Comenzamos este podcast con sonidos tomados de Instagram. Moviéndose por entre una larga fila frente el consulado de España en Buenos Aires, una mujer que filma, pregunta a otra que espera su turno, a qué ha venido y ella responde que quiere obtener la nacionalidad española para ayudar a sus hijos y nietos que quieren emigrar. "Es muy triste" coinciden las dos mujeres.
La escena podría estar ocurriendo ahora mismo en La Habana o en cualquier otra capital latinoamericana. Es tan común, que hasta en la novela brasileña de turno la fiebre migratoria es uno de los temas, comenta Bárbara Betancourt y hace el recuento: Ramón emigró a Estados Unidos para hacer carrera deportiva, mientras su hermano no soporta seguir viviendo en Brasil, en tanto su colega japonesa se niega a regresar a Tokio. Claro que las emigraciones suelen ser de norte a sur, siempre hacia las naciones de más desarrollo. En el caso cubano, hacia EE.UU. por la cercanía y la familia que emigró antes y España por el derecho que adquieren de los antepasados y el idioma.
Otras opciones cuentan menos si es que cuentan. Los que salen a sumarse a las caravanas de migrantes de Latinoamérica, que van por tierra, atraviesan toda Centroamérica, algunos incluso vienen desde el extremo sur del continente, pero ninguno se queda por el camino.
Sin dudas, es importante situar los hechos en contexto, ver lo que ocurre en otros países de similar desarrollo al nuestro y no olvidar que en nuestro caso pesa una piedra descomunal por encima de todos los factores que estimulan la fuerte emigración de estos tiempos: el bloqueo es por mucho, el factor fundamental de la sangría migratoria. Y hasta ahora los países receptores han sido más benevolentes con nuestros connacionales bajo criterios políticos.
Ahora, cuando acaban de derogar el título 42 que cerró el paso a los migrantes del sur hacia Estados Unidos, por causa de la pandemia, cientos de miles de caminantes insisten en entrar y no son bienvenidos.
Aumentan las deportaciones y hay que ver, qué lugar ocupa ahora este país, obligado a soportar un cerco económico brutal, en el conjunto de la masa diversa, empujada a la peligrosa aventura por la pobreza estructural de la región con todos sus males asociados.
Es en ese complejo contexto que se ha hecho viral en redes, un emplazamiento público que le hizo el periodista Jorge Ramos al senador Marco Rubio, acusándolo de doble moral y doble discurso frente al drama de los migrantes latinos no cubanos.
El cantinfleo del senador cogido en falta, según Reinier Duardo, viene a exponer el cinismo de los politiqueros de origen cubano del sur de la Florida. Todo su discurso sobre la emigración se cae por su peso cuando para los no cubanos piden mayor endurecimiento de las leyes y cerrar el paso.
El vídeo circula cuando recesa el título 42, pero regresa el 8, con deportaciones que inhabilitan por cinco años a los deportados y a los reincidentes los llevaría a procesos penales.
Coincidimos en que ahora mismo es preciso volver a los nunca resueltos debates sobre la situación de América Latina, hundida por el neoliberalismo en una desigualdad cada vez más profunda y con ella en la pobreza, la violencia y un largo etcétera de problemas que explicarían los cientos de miles de emigrantes que se acumulan en la frontera sur de Estados Unidos sin que ese país opte por apoyar económicamente a las naciones de donde emigran.
El país que expulsa a los migrantes de la pobreza ya sobrepasa los 100 mil millones de dólares en pertrechos militares para Ucrania, pero ha demostrado que le importan poco o nada las necesidades de inversión, no sólo para el desarrollo de sus vecinos continentales, sino para la crisis social que se vive a lo interno del imperio. Seguiremos Chapeando