Rusia se convierte en una meca para el turismo del sur y oriente globales

China, Arabia Saudita, la India y Emiratos Árabes Unidos se están reafirmando entre los principales mercados emisores de turismo internacional a Rusia en una dinámica que coincide con la reorientación de la política exterior de Moscú hacia priorizar los lazos con el sur y oriente global.

Se estima que el gigante euroasiático cerrará este año con 5 millones de visitas de turistas extranjeros. Dado que el pronóstico se basa en el alojamiento en hoteles, en la práctica, el número sería aún mayor. Es una cifra comparable con niveles prepandémicos. La diferencia es que, ante una drástica caída de los viajes desde Europa –causada principalmente por las trabas de Bruselas en cuestiones como la conexión aérea– los visitantes del Viejo Continente prácticamente han sido reemplazados por los provenientes de países como China, que no deja de romper récord año tras año.

De hecho, En 2024, el número de viajeros chinos se duplicó en relación a 2023 al alcanzar 1,2 millones de personas, mientras que, tan solo en los primeros nueve meses de 2025, ya han sido 1,4 millones. Desde el Ministerio de Desarrollo Económico ruso se muestran convencidos de que, el año que viene, serán más de 2 millones los turistas chinos que vendrán al país, una cifra que se acercaría a 6 millones para 2030.

Y es que, a partir de este mes de diciembre, Rusia introdujo una exención de visados para los turistas chinos y aquellos que viajen por motivos de negocio. La medida, tomada en reciprocidad, también afecta a aquellos ciudadanos del país vecino que llegan para asistir a eventos científicos, culturales, económicos o deportivos. Como resultado, los pedidos de viajes a Rusia han aumentado a niveles sin precedentes, según registran turoperadoras y aerolíneas chinas.

De la misma manera, Moscú y Riad acaban de firmar un acuerdo intergubernamental según el cual los ciudadanos rusos podrán entrar y permanecer en Arabia Saudita sin visado por un período máximo de tres meses durante un año calendario, siempre y cuando su viaje no tenga como objetivo la residencia permanente, los estudios o el trabajo. Los saudíes, por su parte, recibirán los mismos derechos al visitar Rusia.

El documento impulsa una dinámica en la que el turismo hacia Rusia desde Arabia Saudita se ha multiplicado más de 8 veces –llegando a casi 50 000 visitas en lo que va de año– en comparación con antes de la pandemia del coronavirus. Se espera que el flujo se triplicaría en 2026.

La abolición de visados turísticos también estuvo sobre la mesa durante la reciente visita oficial del jefe del Kremlin, Vladímir Putin, a la India. El anuncio lo hizo su primer ministro, Narendra Modi, al adelantar que la medida entraría en vigor ya en los próximos tiempos, con lo cual el turismo indio a Rusia podría aumentar de unas 80 000 personas al año –el flujo actual– a 2,4 millones para 2030.

El destino ruso número uno para el turismo internacional es Moscú. Según las autoridades capitalinas, el grueso de los viajeros extranjeros proviene de China, la India, Turquía, Vietnam, Arabia Saudita, Irán, los Emiratos Árabes Unidos y Cuba.

El contraste es enorme con antes de 2014, cuando el mapa turístico de Moscú era inequívocamente europeo. Hoy, por el contrario, se están expandiendo las señales de dirección en varios idiomas –como árabe o chino– por el metro y las calles, mientras que los hoteles y restaurantes ahora reportan un fuerte aumento en el número de personal que habla idiomas como mandarín.

Para millones de visitantes del sur y oriente globales, Moscú no es una abstracción moldeada por la prensa hegemónica, “sino un espacio físico, transitable, seguro, digitalmente integrado y sorprendentemente asequible”, sostiene, visiblemente molesto, un gran medio occidental.

Y así es.

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