Chapeando: El turno del oropouche (+ Podcast)

Un viejo fantasma recorre las redes y los medios, gracias a la nueva campaña que se orquesta contra Cuba. El fantasmas es el miedo, casi pánico, que se trata de generar entre los muchos emigrados cubanos que deciden pasar sus vacaciones en su país de origen.

En la última semana de agosto, medios del sur de la Florida informaron que los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos informaron sobre la detección de 21 casos de fiebre de Oropouche en personas que regresaron de Cuba, de las cuales tres requirieron hospitalización. Si bien no se reportaron muertes ni evidencia de propagación de la enfermedad en Estados Unidos, el hecho fue hiperbolizado por grupos de la extrema derecha de origen cubano, al punto de pedir a sus congresistas y a la alcaldesa de Miami Dade que ponga moratoria a los viajes a Cuba.

Inmediatamente se activó la vocería de esos grupos y los 21 casos de viajeros que fueron positivos al virus a su regreso de Cuba, convertidos en la "prueba del peligro".

"Estamos ante el intento de plantar una matriz de amenaza sanitaria, que está siendo funcional como pretexto para la politización que suelen hacer los odiadores contra Cuba y, por supuesto, para evitar viajes y gastos que puedan beneficiar al país bloqueado" comenta Reinier Duardo en este podcast que incluye sonidos de algunos de los reportes diseminados en las redes.

A pesar de que este es un virus que circula en las Américas desde 1955 y que en el último año se ha detectado en numerosos países de la región, cuyos nacionales viajan libremente a los Estados Unidos, se ha usado el alerta de las autoridades sanitarias, para pedir otra vuelta de tuerca a las medidas de bloqueo reforzado contra Cuba.

A la mano un ejemplo de ese tipo de acciones contra Cuba, que ha vuelto a ocupar titulares por estos días. El mal llamado síndrome de La Habana tiene un nuevo desenlace ahora, cuando se ha revelado el nivel de presiones y manipulaciones que sufrieron las personas estudiadas por un mal que nunca existió, al menos no del modo en que nos lo han contado.

No faltará quien diga que no es lo mismo. No será la misma noticia, pero sí es el mismo método: mentir, mentir, mentir y generar una predisposición, un prejuicio y promover nuevas acciones contra Cuba.

Pero, ¿dónde está la mentira, el bulo, la fake news de esta vez? En el intento de singularización del país en un contexto de complejidad epidemiológica que abarca a toda la región.

Muchos otros países reportaron el oropouche antes y con impactos de mayor riesgo que Cuba, donde, hasta el momento, no se han reportado fallecidos por esa causa y donde se brinda información cada semana, de forma pública y detallada.

Bárbara Betancourt recordó que extensión y contagios del virus ya eran noticia en otros países de la región cuando no había ni un solo caso en Cuba.
En su opinión, los representantes del llamado exilio radical, no dan puntada sin hilo. Y el oropouche se ha convertido en otro oportuno pretexto para pedir más cierre a los acercamientos más que naturales de los emigrados con su nación.

Hay una secuencia muy reveladora en la ruta que ha seguido esta nueva acción contra Cuba: el rumor, la alerta oficial, la "infladera" en los medios de Miami y de vuelta a la administración para que prohíba viajes, para que corte nexos y para que en el imaginario colectivo quede Cuba como un lugar de miedo de donde sólo salen peligros para Estados Unidos y en particular para el sur de la Florida.

La comparación con el llamado Síndrome de La Habana no es casual. Basta leer los hechos y el modus operandi. De aquel evento inventado brotaron 243 medidas para estrangular a la economía cubana que siguen activas. En nombre del actual, podrían surgir otras, también invariables por el resto de los tiempos.

El podcast cierra con un audio de José Manzaneda, de CubaInformación, quien hace un recuento de lo que fue el falso Síndrome de La Habana hasta hoy, cuando ya desmentido por completo el bulo, se mantienen sin variación las medidas aplicadas en su nombre. Y ningún medio de los que diseminó la mentira entonces, se atreve a contar la verdad ahora. Seguimos Chapeando.

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