Huracán Charley.
En los primeros días agosto de 2004, el Instituto de Meteorología vigilaba sin cesar el desplazamiento de una onda tropical activa que se acercaba con rapidez al grupo sur de las Antillas Menores. El sistema de tormentas continuó evolucionando, y en las primeras horas del día 9 devino depresión tropical centrada al este y cerca de Trinidad y Tobago.
A las veinticuatro horas era ya un ciclón con movimiento de traslación al oeste-noroeste sobre al mar Caribe oriental. Ese mismo día se le nombró Charley, y de inmediato se hizo evidente que constituía un peligro para el territorio cubano.
El miércoles 11, a las 5:00 p. m. (hora de Cuba), alcanzó intensidad de huracán e inclinó su rumbo más al noroeste, definiendo de manera indudable la amenaza para el occidente del país.
Tal y como fue pronosticado, al caer la tarde del 12 de agosto el ojo de Charley tocó en Cayo Ávalos, a 40 km de Punta del Este (Isla de la Juventud) y continuó su desplazamiento en un rumbo próximo al norte-noroeste, a 25 km/h sobre el golfo de Batabanó. Al filo de la medianoche el ojo de la tempestad ingresó a la costa sur de la provincia de Artemisa por las inmediaciones de punta Cayamas, cortando transversalmente el tramo costero de Playa Cajío a Guanímar. Dos horas y media después salió por la costa norte, entre Mariel y la playa El Salado.
Charley, trayectoria sobre Cuba y campo de vientos.
El análisis de los datos obtenidos al paso de Charley mostró que las lluvias no habían desempeñado un papel protagónico, y que el principal elemento destructivo era el viento. En Playa Baracoa se midieron velocidades de 190 km/h (promedio en un minuto) y una racha máxima de 240 km/h.[2] El ojo del meteoro pasó cerca de San Antonio de los Baños, y los vientos máximos sostenidos alcanzaron allí 180 km/h, con rachas de 212 km/h. En Güira de Melena, los instrumentos indicaron velocidades similares: 170 km/h sostenidos, y 214 km/h en rachas.[3] Todos, valores muy significativos.
Según el término históricamente empleado por los meteorólogos cubanos, Charley fue un huracán “pigmeo”,[4] puesto que los vientos más violentos se mantuvieron dentro de un radio de 27 km, en tanto los vientos con fuerza de tormenta tropical no sobrepasaron 95 km de distancia desde el centro. Al cruzar sobre la franja más angosta de la isla de Cuba, el huracán abrió una trocha de 60 km de ancho. El estudio post impacto también mostró que el sistema cruzó el occidente cubano con una intensidad equivalente a la categoría 3 en la escala Saffir-Simpson, aunque restringida a esa corta zona o campo de vientos más fuertes.
Charley al sur de Cuba Imagen de satélite.
Como ya mencionamos, las lluvias no dejaron acumulados significativos en las 24 horas transcurridas del 12 al 13 de agosto. Los mayores se midieron en Mariel (149 mm), Vereda Nueva (144 mm), y Melena del Sur (130 mm). Sin embargo, en Playa Larga —a 200 km del centro del organismo—, cayeron 171 mm por precipitaciones asociadas a una banda de mal tiempo.
Después de haber sufrido en 2002 los embates de Isidore y Lili en Pinar del Río, 2003 dio a Cuba una tregua en el azote de ciclones tropicales; sin embargo, el país no dejó de prepararse. Entre el 22 y el 23 de mayo de 2004, todos los territorios realizaron el ejercicio Meteoro, dirigido por el Estado Mayor Nacional de la Defensa Civil y orientado a la preparación de las entidades del Gobierno y la población para enfrentar las consecuencias de un huracán, un terremoto, u otros eventos naturales. Lo pertinente de tal previsión pudo apreciarse en el efectivo proceso de reducción de desastres cuando Charley impactó en el occidente de Cuba.
Siempre Fidel
Fidel en el Insmet. Agosto de 2004, con José Rubiera, entonces Jefe del Centro de Pronósticos y la periodista Maribel Puerto. Foto: Archivo.
Frente a la amenaza, los cubanos esperaban desde la tarde del 12 de agosto la presencia del Líder de la Revolución. En las primeras horas de la madrugada del 13, Fidel estaba en el Instituto de Meteorología. Allí, frente al mapa de trayectoria, sostuvo un diálogo con el meteorólogo José Rubiera Torres, transmitido en vivo y por directo a todo el país. No pasó inadvertido para el pueblo que la fecha coincidía con el cumpleaños de Fidel, que ese año tuvo una connotación singular.
En la reseña de la visita, publicada en el periódico Granma, se destaca que exaltó en sus palabras la organización, el temple y la experiencia de la población para enfrentar desafíos de este tipo; dijo que nadie se desanimaría, y que se haría el máximo posible y a una velocidad mucho mayor que la de los vientos del ciclón, y con poca publicidad. Comentó que Charley era una especie de “regalo” que le había hecho la naturaleza por su cumpleaños aquel día de agosto.
Subrayó que donde más daño causaría el huracán era precisamente en la Capital, por el gran número de viviendas, industrias, redes eléctricas, fábricas y elementos del ornato público; algo que implica siempre mayores gastos en la recuperación.
Fidel explicó que desde el principio se mantuvo al tanto de la evolución del fenómeno, mediante el enlace con el Instituto de Meteorología, y destacó la valiosa información que suministraron los radares meteorológicos, los modelos de pronósticos y las imágenes satelitales.[5]
Con sentido premonitorio, el Comandante en Jefe señaló que Cuba sabría afrontar el paso de Charley, y que lo mismo se haría en relación con las consecuencias de la sequía, y aún si un nuevo huracán cruzara sobre el país. Cuatro semanas después, su vaticinio se cumplió con el huracán Iván, en una especie de capítulo a continuación.
Aquel 13 de agosto, Fidel reiteró su plena confianza en el pueblo y señaló que el fenómeno no debía verse como una tragedia. Nosotros tenemos la filosofía de convertir los reveses en victorias, por eso no nos amilanamos ante las dificultades.[6]
Impacto y consecuencias de Charley
Charley, efectos en Artemisa.
El tercer huracán de 2004 dejó en Cuba cuatro víctimas mortales, y otras siete por causas indirectas. Los daños en el sistema electroenergético nacional (SEN) y en las infraestructuras habitacional y de comunicaciones, fueron considerables.[7] La Defensa Civil indicó la evacuación 215 mil personas, con 35 749 acogidas en albergues. Hubo 70 mil viviendas dañadas y varios miles de hectáreas de cultivos perdidos[8]. El viento huracanado causó severos daños en el arbolado urbano y rural; y por tal razón, los compatriotas de innata agudeza apodaron a Charley “el pequeño leñador”.
Entre lo peor de la devastación estuvo el derribo de 10 torres de transmisión eléctrica que soportaban líneas de 220 mil Volts. Además, las rachas retorcieron e hicieron caer otras 18 torres que sustentaban líneas conductoras de energía desde la termoeléctrica de Mariel hacia la provincia de Pinar del Río. Estas armazones se caracterizan precisamente por su robustez, con su filigrana de acero hasta 40 m de altura y un peso de 12 toneladas, pero un huracán intenso no repara en alturas ni metales.
Charley, efectos en Artemisa.
Como resultado de tales estragos, extensas regiones de Artemisa y La Habana quedaron sin electricidad durante varios días, y entre las implicaciones más graves estuvo la imposibilidad de accionar las unidades pare el bombeo de agua. Es preciso recordar que Charley no cruzó sobre el actual territorio pinareño. Sin lluvias notables y con su reducido radio de vientos destructores no debió haber provocado daños en el extremo occidental cubano.
Sin embargo, derivado de las múltiples complejidades que surgen en el contexto de los desastres por fenómenos naturales, la provincia de Pinar del Río sufrió un perjuicio igual o mayor que el de muchos lugares de La Habana, debido a la caída de las redes que conducen la electricidad a la provincia desde las plantas y subestaciones en la zona batida por el huracán.
Iniciativas e ingenio se aunaron para solucionar las carencias de electricidad y el abasto de agua en las tres provincias occidentales. Para restañar los daños, las brigadas de linieros de la Empresa Eléctrica, procedentes de varias provincias, desempeñaron un papel esencial. Con su esforzada labor se consiguió activar en principio una línea de 110 mil Volts que llevó electricidad hacia la provincia de Pinar del Río, y nueve días después del huracán se le dio solución a la mayoría de las dificultades.
Los obreros y técnicos de la rama eléctrica, que multiplican sus energías en cada evento hidrometeorológico, han sido enaltecidos por Fidel en más de una ocasión:
...en realidad los linieros son gente valiente, gente puntual, gente entusiasta. Cada vez que ha habido un ciclón, en cuestión de horas van llegando refuerzos de linieros de una provincia a otra, y así nos enfrentamos al último ciclón.
La labor de los linieros se distingue por su movilidad y largas jornadas de trabajo al día, así como ausencias imprevistas fuera de sus casas en época ciclónica y con el programa de mejoras de redes han ido reforzando el trabajo en otros territorios más necesitados.[9]
Las experiencias derivadas del impacto de Charley motivaron un profundo análisis ulterior liderado por el Comandante en Jefe, del cual surgió una redefinición de la estrategia dirigida a afrontar eventos futuros. Agosto resultó el mes de menor generación eléctrica en Cuba en todo 2004, pues a los daños producidos por el meteoro en las líneas de alta tensión y en la termoeléctrica de Mariel, se unió una grave avería no asociada al paso del huracán ocurrida en la termoeléctrica Antonio Guiteras, de Matanzas.[10]
Ello dio lugar a una crisis del SEN sin que existiera carencia alguna de combustible. El análisis económico posterior determinó que el monto total de las pérdidas debidas al evento hidrometeorológico asociado a Charley ascendió a 923 millones de pesos.
Las orientaciones de Fidel guiaron el extenso programa de alcance nacional dirigido a la desagregación de la capacidad de generación eléctrica que en breve plazo propició la instalación de grupos electrógenos de emergencia en las fuentes de abasto de agua, centros de elaboración de alimentos, plantas de gas manufacturado, y en los hospitales que aún no los poseían.
Su línea de pensamiento tuvo nuevas y mayores implicaciones para el futuro mediato, al aplicarse el concepto de la generación distribuida de electricidad y los programas de ahorro de energía que se pondrían en práctica en los años siguientes. Meses después, el Servicio Meteorológico Nacional recibirá una importante asignación de recursos para actualizar su infraestructura y perfeccionar su trabajo.
Debido a los daños humanos y materiales causados por este huracán en los países del Caribe y en Estados Unidos, el nombre Charley fue excluido de la nomenclatura para otros ciclones tropicales. A 20 años de su paso por Cuba, corresponde recordar la inmanente exhortación del Líder de la Revolución a extraer las experiencias que resultan de cada huracán, y aplicarlas en el trabajo futuro.