Rusia y Cuba en la era postsoviética: “Estamos en una segunda etapa”

Director del Instituto Cubano de Investigaciones Culturales, Luis Emilio Aybar Toledo.

Al igual que en el siglo XX, hoy la geopolítica “sigue juntando” a Moscú y La Habana, mientras que sus lazos históricos son una base que no se puede desaprovechar para “poner sus relaciones económicas a la altura de las relaciones políticas”. Así lo dijo a Cuadernos de un moscovita el director del Instituto Cubano de Investigaciones Culturales, Luis Emilio Aybar Toledo, entrevistado en su visita a San Petersburgo para participar en el foro internacional “Rusia e Iberoamérica en un mundo turbulento”.

“Tenemos cubanos con apellidos rusos, porque tienen padres o madres de Rusia, cubanos que saben hablar ruso porque estudiaron en la URSS. Toda esa memoria hay que aprovecharla, porque es un momento que no va a ser para siempre. Es el momento en el que todavía están vivas aquellas personas que estudiaron en la Unión Soviética, que conocieron el país euroasiático, que hablaron ruso, aquellas personas que generaron lazos familiares y de consanguinidad en la época de la URSS. Y eso es una memoria y eso es una hermandad que surge a partir de lazos muy concretos que hay que aprovecharlo para incrementar y profundizar los vínculos pueblo a pueblo, que son los más duraderos siempre”, manifestó Aybar Toledo.

Para el investigador, la geopolítica “nos hace y casi que nos obliga a marchar juntos” para salir adelante en un contexto en que “se trata de dos países atacados, bloqueados”.

“Cuba necesita formas de inserción política y económica en el mundo, para lo cual Rusia puede contribuir. Y Cuba tiene un acumulado de formación de la fuerza de trabajo calificada, tiene una serie de potencialidades económicas también y de ventajas comparativas que pueden ser la base de esa relación”, subrayó.

Asimismo, indicó que la mayor de las Antillas podría ser una puerta de entrada hacia el resto del Caribe y América Latina “en un momento en el que Rusia necesita diversificar sus relaciones económicas y políticas, porque también está siendo atacada, porque también intentan aislar a Rusia”.

“Estamos en una segunda etapa que es distinta, porque son momentos y contextos distintos, son países con distintos sistemas –Rusia es un país distinto a la URSS, no es la URSS– pero que en ese contexto de esta segunda etapa se abren potencialidades y oportunidades significativas”, insistió.

De hecho, la relación entre ambas naciones ya demostró una impresionante viabilidad en los tiempos de la URSS. El también sociólogo, Aybar Toledo lo ilustró perfectamente en su ponencia en el foro, que estuvo dedicada al significado de Moscú para el sector industrial de la nación caribeña entre los años 1960 y 1965.

“Con la implantación del bloqueo norteamericano –entre 1960 y 1962– la industria cubana se vio amenazada de una completa paralización. En Cuba los sistemas de clasificación, características de las materias primas y piezas de repuesto, especificaciones tecnológicas, etc., estaban alineados con el sistema industrial norteamericano. El bloqueo obligó a reorientar en corto tiempo nuestro comercio exterior hacia el campo socialista y a superar grandes dificultades para acoplarse con sistemas productivos muy diferentes. La URSS jugó un papel clave en la búsqueda de insumos sustitutos, y en el trabajo codo a codo con los técnicos cubanos para el desarrollo de invenciones y soluciones”, señaló Aybar Toledo.

Además, resaltó el aporte de la Unión Soviética para superar uno de los mayores problemas que enfrentó el Gobierno revolucionario en los primeros años: “el éxodo de la mayor parte de los trabajadores técnicos, poco identificados con el rumbo del país y estimulados por opciones de empleo en EEUU”. Así, de 2 700 técnicos de nivel universitario, la mayoría ingenieros civiles, solo se quedaron 700. Agregó que más de un 80% de los trabajadores que emigraron hacia la potencia norteamericana era personal calificado.

“En ese contexto, se inició un proceso de capacitación de la fuerza de trabajo, que revolucionó las instituciones cubanas y a las propias fábricas.

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