Médicos cubanos que combatieron el ébola en África regresan a la patria. Foto: Archivo.
En estos días he visto el odio vestido de maldad, mentiras… He visto el odio atacar a los médicos cubanos.
¿Qué decir?, tendría que invitarlo a conocer lo que hacemos, tendría que cambiar el ADN de quienes en sus entrañas permiten que solo el odio viva en ellos. Tendría que cambiarle su filosofía de vida, explicarle valores, principios, sensibilidad. Hablar de amor, de entrega.
Tendría, también, que hablar de profesionales que entregan el alma a sus pacientes, que sufren no tener lo necesario para tratarlos, pero que no se vencen; que están allí, que buscan alternativas, que devuelven vidas y se les aprieta el pecho al saber que todo sería más simple si pudieras obtener de manera lógica, por derecho a la vida, el medicamento o el insumo médico necesario, porque el bloqueo sí existe, aunque no quieran hablar de el.
Podría describirle lo que significa solidaridad con otros pueblos, lo que ha significado para muchos ser el primer médico de un lugar; lo que es caminar selvas, enfrentar fenómenos naturales, cruzar ríos crecidos, terrenos practicante intransitables, combatir el ébola, la covid, sin ningún otro interés que brindar salud a muchos seres humanos olvidados.
No sé si podrán entender, no es posible que un alma podrida por el odio entienda de amor.
Pero yo me quedo con lo vivido, con la entrega que veo en mis colegas, con el equipo quirúrgico que estuvo más de 13 horas en un salón para salvar una vida y 24 horas después continuar allí junto a su paciente, o el equipo que a altas horas de la noche vela por la vida de una gestante, de un recién nacido, de un niño; a los colegas que a cualquier hora recorren kilómetros para apoyar con sus conocimientos y experiencias en el lugar que sea necesario.
Y a todos los espera una familia para celebrar un cumpleaños, un fin de año, la graduación de un hijo. Y muchos, simplemente, no pueden llegar. Les toca en sus ratos libres suplir el amor que quedó en espera.
De qué estamos hablando, los médicos cubanos son diferentes. Al conocimiento y la preparación les acompaña la conciencia, porque son seres humanos formados en el sacrificio, porque la vida del cubano no es fácil, porque quienes odian y sienten la frustración de no poder acabar con este pueblo se empeñan con medidas absurdas, abusivas, genocidas, para ahogarnos a cualquier precio.
De qué humanidad hablan, de qué amor.
Gracias a cada uno de mis colegas, gracias.
Claro que hay muchas cosas que tenemos que mejorar, pero no olvidemos las causas de lo que nos agobia; que con un simple gesto de humanidad y respeto al derecho terminarían muchos sufrimientos. No olvidemos los obstáculos que nos ponen.
Sigamos luchando. Hay un mundo de gente buena a las que no guía el odio, que son agradecidas y justas, cuyos corazones palpitan desde muchos lugares y aplauden desde el alma a esos hombres y mujeres que llegaron desde Cuba y les salvaron la vida, devolviendo esperanzas.
¡Gracias colegas! Son grandes, no lo olviden. Gracias por ser dignos, por estar, por elegir luchar.
Cuba los admira. Nuestro pueblo agradecido los quiere y abraza. ¡Gracias!