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Doy por sentado que tras la lectura completa de estas líneas seré juzgado de forma implacable, quizás hasta injusta, por la otra mitad en la cual se ha dividido el mundo del fútbol durante los últimos 20 años. El más universal ha segmentado al planeta en Cristianistas y Messistas.
Para bien o para mal, dicha rivalidad ha creado un precedente incuestionable de maravillas encima del verde. Porque algo no abre espacio a la duda si del luso y el sudamericano se trata. Sus acciones dentro del rectángulo provocaron el intento de mejora en uno u otro.
Casi están en la rampa de salida y aún sus nombres encienden las retinas de aquellos cuya memoria no suele ser tan corta ni tan radical. Resulta inviable hablar del 7 sin mentar al 10 o, viceversa, según el gusto. No obstante, el turno en esta nota es exclusivo para el portugués y sus jóvenes secuaces.
Y sí, Cristiano Ronaldo todavía se cuela como indiscutible en los onces de una selección repleta de talento, alguno de ello imberbe. Por lógica el ritmo de estos tiempos le sobrepasa. Ahora, el saber estar y el eterno romance con el balón y las redes contrarias no se ha olvidado.
Perdona como antes no lo hubiese hecho, pero en su acierto no deja de aparecer la oportunidad de la relevancia. Su gol consumó la remontada frente a la decepcionante Alemania en las semifinales de la Liga de Naciones de la UEFA. Uno menos camino a los 1000.
Como de costumbre, no le bastó con apagar la ilusión germana en una cancha muy familiar para él si de clubes se trata. Mientras los 12 mil aficionados españoles saboreaban un nuevo título con Luis de la Fuente a los mandos, CR7 decidió alargar el tiempo sobre el césped hasta los 120 minutos.
Esta vez la mal llamada lotería de los penaltis quedó a la espera de su presencia. Una de sus especialidades pasó a las piernas de sus compañeros. Como él otras muchas veces, los fallos se trasladaron hacia el rival. Luego de bajar las pulsaciones, sus manos elevaron la copa al cielo de Múnich.
Sin despejarse la duda acerca de su viaje a Estados Unidos en 2026 para disputar el sexto mundial de su carrera, quien escribe no se esconde en la incertidumbre. Es el único en marcar al menos un tanto en cinco campeonatos diferentes. Uno más encaja en el conocido carácter competitivo del luso.
Récords individuales a un lado, el sueño de reinar en Norteamérica es un antojo, digan lo que digan. Portugal se engancha al tren de los candidatos, pero Argentina, España y Francia poseen candidaturas de igual o mayor peso. Eso sí, el día de su último partido, todos comprenderán su estatus de leyenda.
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