Ante una ofensa a la estatua de José Martí en el Parque Central: Trabajadores y estudiantes universitarios dieron una lección de dignidad nacional

Foto: Archivo

En horas de la noche del viernes 11 de marzo de 1949, hace hoy 77 años, ocurrió un desagradable suceso que conmocionó a la sociedad habanera, pero después trascendió al resto del país, cuando un grupo de marines estadounidenses pertenecientes a los barreminas Rodman, Hobson y Jeffers, al portaviones Palau y al remolcador Papago, que se encontraban anclados en el puerto de La Habana, protagonizaron una escandalosa escena a lo largo y ancho del Paseo de Martí, hoy conocido como Paseo del Prado.
El sargento Herbert Dave White y los marineros Richard Choingsby George y Jacob Wagner, en evidente estado de embriaguez, se subieron en la estatua de José Martí[ Inaugurada en 1905. Obra del escultor José Villalta Saavedra. El mismo artista que cinceló el arco a la entrada de la Necrópolis de Colón y el bello monumento en honor a Francisco de Albear.] en el Parque Central y la mancillaron. Uno de los infractores, el que logró escalar más alto, tuvo la osadía de orinarse sobre ella.
Inmediatamente varios transeúntes indignados atacaron a los marines lanzándoles pedradas y los obligaron a bajarse de aquel venerado lugar.
Acto seguido la policía reprimió violentamente a los manifestantes y hubo algunos detenidos, pero protegió a los irrespetuosos marines trasladándolos hacia la 1ra Estación de Policía, ubicada en la Avenida del Puerto y la calle Monserrate. Los transgresores solo permanecieron allí hasta que llegó el capitán Thomas Francis Cullens, agregado naval de Estados Unidos en su representación diplomática en La Habana.
La noticia, acompañada de una instantánea tomada por un desconocido fotógrafo ambulante, fue divulgada al otro día por el diario Alerta, lo que provocó una airada reacción de los estudiantes universitarios alrededor de la estatua del Apóstol.
Muy pronto los alumnos del Instituto de La Habana se sumaron al acto. Colocaron una ofrenda floral con un lazo negro y una cinta que rezaba: “Martí, tu estatua ha sido profanada. El pueblo y la FEU están de luto.” Acto seguido, marcharon enardecidos en dirección a la Embajada de Estados Unidos —ubicada entonces en la Plaza de Armas— seguidos por cientos de personas. 
Los estudiantes Fidel Castro Ruz, Alfredo Guevara Valdés, Baudilio Castellanos García, Aramís Taboada González, Alfredo Esquivel Rondón (El Chino) y Lionel Soto Prieto, entre otros, haciendo derroche de valentía y civismo se enfrentaron a un contingente policial fuertemente armado, encabezado por el tristemente célebre coronel Caramés Monteagudo. Los uniformados no tardaron en agredir a los manifestantes y una veintena de jóvenes resultaron heridos.[ Ultraje yanqui a Martí, por Pedro Antonio García, revista Bohemia, Año 101, No.5, 27 de febrero del 2009, págs. 68-70.]
El Gobierno de Estados Unidos se limitó a presentar excusas ante las autoridades cubanas por intermedio de su Embajador, quien acompañado del ministro de Estado Carlos Hevia, depositó una ofrenda floral al pie de la estatua en el Parque Central a manera de desagravio, pero fue destrozada por los manifestantes que no aceptaron aquella burda comedia montada por la oligarquía cubana para quedar bien con sus amos del norte.
Al día siguiente la flotilla de guerra estadounidense zarpó apresuradamente de la rada habanera y no se mencionó más aquel hecho.
El pueblo y el estudiantado cubanos habían proporcionado una verdadera lección de dignidad nacional y respeto al Apóstol de nuestra independencia. Como colofón, el prestigioso profesor Raúl Roa García, en nombre del Consejo Universitario redactó un documento titulado “Declaración”, donde protestó enérgicamente por una acción tan provocadora y vandálica, que en ninguna circunstancia podrá volver a repetirse.[ Raúl Roa: imaginarios, Selección de Ana Cairo, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2008, p.428.