Chapeando: Odio en Hialeah (+ Podcast)

Hay días en que, francamente, una se pregunta si existen otros pueblos en el mundo capaces de parir, al mismo tiempo, a las mejores y las peores personas de este mundo.

Lo que se vió y se oyó hace unos días en Hialeah, Miami, en una concentración de cubanos residentes allí para pedirle al gobierno de Estados Unidos que se lance con todo contra Cuba, es realmente indignante. Pero hay que oirlos para confirmar que existen personas capaces de todo, incluso de exigir que bombardeen el lugar en que nacieron.

La historia de Cuba está llena de episodios que confirman esa dicotomía bondad/maldad. Así como hubo patriotas (mambises o no), que renunciaron a todo lo que poseían por salvar a Cuba de la colonización, hubo voluntarios del ejército español (rayadillos vendepatrias). Así como hemos tenido un Martí, un Fidel y varias generaciones inmoladas por la libertad de Cuba, también sufrimos los crímenes de un Batista, un Posada, un Bosch y una larga lista de cubanos con precio.

Pero el show en Haileah pidiendo intervención en la Isla, da náuseas.

Algunos dicen que no eran tantos como trataron de mostrar algunos medios valiéndose hasta de IA, pero por pocos que fueran, resultan suficientes para sentir vergüenza ajena.

Y vale escuchar su odio aunque solo sea para comprender mejor por qué algunos de los oradores del acto figuran en una lista de terroristas que Cuba entregó a Estados Unidos y a la ONU.

Evidentemente, no hay que portar un arma para ser terrorista. Convocar a crímenes de odio es un acto terrorista. El innombrable lo dice: "no es tema económico. Es político" . Matar o mandar a matar por razones políticas es terrorismo.

También hay que situar todo ese show contra Cuba en contexto. ¿Por qué en Hialeah, un área con algunos de los peores indicadores económicos y sociales en el condado de Miami Dade?

Tampoco se puede desconectar esto de las más recientes provocaciones, actos terroristas y todo lo que buscan provocar los enemigos de la nación cubana cada vez que se habla de conversaciones de las quedan fuera ellos.

Con amenazas y exigencias a quienes alimentaron al monstruo, sus más agresivos representantes piden que maten a los izquierdistas.

Tienen mucho en común con los cubanos y chilenos que organizaron y ejecutaron, hace 50 años, el atentado a Orlando Letelier y Ronni Moffitt en Washington en 1976, el año más cuento del terrorismo contra Cuba.

No lo recordamos por casualidad. Es que encontramos una muy rara buena noticia relacionada con la actuación del abominable ICE.

Resulta que en una reciente redada, ICE detuvo a Armando Fernández Larios, genocida con un prontuario criminal que incluye la integración de escuadrones de la muerte en el Chile de Pinochet, además de su destacado papel como uno de los asesinos de Letelier y su ayudante.

"Mató a decenas de personas", dicen los investigadores de aquel abominable atentado en el que participaron también algunos de los peores cubanos de los que hablábamos antes: Orlando Bosch, Luis Posada, los hermanos Novo Sampoll, Dionisio Suárez y Virgilio Paz. Todos fueron protegidos por la CIA hasta su muerte (los que murieron de muerte natural en sus casas en Miami) y seguramente los que quedan vivos, difícilmente serán deportados. Lo dice en una parte del reporte John Dingues, periodista y escritor que ha documentado profusamente el asesinato de Letelier. Según el estudioso, difícilmente los deporten los ultraderechistas que están en el poder.

Por esos antecedentes y más, los terroristas de la palabra que se lucieron sobre tarima en Haileah, se dan el lujo de pedir que nos arracen, como sus antepasados pedían 3 días de licencia para matar, cuando Mas Canosa se alistaba para ser instalado como presidente de una "Cuba sin Castro". Murió con las ganas, que parecen retornar en las de su hijo Jorge, amarrado hoy al viejo discurso de los 90. Y Openheimer vuelve a decretar la hora final de la Revolución. La historia se repite. Unas veces como tragedia y otra como comedia. No sabemos cuál de las dos versiones resulta peor. Seguimos Chapeando.

Escuche el podcast