Sobre la cancha: El fútbol terminó siendo lo clásico

El FC Barcelona de proclamó campeón de la Copa del Rey. Foto: Archivo

Si bien han pasado 48 horas del título azulgrana en la Copa del Rey, las lecturas en los diferentes medios continúan en cada rincón del planeta fútbol. Victoria 103 del FC Barcelona por 105 del Real Madrid con 52 empates. Tras lo vivido en la Cartuja, 430 goles Culés y 440 de los Merengues. Así se resume en datos el Clásico.

Claro, el más universal, como cualquier disciplina deportiva no se define ni se fundamenta en números para evaluar de forma exclusiva los distintos sucesos. Y sí, son parte indisoluble del proceso, pero el físico, lo táctico, lo técnico y lo psicológico también conforman el ecosistema del éxito.

Explicar el abrumador dominio Blaugrana durante los 45 minutos iníciales del encuentro deriva en total coherencia respecto a la realidad futbolística en los nueve meses de temporada. Nadie debe incomodarse al leer estas líneas porque tal diferencia avizoraba un final peor para los Blancos.

Ahora, como todo en la vida también se arropa de matices, los de Chamartín ofrecieron publicidad a las carencias de los catalanes después del discurso entre mitad y mitad. Bastó ver de corto a Kylian Mbappé para entender el valor de la individualidad en medio del desorden colectivo.

Era de ingenuos creer en una resolución del destino de la corona con apenas un gol en la pizarra. Pedri se ha vestido de Busquets, Xavi e Iniesta. Al menos ese dicen en la Ciudad Condal. Su diana hizo justicia mientras el Barça soñaba con otra elevación del marcador como en el Bernabéu o Arabia.

No obstante, ahí es cuando brota el desperfecto del modelo Hansi Flick. La imperiosa necesidad de abrir distancias con balones en las redes rivales provoca visible desconcierto si el 1-0 no se modifica a la par del dominio barcelonista. Es cuestión de lógica. Muchos kilómetros en los botines para sostener tanta intensidad en largos períodos de tiempo.

Mientras Raphinha mostraba su versión más terrenal, sus compañeros no encontraban solución al electrón libre colocado por Carlo Ancelotti. El galo enseñó el nueve de su espalda una y otra vez. El temor a la remontada madridista pasó de causa a efecto.

En medio de tantas acometidas apareció el “jubilado” Szczesny. El checo no pudo evitar la vuelta al marcador, pero se combinó con Lamine Yamal y Ferrán Torres para acudir al llamado de la prórroga. Las paradas del checo se mezclaron con otra genialidad del imberbe extremo culé, no desaprovechada por el sustituto de Lewandowski.

Una vez tomado el control del juego por el agotamiento, la renovada medular azulgrana brindó inesperado equilibrio. Para entonces el impacto de Guler y Modric quedaba entre el recuerdo y la ilusión de la momentánea victoria Merengue. Eric, Fermín y Gavi se robaron el protagonismo en la zona donde se definen los partidos.

La historia del resto ya se ha contado de todas las formas posibles. La fe de Jules Koundé superó la leyenda de Luca y la desconcentración de Brahim. El 3-2 resultó una losa muy pesada a falta de seis minutos para alcanzar el primero de los tres reinados a los cuales aspiran los culés.