Foto: Abel Padrón Padilla/ Cubadebate
La basura se ha vuelto parte del paisaje cotidiano en La Habana. En esquinas, solares y márgenes de avenidas se multiplican los microvertederos, mientras los contenedores escasean o permanecen rotos y desbordados. El problema no es nuevo, pero su persistencia y visibilidad han generado un creciente estado de opinión entre los habaneros, que conviven a diario con montículos de desechos, malos olores y riesgos sanitarios.
Tras esta realidad confluyen múltiples factores: limitaciones financieras, deterioro del equipamiento, déficit de fuerza laboral, indisciplinas tecnológicas y un sistema de recogida que durante años no ha logrado sostenerse con estabilidad. La ciudad genera hoy más residuos de los que puede recoger con los medios disponibles, y la respuesta institucional ha debido repensarse en un contexto económico complejo.
Con ese telón de fondo, a finales de 2025 e inicios de 2026 La Habana presentó para su aprobación una estrategia integral para la recogida de residuos sólidos, que contempla 49 medidas a corto, mediano y largo plazos. El programa busca reorganizar la recogida, recuperar y reponer equipamiento, asegurar financiamiento y transformar la gestión de los servicios comunales, uno de los sectores más tensionados de la capital.
La basura: Entre los mayores retos de la capital
Alexis González Inclán, coordinador provincial de programas y objetivos de los Servicios Comunales, explicó que la primera acción del programa parte de un nuevo estudio de generación de residuos sólidos, necesario para actualizar cifras que ya no responden a la realidad actual de la ciudad.
“En el último estudio, realizado hace siete u ocho años, La Habana estaba en el entorno de los 20 000 a 24 000 metros cúbicos de residuos sólidos generados diariamente. Hoy ha cambiado el entorno, la cantidad de actores económicos y los patrones de consumo”, señaló.
El nuevo análisis permitirá conocer cuánto genera cada municipio y, a partir de ahí, definir el equipamiento necesario. Actualmente, como promedio, se recogen entre 16 000 y 17 000 metros cúbicos diarios, una cifra inferior a la de otras etapas, cuando estadísticamente se alcanzaban entre 25 000 y 30 000 metros cúbicos.
González Inclán apuntó que uno de los principales cuellos de botella es el bajo coeficiente de disposición técnica del equipamiento. “Tenemos 106 camiones colectores en plantilla y hoy trabajan 44. Estamos entre un 37% y un 44% de disponibilidad técnica, muy por debajo de lo que se necesita”, precisó.
A ello se suman problemas de eficiencia en los viajes, el aseguramiento oportuno del combustible y el déficit de recursos humanos, donde gran parte de la fuerza laboral son reclusos que concluyen su jornada a las cinco de la tarde.
Aunque el combustible se ha garantizado, el directivo reconoció que la habilitación diaria y las colas en los servicentros limitan el rendimiento. “Un camión de volteo con cargador debería dar cinco viajes diarios; hoy el promedio es de 3.1, porque muchas veces nuestros vehículos reciben el combustible entre las 10 de la mañana y las 12 del día, y a partir de ese momento es que salen a los recorridos”, explicó.
El programa propone reorganizar la recogida por rutas y no por quejas, insertar estas últimas de forma ordenada y mantener el apadrinamiento a los municipios por parte de los ministerios, que hoy apoyan con camiones y cargadores.
También incluye acciones vinculadas a la recogida de materias primas, la atención a las podas, la gestión de escombros y su aprovechamiento en centros locales de producción de materiales.
Sobre los vertederos, González Inclán advirtió que los existentes en La Habana están caducados. “La basura que genera la ciudad va hacia los vertederos, donde se hace el relleno sanitario, pero esas áreas ya no admiten nuevas cargas en las condiciones actuales”, explicó.
Señaló que estos lugares no pueden incendiarse por la generación de gas metano y que resulta necesario localizar otros espacios, con la aprobación del Citma, un proceso complejo por las regulaciones ambientales y la distribución de las cuencas hidrográficas.
En cuanto al equipamiento, detalló que existe un programa de recuperación y reposición, con responsabilidades definidas por organismos: los ministerios de Industrias, Agricultura, Construcción y Transporte, según el tipo de medio.
“Vamos a un proceso de licitación y el país pondrá el financiamiento para arreglar los equipos existentes y comprar nuevos, fundamentalmente camiones ampiroles, que son los más eficientes para la recogida”, afirmó.
Uno de los déficits más visibles es el de contenedores. La Habana necesita entre 20 000 y 30 000, pero hoy cuenta con unos 10 000, muchos en mal estado. “Cuando no tienes contenedores, la basura va al piso, y eso es lo que nos está pasando”, reconoció González Inclán, y adelantó la intención de importar alrededor de 15 000, además de la producción nacional prevista.
El coordinador provincial subrayó que Centro Habana es uno de los municipios más afectados, por su alta generación de residuos y el deterioro del parque de camiones colectores, y anunció un aseguramiento específico para mejorar la cobertura.
El programa incorpora también a los actores económicos, que hoy depositan sus desechos en los mismos puntos que la población. González Inclán subrayó que, aunque en el futuro deberán contar con sus propios contenedores, la prioridad inmediata es garantizar la recogida a la población.
Paralelamente, se negocia con el sistema de materias primas para que los residuos se clasifiquen por origen en las propias empresas y se avanza en la contratación de servicios de recogida, pese a las resistencias cuando estos no se garantizan de forma sistemática.
El proyecto apuesta, asimismo, por vehículos eléctricos, financiamiento nacional e internacional, la futura producción de biogás en vertederos y la aplicación de la tasa de ecovalor para sostener financieramente el sistema.
A la par, se trabaja en el control del combustible, la incorporación de los llamados “buzos” a esquemas formales de recogida de materias primas y la dignificación salarial del personal.
“Prácticamente no tenemos barrenderos, porque el salario básico es poco más de 2 000 pesos”, admitió González Inclán. Con las nuevas tarifas aprobadas, se prevé que un barrendero pueda ganar entre 15 000 y 20 000 pesos, con pagos por área limpia y trabajo terminado.
El directivo fue enfático en que el deterioro actual responde a dos causas fundamentales: problemas subjetivos y estructurales en las empresas de comunales, y la ausencia durante años de un programa estable de sostenibilidad del equipamiento.
“Nos pueden poner todo el equipamiento del mundo, pero si no logramos eficiencia y disciplina tecnológica, no vamos a avanzar”, alertó.
Un problema en la mira del Gobierno
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La crítica situación higiénico-sanitaria que enfrenta La Habana no ha pasado inadvertida para la dirección del país. A pesar de los esfuerzos desplegados en los últimos meses, la acumulación de desechos sólidos, la proliferación de microvertederos y el deterioro del entorno urbano continúan marcando el panorama en los cuatro puntos cardinales de la capital.
Como ha reconocido en varias ocasiones el presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, se trata de una tarea de gran envergadura, cuyo objetivo esencial es ordenar, limpiar y devolver vitalidad a la ciudad. Sin embargo, los resultados aún distan de ser los esperados.
En recientes encuentros con funcionarios de las administraciones municipales y directivos de entidades estatales y no estatales, se desarrolló un debate crítico sobre la responsabilidad institucional en el estado higiénico de numerosos espacios públicos. La discusión tuvo como punto de partida un breve pero revelador material audiovisual que mostró múltiples irregularidades en centros laborales, instituciones sociales, puntos de servicio y áreas comunitarias, donde predominan la basura acumulada, la maleza, la desidia urbanística y otras expresiones de abandono.
Al exigir explicaciones a intendentes, administradores y responsables de distintas entidades por las condiciones de las áreas bajo su gestión y sus alrededores, muchos expusieron acciones en curso para revertir la situación, aunque reconocieron atrasos y limitaciones.
Durante estas reuniones, Díaz-Canel insistió en la necesidad de identificar las dificultades “con nombres y apellidos”, y cuestionó por qué no se actuó con mayor celeridad antes de que el problema alcanzara los niveles actuales. Criticó, además, que todavía existan centros estatales que no se incorporan de manera sistemática a las labores de limpieza y ordenamiento urbano.
En esa misma línea, el miembro del Buró Político y secretario de Organización del Comité Central del Partido, Roberto Morales Ojeda, señaló que si el movimiento de higienización, orden y embellecimiento logra involucrar a todos los centros de trabajo, La Habana podría experimentar un cambio visible en su entorno.
Entre las acciones implementadas, se informó que en una semana reciente se emplearon más de 93 mil litros de combustible para transportar cerca de 96 mil 500 metros cúbicos de desechos, con una eficiencia de 0,96 litros por metro cúbico, inferior a la registrada en el período anterior.
Asimismo, se anunció la creación de más de 70 brigadas de barrenderos, integradas por unos 600 trabajadores, destinadas inicialmente a atender avenidas principales, plazas y zonas de alta circulación en los 15 municipios de la capital.
El Jefe de Estado enfatizó la importancia de organizar con mayor eficiencia la distribución del combustible, a fin de evitar interrupciones en la recogida de basura por fallas en la habilitación de los vehículos. Exigió, además, un control riguroso de las rutas de recolección, identificando los lugares donde no se logró completar el servicio en una jornada para priorizarlos al día siguiente.
Paralelamente, se desarrolla un estudio sobre la generación de residuos sólidos urbanos en hogares y entidades económicas estatales y no estatales, liderado por el Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, junto a universidades e instituciones de La Habana. La investigación permitirá determinar con precisión cuánta basura se produce diariamente en la ciudad y diseñar estrategias más eficaces para su manejo. Los primeros resultados, obtenidos en un consejo popular, ya fueron presentados en los encuentros semanales de seguimiento entre la dirección del país y las autoridades capitalinas.
No obstante, las cifras continúan reflejando serias dificultades operativas. En una de las últimas semanas evaluadas se recogieron algo más de 91 mil metros cúbicos de residuos sólidos urbanos, con un promedio diario inferior al del período anterior. El número de equipos empleados también disminuyó, afectado por atrasos en la llegada del combustible, roturas técnicas, falta de aceites, lubricantes, neumáticos y baterías.
Como nota positiva, se reportó un crecimiento de las brigadas de barrenderos, que ya suman 85 y han trabajado en más de 650 tramos de calles y 47 avenidas. También aumentó la recuperación de materiales reciclables, con cerca de 200 toneladas recolectadas, superando los volúmenes de la semana previa.
Sin embargo, más allá de los esfuerzos institucionales y las cifras oficiales, la realidad cotidiana de muchos barrios habaneros continúa marcada por montones de basura que permanecen durante días en las esquinas, malos olores y riesgos sanitarios.
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Impacto de las mipymes en la limpieza comunitaria: El caso del reparto Kholy
El reparto Kholy, ubicado en el municipio Playa, cuenta con más de una decena de mipymes que han dinamizado la actividad económica de la zona. Tradicionalmente reconocido por su orden y limpieza, el barrio comienza, sin embargo, a mostrar señales de deterioro higiénico que los vecinos asocian directamente con algunas de estas nuevas actividades comerciales.
“Al doblar de mi casa siempre han existido dos latones de basura. Pero cuando abrieron la nueva tiendecita empezamos a ver montones de escombros dentro y alrededor de ellos. Es muy desagradable. Este barrio siempre fue muy ordenado; ahora está lleno de cajas y papeles enormes que claramente no pertenecen a ningún vecino”, relató Raquel Escandell.
La actual crisis económica del país también incide en la gestión de los residuos y en el control de estas prácticas. Alexis Mendoza, residente del reparto, asegura que su entorno cambió radicalmente desde la apertura de una mipyme dedicada a la fabricación de carteles, justo al lado de su vivienda.
“De un día para otro todo se convirtió en un reguero. Cada semana descargan camiones de materia prima y los nailos los dejan en la acera. Los vecinos hemos tenido que limpiar y recoger. Las quejas a la institución no han servido de mucho”, expresó.
A esta situación se suma la irregularidad en la recogida de basura. Según los residentes, los camiones recolectores han dejado de pasar con la frecuencia habitual desde hace varios meses, lo que ha acelerado el deterioro del entorno.
“Tenemos varias empresas en el barrio. Si ellas se responsabilizaran por mantener la limpieza junto con los vecinos, podríamos garantizar el embellecimiento de la comunidad, que al final es de todos”, añadió Raquel.
Entre la indisciplina social y la falta de gestión: la realidad del Wajay, en Boyeros
En la comunidad del Wajay, en el municipio Boyeros, la problemática de la basura adquiere matices complejos donde confluyen la insuficiencia del sistema de recogida, la ausencia de control institucional y conductas irresponsables de una parte de la población.
Carlos Rodríguez Mesa, dueño de un puesto de viandas, asegura que su actividad apenas genera desechos. “Lo que vendo son viandas y verduras, y si queda algo me lo llevo para los animales o para la cosecha. Eso se recicla y no se bota”. Sin embargo, reconoce que la situación general del barrio es grave. “El problema del recogido está muy mal. Faltan equipos, pero también hay mucha falta de vergüenza. La gente tira la basura donde quiera. Pasan con una jabita y en vez de llegar al basurero, la tiran debajo de otro edificio. Hay una indisciplina social muy grande”.
Una opinión similar comparte Arístides García Dueña, doctor en Ciencias, quien apunta a la falta de control como una de las principales causas del deterioro. “No hay un sistema de exigencia establecido, sobre todo en la recogida de basura. Aquí somos muy buenos dando tareas, pero muy malos chequeándolas. Mientras no haya seguimiento, por muchos recursos que se destinen, no se va a avanzar”.
Desde el sector de la salud, las alertas se multiplican. Doriel Garrido García, enfermero intensivista, explica que la acumulación de desechos tiene un impacto directo en la proliferación de plagas y enfermedades. “La basura atrae ratones, moscas y mosquitos, y con ellos vienen enfermedades como el dengue, el zika y el chikungunya. No se están tomando las medidas suficientes, es un problema de gestión. Antes había convenios con carretoneros que recogían la basura con regularidad. Retomar eso podría ser una opción, porque comunales no da abasto. Los más afectados somos todos, pero sobre todo los niños, los ancianos y las embarazadas”.
Medardo Estévez, jubilado y vecino del barrio, describe un panorama crítico. “No hay estabilidad en la recogida. Antes pasaban los carretoneros y se mantenía más o menos limpio, pero eso se eliminó. Ahora la basura se acumula por días y semanas. Yo vivo frente a uno de esos focos y es insoportable: las moscas, los ratones, la pudrición, sobre todo cuando llueve. Para los que somos mayores es un peligro constante”.
La doctora Kirenia Milanés, del Policlínico Mario Muñoz Monroy, coincide en la urgencia de una respuesta más efectiva. “La basura es una vía directa de transmisión de enfermedades. Como médicos tratamos de prevenir, pero si no se recoge con sistematicidad, se crean vectores que afectan a toda la población”.
Los trabajadores por cuenta propia también enfrentan contradicciones en el manejo de los residuos. Rubén Fernando Rodríguez, dueño de una cafetería, recuerda que hace meses se intentó establecer un sistema de contratos para el cobro de la recogida. “Vino una señora diciendo que nos iban a hacer contratos, pero nunca regresó. Es verdad que gran parte de la basura es de los cuentapropistas, sobre todo cartón. Pero si existiera un sistema de reciclaje o brigadas para recoger esa materia prima, sería mejor solución. Antes aquí mismo en el Wajay había un local donde se reciclaba el cartón. Ahora todo eso se considera basura”.
Otros propietarios confirman la ineficacia de los contratos. Yasmani Espinoza asegura que, pese a firmar el convenio, la recogida nunca se concretó. “Deberían recogerla con más regularidad. Nosotros hicimos el contrato, pero jamás vinieron después”.
Jesús Jiménez, también cafetero, relata una experiencia similar. “Firmé con comunales, pero el año pasado vinieron cuatro o cinco veces nada más y nunca han cobrado. Al final uno mismo tiene que botar la basura o pagarle a alguien para que se la lleve”.
En el Wajay, como en otros puntos de La Habana, la crisis de la higiene urbana no responde a una sola causa. Se entrelazan limitaciones materiales, falta de organización, ausencia de control y una cultura ciudadana aún insuficiente en el cuidado del entorno.
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El reciclaje, una oportunidad para mejorar la limpieza urbana
Rosa María Reyes Santiesteban, directora general de la Empresa de Recuperación de Materias Primas de La Habana, explicó que la Ley 288 de 1975 establece la obligación de que todos los actores económicos firmen contratos con dicha entidad para la entrega de sus desechos reciclables. “Esto es de obligatorio cumplimiento para las entidades estatales. En el caso de las formas de gestión no estatal, hemos identificado que una parte importante de los residuos que hoy terminan en los vertederos constituye un potencial de reciclaje”, señaló.
Actualmente, la capital cuenta con más de 120 mil actores económicos no estatales, de los cuales una parte ya mantiene convenios o contratos con la empresa recuperadora —en estos casos se les paga por la materia prima entregada—, aunque aún resta un número significativo por incorporar al sistema.
Uno de los principales obstáculos, reconoció Reyes Santiesteban, es la falta de clasificación de los desechos desde el origen. “Muchas de estas formas de gestión se niegan a separar la materia prima, lo que dificulta su recuperación”.
Mauricio Chirino, director adjunto de la entidad, explicó que la Empresa de Recuperación de Materias Primas forma parte del grupo de seguimiento a los temas de higiene urbana que se evalúan semanalmente junto al Primer Ministro. “El cartón es uno de los materiales que más vemos en las calles, sobre todo por su volumen. Con los actores no estatales recuperamos frascos, metales y otros productos que se reincorporan a la economía nacional, y en el caso de los metales no ferrosos, muchos se destinan a la exportación”.
En las empresas estatales, añadió, se establece un plan de entrega de materias primas en función de sus desechos productivos, con cronogramas que, en la mayoría de los casos, se cumplen según los niveles reales de producción.
Sin embargo, persisten conductas que atentan contra el sistema. “Nos duele ver a propietarios de cafeterías llenando los cestos de basura con cartón, incluso teniendo contratos con nosotros. Esto ocurre también porque no existe aún un marco regulatorio que obligue formalmente al nuevo actor económico a realizar esa entrega”, reconoció Chirino.
Para la directora general de la empresa, la falta de transporte no puede considerarse hoy una justificación. “Actualmente no tenemos problemas con los medios ni con el combustible para operar nuestros equipos. Para las mipymes, que generan volúmenes menores, contamos con equipos eléctricos adquiridos en los últimos años. Tenemos 34 triciclos que circulan por la capital atendiendo los negocios ubicados en las principales arterias”.
Reyes Santiesteban insistió en que es imprescindible fortalecer la disciplina y la cultura del reciclaje. “Muchas veces, por no esperar el ciclo de recogida, botan los desechos en la basura. Cuando se contaminan, ya no podemos aprovecharlos”. Junto al grupo de fiscalización del Gobierno, se revisan actualmente los incumplimientos en la entrega de materias primas. “Si alguien declara que tiene residuos reciclables y no los entrega, hay que preguntarse: ¿a dónde van a parar? A la basura”.
No obstante, reconoció que existen numerosos actores no estatales que sí cumplen, e incluso reciben un distintivo de reconocimiento con el lema: “Mi local recicla y somos parte de la solución”.
Entre las limitaciones para incrementar las entregas, la directiva señaló que los precios de algunos productos, especialmente los no metálicos, no resultan suficientemente atractivos, lo que lleva a que muchos opten por donarlos o desecharlos. En contraste, los metales no ferrosos —como aluminio, cobre, bronce, latas y chatarra electrónica— tienen una remuneración mayor debido a su valor exportable.
Hasta la fecha, más de 35 mil actores económicos cuentan con contratos o convenios con la Empresa de Recuperación de Materias Primas. Entre enero y febrero de 2026 se prevé visitar al resto de los generadores de residuos reciclables para ampliar la cobertura.
En el segundo semestre de 2025, la recogida mensual superó las 400 toneladas, sumando los aportes de las formas de gestión no estatal, la recogida en las calles y la participación comunitaria.
Uno de los programas con mayor aceptación ha sido “Reciclo mi barrio”, que se desarrolla principalmente los miércoles y sábados, con incentivos económicos para la población. Según los directivos, estas jornadas evitan que grandes volúmenes de desechos terminen en los vertederos, aunque reconocen que el bajo precio de algunos materiales limita una participación aún mayor.
Otro fenómeno asociado a la falta de clasificación en origen y al valor de ciertos productos ha sido la proliferación de los llamados “buzos”, personas que hurgan en los depósitos de basura en busca de metales y otros materiales aprovechables.
Chirino destacó que existen trabajadores por cuenta propia y mipymes que sí se dedican de forma sistemática a la clasificación de residuos, y subrayó que los festivales de “Reciclo mi barrio” muestran resultados positivos cuando se desarrollan con regularidad.
Desde el territorio, Eugenio Rodríguez, director de la UEB de Recuperación en Playa, apuntó que en ocasiones la coordinación con las organizaciones de masas resulta compleja por falta de un trabajo sostenido de movilización comunitaria. “En el barrio Romerillo, por ejemplo, se hace un trabajo muy sistemático y se han logrado recuperar hasta cuatro toneladas de materiales reciclables en una sola jornada”.
El reciclaje, concebido como parte de la solución integral al problema de la basura en La Habana, continúa siendo un eslabón débil entre la normativa existente, la cultura ciudadana y la gestión práctica de los residuos. Mientras toneladas de materiales reutilizables terminan cada semana en los vertederos, la ciudad sigue cargando con un problema que podría aliviarse, en parte, con organización, control y una participación más consciente de todos los actores.
Foto: Abel Padrón Padilla/ Cubadebate
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