El secuestro de Pepe Biondi

Pepe Biondi

Hace más de veinte años esta historia me salió al paso. Andaba reuniendo piezas sobre el gran mosaico, que fue el clandestinaje en La Habana contra la tiranía de Batista, cuando un veterano de aquellas batallas me contó que había participado en la operación de secuestro de Pepe Biondi. Quise conocer detalles y mayor aún fue la sorpresa cuando agregó que el jefe de la operación estaba vivo y se llamaba Luis Martinez Bello.

En la mañana que toqué a su puerta, me abrió un hombre que frisaba los 80 años, bajito y regordete,evidentemente afectado por mal de Parkinson. Me ofreció la mano que seguramente no temblaba cuando, apenas cruzados los veinte años, se jugaba la vida como combatiente clandestino. Sonrió y comenzó a despertar historias.

El joven maestro

El maestro de educación primaria se incorporó temprano al Movimiento 26 de Julio. Fue detenido, lo molieron a palos y lo enviaron a prisión. Cuando quedó en libertad, no podía regresar a Matanzas donde su muerte estaba anunciada. Buscó contactos en La Habana, ciudad que no conocía y el lugar más peligroso para un clandestino. Finalmente conoció a Ángel Ameijeiras (el legendario Machaco), jefe de acción y sabotaje del Movimiento 26 de Julio en la capital.

¿Por qué Pepe Biondi?

En 1958, el argentino Pepe Biondi (1909-1975) era uno de los humoristas más populares en Cuba, donde mantenía, desde CMQ TV, el más poderoso de los canales del país, su programa, El show de Pepe Biondi, plato fuerte cada noche de jueves.

El secuestro político apenas fue utilizado en la lucha contra la tiranía de Fulgencio Batista. Una de las excepciones fue la acción que el 23 de febrero de 1958, impidió a Juan Manuel Fangio, campeón mundial de automovilismo, participar en la carrera del día siguiente. Este suceso ha sido muy divulgado, incluyendo libros y un filme. Pero de este otro se conoce poco.

La noche que Cuba no debía reir

Me contó Martínez Bello que varias veces Machaco Ameijeiras habló de repetir algo semejante al secuestro de Fangio. Pero la idea de secuestrar al actor argentino provino del arquitecto Cesáreo Fernández. Machaco se opuso porque consideró que, secuestrando al humorista no iban a ganar nada. Luis, enamorado de la idea, quiso convencerlo, pero no pudo.

Luis era capitán de milicias, jefe de una célula de acción, aunque en la época no se identificaban como células, sino grupos. El grupo de Luis, el grupo de Cheché, el grupo de Luyanó, el grupo de la Víbora, etc. Todos subordinados al jefe provincial.

Pepe Biondi

De cómo el almanaque decidió

El 4 de septiembre era fecha de celebración para los bastitanos y, de manera especial, para sus cuerpos armados. Recordaban a toda fanfarria aquella pirueta de la historia, que en horas permitió a Fulgencio Batista dar el salto de oscuro sargento a coronel jefe del ejército. Pero resulta, que en 1958, el jolgorio batistiano cayó jueves, día del programa de Biondi.

Como la televisión era en vivo y Pepe Biondi el centro del espacio, su ausencia sería un escándalo. Para que el show fuera más grande, Luis añadió el secuestro del actor Enrique Santisteban, que aparecería en Jueves de Partagás, otro programa de mucha audiencia de CMQ.

La censura impediría a la prensa informar sobre lo sucedido. Pero después de seis años de dictadura, el pueblo se había especializado en la hermenéutica de los silencios. Dos programas estelares afectados el 4 de septiembre, olerían a la legua la naturaleza antibatistiana de esa “casualidad”.

Indiscutible indisciplina

Por respetar la historia debemos reconocer que Luis Antonio Martínez Bello, el rubio gordito de 26 años, ese día cometió una indisciplina, realizando la operación que su jefe no había autorizado.

Para secuestrar a Santiesteban partieron Armando Rivas Cabezas, Víctor Sorí y Mercedes Martínez Saladrigas, una joven cuya hermana jimagua participó en la otra parte de la operación. La acción de Santiesteban se frustró, porque minutos antes de llegar el comando, el actor ya había salido de su casa.

Luis Antonio Martínez Bello

La fiesta que no tuvo Pepe Biondi

Lo que nadie del comando sabía era que justamente ese día, Pepe Biondi cumplía 49 años y tenía pensado festejarlos después de concluida la transmisión del programa. Esa no era la fiesta que buscaban aguar los jóvenes revolucionarios.

Al frente del otro comando estaba Luis Martínez Bello. Lo completaban Ana Rosa Martínez Saladrigas —la jimagua de Mercedes—y un jovencito de unos 15 años,con el que representaban el papel de enamorados, mientras Chuchú Silva aguardaba al timón del auto parqueado al doblar de la esquina. Jugando al disimulado, con una pistola 45 en la cintura, se encontraba Luis. Conocían que, por la cercanía de su casa y el estudio de la televisión, Biondi acostumbraba a ir caminando.

Por fin apareció Biondi acompañado de su valet, que llevaba en percha la ropa de actuación. Luis le hizo discretas señas a la pareja “de enamorados”, que se acercaron al actor. Biondi pensó que eran admiradores, así que no le dio mayor atención y continuó el camino mientras murmuraba en tono de excusa que tenía que “ir para el trabajo”. El joven se interpuso en su camino y el argentino lo eludió sin detenerse.

Luis se aparejó al grupo y le dijo: “Somos del 26 de Julio y no queremos que la gente ría hoy.” Apoyaba sus palabras con el leve gesto de abrirse el saco de la americana para que fuera visible la pistola.

Después de una fugaz mirada al metal reluciente de la pistola,el humorista varió su actitud: “Bueno, eso es más convincente”.

Comienza la función

El auto se acercó y montaron todos, hasta el asistente con la percha con ropa que ya no se utilizaría. Como el objetivo era Biondi, cuando tomaron la avenida de Malecón bajaron al asistente, con la advertencia de que caminara sin mirar para atrás. Aquel hombre, puro nervio, se tomó tan en serio la advertencia, que hasta Biondi tuvo que reír al verlo alejarse caminando con movimientos tan rectos y mecánicos como los de un robot.

Como si estuviera en un camerino, por iniciativa propia, Pepe Biondi varió su imagen. Se quitó el bisoñé ante sus secuestradores, sorprendidos todos al descubrir que era calvo, se colocó unos espejuelos oscuros y forzó algunos chistes para relajar la tensión. Era consciente de que si la policía interceptaba el auto todos estarían en peligro, y él no quería morir el día de su cumpleaños.

Luis Antonio Martínez Bello

Punto de giro

Como en toda buena película, obstáculos no previstos provocaron puntos de giros en la trama. La noche era fresca. La luna se brindaba. Pero dentro del automóvil los miembros del peculiar comando sólo miraban al frente.

En el asiento trasero, en medio de la parejita, apenas salida de la adolescencia, llevaban a un personaje tremendamente popular, que cualquiera podría reconocerlo a pesar de la calva sorpresa y los espejuelos oscuros. En el asiento delantero, al lado del chofer, Luis, el único miembro del comando que iba armado. El joven capitán de milicias, que había desobedecido la orden de uno de los hombres más respetado del clandestinaje.

Pero en ese momento la mayor preocupación de Luis era otra y bien grande. La casa donde habían pensado retener al actor, se había “quemado” y de momento no tenía otro lugar seguro. El auto dejaba atrás la Avenida del Puerto con su bullangero trasiego nocturno. De las victrolas de los bares llegaban ráfagas de boleros, mientras Luis sólo pensaba qué hacer con su secuestrado.

(Continuará)