Esta vez no toca analizar una fake news. Toca celebrar la rebelión en la ONU. La organización que fue concebida para resolver con diplomacia los conflictos entre naciones y evitar nuevas guerra mundiales, todavía sirve para algo y no sólo para que oigamos al grosero Trump sin filtro, sino y sobre todo para que los presidentes con honor digan las verdades que merecen ser dichas en nombre de sus pueblos, aunque seguramente el emperador ni los escucha, pero los demás sí y uno aplaude aunque no esté allí.
Lula primero y Gustavo Petro después destaparon la nueva rebelión en la ONU (antes hubo otras protagonizadas por Fidel, Chávez y otros líderes de izquierda). Esta vez fue el presidente colombiano el más frontal y directo de los oradores, en su apasionada exposición de los graves problemas globales.
Reinier Duardo advierte que Petro lo había anunciado previamente y lo hizo en respuesta al agresivo e insultante discurso de Donald Trump. Es decir, el suyo no fue un texto preparado con antelación o quizás renunció al que traía. Sin dudas, entendió que merecía eso y más el Presidente de Estados Unidos, abierto defensor y por tanto cómplice del genocidio israelí, negacionista irresponsable del Cambio Climático que llama estúpidos a los científicos que lo han probado; mentiroso patológico que usa falsos argumentos y pretextos inaceptables para amenazar y atacar y para literalmente bombardear allí donde quiera que sienta que están sus adversarios, aunque sea una nación soberana. Para eso se arman las listas y las etiquetas, sin ningún respaldo de la comunidad internacional, a la que continuamente amenaza con quitarle los que corresponde a su país para el sostenimiento de Naciones Unidas.
Realmente hay que tener sangre de horchata como se dice, para no sobrerreaccionar a los insultos de Trump y Petro demostró que no teme a las represalias frente al deber de exponer la verdad.
Petro habló de los nuevos Hitler y responsabilizó a Trump con todo lo que debe ser responsabilizado, así que pidió que lo juzgue un Tribunal Internacional.
Y parabmayor fuerza de su discurso puso de ejemplo su propia experiencia: el gobierno que más ha avanzado en el enfrentamiento al tema de las mafias de la droga en Colombia, ha sido descertificado por el gobierno del país que más drogas consume en el mundo.
Según Bárbara Betancourt, algunos dirán que Petro fue tan lejos porque es su último discurso como presidente de Colombia, que ya termina. No importa, habló extensamente sin mirar el reloj, porque después que el emperador habló el tiempo que le dio la gana, nadie podía interrumpir a quienes le siguieron. Y en ese tiempo dijo lo que todos hubiéramos querido decir.
Habló de genocidio y llamó a Trump cómplice de un crimen que es una vergüenza para la Humanidad. Y cuando habló de la región dijo lo que nadie se había atrevido a decir, salvo Venezuela: que están atacando con misiles barcos de pescadores que viven de la pesca y que en verdad lo que están pretendiendo los gringos es el petróleo de Venezuela bajo el pretexto de un narco tráfico del que ellos son el principal mercado.
Finalmente, el de Petro fue el discurso más fuerte hasta ahora, pero no fue el único: también el de Lula, el del Presidente turco que mostró las fotos de la hambruna y el genocidio en Gaza, o el del Presidente sudafricano demandando cambios urgentes en el modo de operar de la ONU, en particular su Consejo de Seguridad.
De nada le valió a Trump el show de las escaleras y el telepromter. Su discurso fue un gigantesco insulto a la comunidad internacional. Y lo que queda de comunidad internacional le salió al paso. Quién sabe cuántos más no le responderán en lo que queda de sesiones.
El ejemplo ya lo dieron Fidel y luego Chávez, cuando casi nadie decía lo que era pertinente decir. A ellos se deben frases lapidarias advirtiendo los problemas globales de hoy, como aquella sentencia de Fidel: "Cese la filosofía del despojo y cesará la filosofía de la guerra". O la censura de Chávez al presidente agresor en nombre de la guerra al terrorismo, que pasó por el podio de la ONU justificando sus crímenes: "Por aquí pasó el Diablo. Huele a azufre".
El primer triunfo de la nueva rebelión fue la reacción de los presentes que abandonaron en masa la sala cuando iba a hablar Netanyahu. Pero la verdadera victoria será cuando termine el holocausto palestino en Gaza. Seguimos CHAPEANDO.