Contra el alma de la nación: Ayuda a la memoria

República neocolonial.

Desde la primera intervención militar de Estados Unidos en Cuba en 1898, los cubanos fueron tratados con desprecio, arrogancia y prepotencia por sus militares. Un rosario de agresiones, desmanes, despojos, insultos a los símbolos patrios, a la familia y hasta crímenes, están impresos en el alma y en el recuerdo de la nación cubana.

La llegada a puertos de buques estadounidenses implicaba, casi siempre, actos indignantes tras el abuso en el consumo de alcohol y drogas. Las mujeres cubanas fueron víctimas favoritas de la marinería. La Base Naval de Guantánamo fue, hasta diciembre de 1958, fuente de malestar social. Las visitas de los marinos a Guantánamo y Caimanera laceraban profundamente los sentimientos de los pobladores. Pero los tropiezos y enfrentamientos que comenzaron durante la ocupación, se regaron como pólvora a lo largo de la Isla y se repitieron durante los años de la república neocolonial. He aquí un breve recuento de algunas de las tropelías y crímenes de los militares yanquis en Cuba.

Lo más indignante de estos sucesos, es que en su mayoría los delitos no se ventilaban en tribunales cubanos –por la esgrimida falta de jurisdicción–, ni se aplicaba la justicia, lo cual multiplicaba la impotencia y la cólera. En Estados Unidos se veía con desprecio a nuestro pueblo. Buena parte de los infantes de marina y marineros, nos trataban como salvajes. Los medios de comunicación y la cultura de su país, contribuía a ello. A manera de ejemplo, tres incidentes ocurridos en 1916. En junio se estrenó en Estados Unidos la película “My best girl”, en la que un soldado norteamericano sueña que disuelve el solo a un ejército de negros que enarbolaban, curiosamente, la bandera cubana. En agosto, en las playas de Tampa se solía leer letreros de “no se admiten cubanos”. Ese mes, se estrenaba otra película, “La Tarántula”, donde los cubanos aparecen representados como ladrones y enemigos de Estados Unidos.

Tristes y bochornosos episodios que nuestro pueblo, bajo ningún concepto, debe olvidar.