La ley del menor esfuerzo

1-
Hay quien busca siempre el modo
de no implicarse en la obra,
y tiene tiempo de sobra
para olvidarse de todo.
Hay quien, en franco acomodo,
no es capaz de dar ni ayuda,
quien en lo fácil se escuda
para obtener lo que quiere,
y por supuesto, prefiere
vivir de aquel que sí suda.

2-
Es ese el que se recuesta,
que hace poco por sí mismo
y en su infame oportunismo
se cree el dueño de la orquesta.
Su desidia manifiesta
resume un afán perverso:
pretender que el universo
a sus pies se simplifique
y respalde que él practique
la ley del menor esfuerzo.

3-
Detectemos sin ambages
a quienes así presumen
y resultan, en resumen,
unos tristes personajes.
Quitémosles esos trajes
que son una pura ofensa;
dejémoslos sin defensa,
en nada los toleremos
y al final de ello veremos
si tienen o no vergüenza.