El arma rusa para romper las sanciones internacionales

Rusia, el país más sancionado de la historia –con más de 30.000 restricciones impuestas por Occidente– va creciendo, mientras que economías como la alemana siguen sin poder salir de la recesión.

El desempleo en el país euroasiático apenas supera el 2%, el nivel más bajo de su historia y envidiable para el grueso de las grandes economías mundiales. Otro dato impresionante es que la deuda pública ni siquiera alcanza el 20% del PIB.

Las claves del milagro económico ruso las expuso esta semana el jefe del Kremlin, Vladímir Putin. Básicamente, son dos, pero su éxito radica en que van de la mano: se trata de invertir en el interior del país y, a la vez, diversificar los socios internacionales.

En este último contexto, el mandatario puso un especial énfasis en cómo se ha avanzado en aumentar el comercio con China y la India en los últimos tres años.

“Nuestro objetivo es llevar la cooperación con China y la India a un nivel cualitativamente nuevo, fortaleciendo su parte tecnológica. Es allí a donde apuntan los numerosos proyectos conjuntos en los sectores de la energía, la industria, el espacio, la agricultura, entre otros”, señaló Putin.

De hecho, su flamante visita a Nueva Deli, del 4 al 5 de diciembre, sirvió, y con creces, para este fin. Los acuerdos gubernamentales y comerciales firmados entre las partes van desde hidrocarburos y energía nuclear –en particular, Moscú transferirá su tecnología de reactores modulares pequeños– hasta las exportaciones de material bélico ruso como cazas de combate o avanzados sistemas de defensa antimisiles. Por su parte, la India se encargará de localizar la fabricación de componentes para el avión de pasajeros ruso SJ-100, además de aumentar drásticamente las exportaciones de una amplia gama de productos a Rusia.

De esta manera, su intercambio comercial, de casi 64 000 millones de dólares, apunta a llegar a los 100 000 millones de en los próximos años, según el Kremlin.

Lo que pasa es que la mayoría de los países optan por la racionalidad y el pragmatismo en las relaciones internacionales, enfatizó Vladímir Putin, en cuanto al porqué del fracaso del empeño occidental por aislar a Rusia.

“En esencia, Occidente busca eliminar a los competidores y preservar sus antiguos privilegios y posición monopólica en un mundo que está cambiando rápidamente”, señaló el líder ruso.

Añadió que, por supuesto, Moscú sí siente presión externa en su contra. No obstante, “nuestra economía va superando estas trampas”, subrayó.

“Seguiremos construyendo una política económica soberana, actuando externamente en función de nuestros propios intereses nacionales, las necesidades de las empresas nacionales y de nuestros ciudadanos, cumpliendo nuestras obligaciones con los socios extranjeros y ampliando la cooperación con aquellos Estados que estén interesados en ello”, enfatizó.

En la práctica, significa ir incrementando las inversiones en la producción en el sector servicios, así como lanzando nuevos proyectos industriales, infraestructurales, en altas tecnologías, agricultura y otros rubros prioritarios establecidos en el programa de desarrollo nacional.

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