París día 9: Los ojos de Leyanis, la sonrisa de Liadagmis

Liadagmis Povea.

La tarde noche de París en el Estadio de atletismo pasó de luz natural a luz artificial. De un viento suave y caluroso a un viento húmedo y una lluvia pertinaz. De una esperanza casi ciega de medallas para Cuba en el triple salto para damas a una actuación destacada, pero sin podio. Muchos pudiéramos sintetizar lo sucedido en los ojos de Leyanis Pérez y en la sonrisa de Liadagmis Povea.

Tras la ausencia de la archiconocida extraclase Yulimar Rojas (quien por cierto estaba sentada muy cerca de las gradas viendo una final que hubiera ganado casi caminando), la pinareña Leyanis figuraba como una de las candidatas casi seguro a medallas. La estabilidad de sus resultados, el bronce mundial del 2023, la mejor marca en las eliminatorias y su empuje en competencias de este nivel la hacían acreedora de esos pronósticos, a pesar de ser sus primeros Juegos Olímpicos con apenas 22 años.

Leyanis Pérez.

Pero los ojos de Leyanis en cada salto la delataron. Aunque se puso delante en la primera ronda con 14,62, nunca apreciamos el brillo en ellos de ambición, de la confianza en ese tercer brinco. A la lógica tensión de una final olímpica, su mirada no era de disfrute, sino de preocupación. Como si el ABC de esta modalidad le costara recitarlo de memoria en esa tarde-noche. Y las rivales, poco a poco, se animaron, se arriesgaron cada vez más y la desplazaron hasta un quinto lugar meritorio, pero no deseado por ella, por su entrenador y por su seguidores.

Todo lo contrario vimos en Liadagmis Povea. Se coló en una final por segunda ocasión consecutiva (estuvo en Tokio) y ahora no dejó de sonreír, animarse, vencer lo que parecía imposible y con 14,64 rozó un bronce. Y digo rozó por los casi 14 centímetros que dejó en la tabla, que le hubieran permitido destronar del escaño a Jasmine Moore (14,67). Se le veía feliz, siempre alegre, dispuesta a volar sobre lo imposible, a pesar de una temporada de lesiones y que los reflectores de medallas casi nadie lo dio para ella.

Por supuesto, a nivel olímpico, esto sucede con más frecuencia que lo imaginado. Favoritos que no logran lo proyectado y sorpresas capaces de tener un día, un salto y ganar la gloria olímpica. Thea Lafond, de Dominica, enganchó un 15,02 en el segundo salto y nadie se le acercó a esa marca ni por asombro. La más cerca fue Shanieka Ricketts (14,87), de Jamaica, a la postre submonarca.

Antes de retirarse a la Villa ambas ofrecieron declaraciones. Los ojos de Leyanis volvieron a delatar esa presión vivida; la sonrisa de Liadagmis la felicidad de un cuarto escalón olímpico. Y esta crónica encontró su título, aunque en Cuba los nervios de muchos siguen disparados, porque no aparecen los títulos para una crónica que sigue trabada, atorada, cual papel en blanco de un país amante como pocos de sus deportistas.