Sobre la cancha: Secuencia de la pesadilla color azul

Donnarumma queda de rodillas tras no poder evitar la caída de Italia en los penales ante Bosnia. Getty Images

Buffon, Zambrotta, Materazzi, Cannavaro, Grosso, Gatusso, Pirlo, Camoranesi, Perrota, Totti y Luca Toni. Todos saben lo dicho por Gardel sobre las dos décadas. No es una simple lista de futbolistas italianos, fue el once inicial el 9 de julio de 2006 para la final de aquella Copa del Mundo.

En el estadio olímpico de Berlín hace 20 años, la nación famosa por la pizza ofreció a su legión romana la última alegría bajo la bandera de la FIFA. Si bien con el propio Marcello Lipi se presentaron en Sudáfrica, mientras con Cesare Prandelli lo hicieron en Brasil, el desastre apenas comenzaba.

El disfrute del tetracampeonato comenzó a resquebrajarse cuando Paraguay, Eslovaquia y Nueva Zelanda dejaron última a la azzurri durante las acciones de la llave F. un grupo ideal para un avance en teoría sin muchos sobresaltos, pero todo comenzó a torcerse desde el arranque.

Daniele de Rossi igualó un choque complicado frente a unos paraguayos respondones. Antolín Alcaraz puso en ventaja a los sudamericanos, líderes de dicho apartado y con el sabor de llevarse a casa la mejor actuación en la historia de ese país luego de ser eliminados por España en cuartos de final.

Contra Nueva Zelanda nada cambió para los europeos. Vincenzo Iaquinta salió al rescate para darle un punto al desesperado Lipi. Eslovaquia les remató. Con el doblete de Robert Vittek, unos debutantes en este tipo de certamen, invalidaron las dianas de Di Natale y Quagliarella para el definitivo 3-2.

Para el paso por tierras brasileñas, el inicio pareció brindar brotes verdes a los de camisetas azules. Claudio Marchisio y Mario Balotelli regalaron tres puntos contra una decepcionante Inglaterra, última en el cierre de la fase de grupos. Claro, todo resultó un espejismo.

Prandelli no encontró soluciones para una Italia a cero frente a Costa Rica y Uruguay. El talentoso Bryan Ruiz, así como el sólido defensor central Diego Godín apagaron las pocas luces de una selección sin rumbo. La final perdida de la Eurocopa 2012 quedaba para el anecdotario.

Desde entonces, todo a peor. En noviembre de 2017 la bestia del equipo dirigido por Gian Piero Ventura fue Suecia. Jakob Johansson enfrió el barrio de San Siro con su tanto. En la vuelta, el cero a cero rompió una racha de 60 años con presencias continuas en eventos planetarios.

Con Roberto Mancini la tragedia se alargó. Múltiples ocasiones ante el arco de Macedonia del Norte, aunque los intentos quedaron en nada. Alexandar Trajkovski hizo la gracia y la maldición transalpina se confirmó el 24 de marzo de 2022. Berratti, Immobile e Insigne sucumbieron contra Bardhi y Dimitrievski.

Para 2026, otro rival balcánico para eliminar el maleficio. En el infierno bosnio la roja a Bastoni trajo los peores recuerdos. Mientras Donnarumma aguantaba los embates bajo los tres palos, a menos de 15 para el final el gol de Moise Kean daba pasaje al gran torneo del verano.

Haris Tabakovic lo cambió todo ocho minutos después de entrar al campo. El delantero del Mönchengladbach (11 tantos en 26 partidos de Bundesliga), hizo estallar la euforia local. Tras los 120 minutos y el ejercicio de resistencia azzurri, desde el punto fatídico se resolvió el destino de ambos elencos.

A Pio Esposito y Bryan Cristante les atrapó la presión del Bilino Polje desde los 12 pasos. Por su parte, al mentado Tabakovic le acompañaron en el acierto en la tanda los jóvenes Benjamin Tahirovic, Kerim Alajbegovic y Esmir Bajraktarevic. Gran compañía para el eterno Edin Dzeko.

Un tercer mundial sin Italia ya no hace estremecer a un sector de los aficionados a este deporte. Las costumbres se hacen leyes, dice el refranero. Para 2030 un nuevo intento de una nación futbolera, pero con mejores resultados en épocas recientes sobre el diamante beisbolero. Ahí lo dejo.