El mundo acaba de ser testigo mudo de otra prueba de la arrogancia y prepotencia imperial. Como un vulgar pirata, robando bienes y activos al estilo de aquellos que asaltaban naves en tiempos coloniales, el gobierno estadounidense acaba de incautar el avión presidencial de Venezuela.
Pero lo realmente escandaloso, además del hecho en sí mismo, es el silencio de toda la llamada “prensa libre”, que ha contado los hechos como algo fuera de cuestionamiento. Se intenta así, naturalizar un acto fuera de la ley que sienta un precedente muy grave, una amenaza para otros líderes y naciones.
El podcast incluye un reporte de la Voz de las Américas (VOA), agencia oficial del gobierno estadounidense, en el que se resumen las líneas de mensajes que repiten otros conglomerados mediáticos.
El avión, que fue incautado en la República Dominicana, ni siquiera en territorio norteamericano, es la aeronave de un jefe de Estado, en este caso el presidente venezolano, Nicolás Maduro.
En opinión de Reinier Duardo, esto es robo, piratería, asalto a la propiedad de otro estado en un tercer país y pone en evidencia la extraterritorialidad de las leyes norteamericanas, la inaceptable violación de las normas internacionales y el irrespeto de los poderosos a la soberanía de países pequeños y de menor desarrollo, como es el caso de República Dominicana, aún con la anuencia del gobierno local, pues tampoco es descartable que intermediaran fuertes presiones y chantajes para lograrlo.
Esto, por supuesto, no es una acción aislada contra Venezuela, se inserta dentro del conjunto que conforma el nuevo golpe blando en curso contra ese país, y que en este caso se produce desde una posición de superpoder imperial, pasando por encima de todo y de todos.
Para Bárbara Betancourt, esta ilegal confiscación alarma también por el elevado riesgo que corre el mandatario venezolano en cada viaje al exterior, lo cual tampoco es secreto ni novedad, si se consideran todos los
intentos de magnicidio contra su persona.
Por otra parte, este no es un episodio nuevo para Venezuela, cuyo estado ha sido víctima constante de robos de valiosos activos de sus empresas petroleras, confiscación de reservas en oro y otros fondos millonarios, para ponerlos en manos de otro fraude, el falso presidente Juan Guaidó para financiar el brutal ataque al bienestar del pueblo venezolano.
Y sobre la extraterritorialidad de las leyes norteamericanas, claro que no son aplicables en otro país, pero en el sacrosanto nombre de lo que ellos llaman sanciones y nadie se atreve a cuestionar, lo han hecho tantas veces que se pierde la cuenta. Cuba puede dar fe por los 65 años de bloqueo, constantemente recrudecido, como ocurre ha ocurrido desde la administración de Donald Trump hasta la fecha, en una práctica abusiva que ahora m extienden a Venezuela.
El quiebre absoluto de la legalidad nos lleva a otras expresiones más recientes de esa abusiva autoridad supranacional que viene desde EEUU y amenaza a otras naciones.
El reciente pulso entre el magnate tecnológico Elon Musk y las autoridades de Brasil es otra expresión de la misma política de abusivo ejercicio del poder económico. Aunque no es ni siquiera norteamericano, Musk ya forma parte de la ultraderecha en el sistema político estadounidense.
En el origen de la controversia están las decisiones tomadas por la justicia brasileña frente a una avalancha de perfiles falsos y de odio en la red social X, otrora Twitter, operando contra las autoridades en el gigante del Sur.
Después que el líder de la plataforma X se negara a eliminar los perfiles falsos y de los haters, la justicia brasileña, en uso de sus facultades y en defensa de la soberanía nacional, impuso la prohibición de operaciones, a la que ha sobrerreaccionado de modo desafiante Elon Musk, como si fuera dueño y señor del mundo virtual donde intenta moverse como un rey sin normas o leyes que respetar.
Elon Musk no forma parte del gobierno norteamericano, pero nadie dude que sí es parte de ese establecimiento poderoso, donde se hace la política de ese país y se pretende decidir las de otros países. La posición que acaba de asumir este señor ante la decisión soberana de Brasil de cancelar la plataforma X de las operadoras de Internet y promoverla mediante conexión satelital, violando normas de telecomunicaciones internacionales, es otra muestra de violación de soberanía en función de intereses imperiales para imponerse a los gobiernos. Estamos hablando de un magnate de las tecnologías con estrechos vínculos con agencias federales norteamericanas, y que incluso, de llegar Donald Trump a la Casa Blanca podría llegar a ocupar un puesto importante en la administración.
Seguiremos Chapeando.