguesía industrial, financiera y de servicios— incorpora y es tensionado por una fracción emergente vinculada al capital tecnológico, las plataformas digitales y las redes globales de inversión. Esa fracción puede ser caracterizada como “círculo rojo digital” -como lo ha caracterizado el propio Milei- en tanto organiza su capacidad de intervención no solo a partir de activos productivos sino del control de infraestructuras digitales, flujos de datos y escalas mundiales de acumulación, con una densidad organizativa que no se expresa en cámaras empresarias tradicionales sino en redes de articulación flexible.
En la Argentina, esa red encuentra un punto de condensación en Endeavor, fundada en su capítulo local a fines de los años noventa con financiamiento inicial de Eduardo Elsztain (IRSA), y que nuclea a figuras como Marcos Galperín (MercadoLibre), Martín Migoya (Globant), Pierpaolo Barbieri (Ualá) y el propio Oxenford, configurando un entramado que articula capital local con redes globales de financiamiento y circulación tecnológica. Elsztain fue además el principal aportante de la campaña presidencial de Milei, consolidando un vínculo directo entre esta fracción del empresariado y el proyecto político gobernante.
La centralidad de Endeavor no se limita a su rol como plataforma de promoción emprendedora -como se definen en su sitio oficial-, sino que opera como espacio de coordinación de intereses de una fracción específica del capital, con capacidad de interlocución directa con el Estado e incidencia en la orientación de políticas públicas, particularmente en materia de regulación, régimen impositivo y economía del conocimiento.
La caracterización de Elsztain resulta central. Dueño de IRSA, actor del negocio inmobiliario, financiero y de tierras urbanas estratégicas, aparece como puente entre el empresariado tradicional y la nueva fracción tecnológica. En 1999 donó 250 mil dólares para lanzar Endeavor en Buenos Aires, dando origen a una red que luego se expandió a más de 2.000 empresarios y 65 oficinas en el mundo. Esa genealogía permite leer a Endeavor como una estructura nacida del viejo poder económico, adaptada a la fase digital-financiera del capital, capaz de producir legitimidad, circulación internacional y cuadros empresariales alineados con una agenda de desregulación y apertura subordinada. En ese entramado, Endeavor se configura como el “alma mater” del denominado “círculo rojo digital”.
La figura de Oxenford completa esa arquitectura. Fundador de OLX y Letgo, con trayectoria en el universo de los unicornios y del capital de riesgo, fue designado embajador argentino en Estados Unidos e ingresó a Endeavor durante la Gala Anual del 13 de noviembre de 2024, el mismo día de su designación diplomática, dato que ubica en una misma secuencia la representación estatal y la inscripción en una red empresaria articulada con Silicon Valley.
En esa red también aparecen conexiones con actores del entorno político estadounidense, como Campbell, único socio fuera de Estados Unidos de Carlos Trujillo —abogado y asesor relevante de Donald Trump—, radicado en Florida, quien articula a su vez con la hija de Susy Wiles, jefa de Gabinete del presidente estadounidense entrante, configurando una trama de relaciones que conecta al empresariado digital argentino con el núcleo político del trumpismo.
Thiel forma parte de la denominada “PayPal Mafia”, una red de empresarios tecnológicos que, además de su gravitación económica, ha desarrollado una proyección política explícita, con vínculos con figuras como J.D. Vance -su ex empleado, actual vicepresidente de Estados Unidos- y con una concepción del poder estatal asociada al despliegue de capacidades tecnológicas en materia de defensa, seguridad e inteligencia. En ese marco, empresas como Palantir Technologies —cofundada por Thiel— operan como vectores de articulación entre capital privado y aparato estatal, particularmente en el procesamiento de datos masivos y el diseño de sistemas de vigilancia y control.
Palantir se presenta como una empresa de software para análisis de datos, pero su expansión histórica se produjo en relación directa con agencias estatales, fuerzas armadas, organismos de inteligencia y dispositivos de seguridad. El encuentro entre Milei y Thiel abrió interrogantes sobre los servicios que Palantir ofrece al Pentágono y a otros gobiernos, el rol del canciller Quirno y los minerales críticos como posible moneda de cambio. Durante la estadía de Thiel hubo canales abiertos con Presidencia y Cancillería y reuniones con funcionarios del gobierno argentino.
Hasta el momento, no hay información pública oficial sobre acuerdos, contratos o convenios entre el Estado argentino y Palantir; justamente por eso, el hermetismo de la visita, la presencia de actores vinculados a Thiel Capital y Founders Fund, y el involucramiento de áreas políticas sensibles del gobierno requieren ser leídos como indicios de una negociación cuya materia todavía no fue transparentada.
La dimensión internacional de Palantir obliga a ubicar la discusión argentina en el marco de la guerra contemporánea, considerando las sistematicas denuncias de la participación de la empresa en el sostenimiento del genocidio israelí sobre Gaza, aportando procesamiento de datos y tecnologías de decisión automatizada para la producción masiva de objetivos militares.
En ese marco, como señala Lucas Aguilera (2024), el objetivo estratégico de este entramado es la reconfiguración estructural del rol argentino en la economía global, orientándolo a funcionar como plataforma de provisión de insumos críticos para la guerra, la economía digital y la inteligencia artificial: “Vaca Muerta”, “Vaca Blanca” y la “vaca viva”. Siguiendo la definición de The Economist, “transformar a la Argentina en la Texas del sur”, lo que significa desarrollo tecnológico y energético sin inclusión social en un proyecto de país para 10 millones de habitantes.
La circulación de estos marcos conceptuales en el entorno del gobierno argentino se expresa en la difusión del manifiesto “The Technological Republic”, publicado por Palantir en plena visita de Thiel y replicado por Santiago Caputo, donde se plantea la centralidad del software como base del poder en el siglo XXI y la necesidad de una articulación orgánica entre sector tecnológico y Estado en el terreno de la seguridad y la defensa. La recepción de estos lineamientos en el núcleo estratégico del Ejecutivo argentino sugiere un punto de contacto entre el proyecto político local y las orientaciones de esta nueva Aristocracia Financiera y Tecnológica.
En este escenario, la figura de Thiel condensa una doble dimensión, la de inversor y la de actor político que interviene en la evaluación de procesos nacionales en función de su viabilidad estratégica. La articulación con el “círculo rojo digital” local permite situar su presencia en Buenos Aires en una dinámica que ubica a la Argentina como un espacio de experimentación para formas de articulación entre Estado y capital tecnológico. El desplazamiento no implica la desaparición del “círculo rojo analógico”, sino su reordenamiento en relación con esta nueva fracción, con disputas que se expresan en “internas” dentro de la fuerza en posición de gobierno.
La llegada de Thiel a Buenos Aires permite corroborar la hipótesis de que la subordinación argentina ya no se organiza solamente a través de deuda, comercio exterior, bases militares o condicionamientos diplomáticos clásicos, sino también mediante redes tecnológicas, plataformas privadas, capital de riesgo, control de datos y doctrinas de seguridad nacional diseñadas por corporaciones. En esa trama, el “círculo rojo digital” funciona como mediación local de una ofensiva más amplia, donde el capital tecnológico-financiero busca transformar al Estado en plataforma, a la sociedad en fuente de datos y a la soberanía en una variable disponible para la acumulación global.