La dramática vida de Aldo Gamba

El monumento al mayor general Máximo Gómez, general en jefe del Ejército Libertador, erigido en la capital cubana, al comienzo de la Avenida de las Misiones, a la vera de la bahía. Foto: Revista Más Cuba.

El escultor de la fuente del cabaret Tropicana tuvo alegrías y tristezas en Cuba. Después de gozar de su aceptación, escritores y artistas cubanos pidieron que se le retirara el premio merecido por el monumento a Máximo Gómez, a erigirse en la Avenida del Puerto, y el artista debió defender su lauro en los tribunales. Baleó a su joven amante y, luego de auto agredirse, guardó prisión en el Castillo del Príncipe. La mediación del dictador italiano Benito Mussolini resultó decisiva para que, casi dos décadas después de concebido, pudiera al fin levantarse  el aludido monumento. Un día el escultor  salió de su casa y no llegó a ninguna parte. Su rastro se perdió para siempre.

Esta es su historia.

La fuente de las musas

Hay en la Isla una escultura superconocida, emblemática de la noche habanera. Se trata de la llamada Fuente de las Musas, emplazada en la entrada del cabaret Tropicana. Su nombre es la Danza de las Horas y es una obra verdaderamente monumental en la que ocho bailarinas, completamente desnudas, danzan, con gracia y delicadeza, sobre el borde de una fuente. Estuvo situada, como símbolo del juego de azar en Cuba, en el exterior del Casino Nacional, en la esquina de las calles 11 y 120, en el antiguo reparto Country Club, hoy Cubanacán. Dicho establecimiento, que ocupaba un bello caserón de madera, desapareció en los años 40. En 1953, Martín Fox, propietario de Tropicana, adquirió La Danza de las Horas. Pagó por ella 10 000 pesos y desde entonces, con el nombre de Fuente de las Musas, sirve de símbolo al afamado cabaret de la barriada habanera de Marianao.

Su autor es el escultor italiano Aldo Gamba, el mismo que proyectó y ejecutó el monumento al mayor general Máximo Gómez, erigido en la capital cubana, a la entrada de la bahía. Se trata de una estatua ecuestre, en bronce, sobre un amplio pedestal de mármol y granito. El guerrero aparece en traje de campaña, con la cabeza descubierta y la mirada en alto, refrendando las bridas de su cabalgadura.

El Congreso de la República, por ley del 9 de mayo de 1916, refrendada por el presidente Mario García Menocal y Deop, dispuso convocar a un certamen para la construcción del monumento a Gómez y le adjudicó un presupuesto de 200 000 pesos. Por el premio podrían optar escultores de cualquier nacionalidad y habría 17 000 pesos que se repartirían entre los autores que alcanzaran los tres primeros lugares.

Cuarenta artistas presentaron sus proyectos, que fueron exhibidos en los salones del hospital municipal Fernando Freyre de Andrade, en la avenida de Carlos III. De entre ellos, el jurado seleccionó la propuesta de Aldo Gamba.

Mala sombra

Ahí mismo comenzó la mala suerte del artista. La prensa le cayó encima. Lo criticaron con saña, asimismo, los plásticos cubanos. Se reconvino la forma en que sesionó el jurado, que presidió el ingeniero José Ramón Villalón, secretario (ministro) de Obras Públicas en el gabinete del presidente Menocal, y, en cuanto al monumento en sí, se le reprochó su exceso de referencias clásicas, su desarraigo y carencia de identidad. Los comentarios adversos llegaron hasta la burla cuando, en alusión al templete que sirve de apoyo a la escultura, se dijo que en la obra el caballo de Gómez estaba encaramado en una azotea. El asunto pasó a mayores, llegó a la Cámara de Representantes y se terminó por anular el premio concedido.

El escultor, sin embargo, se movió como una anguila. Apeló a los tribunales y hubo que respetar el fallo del jurado. Pero aquel proyecto parecía haber nacido con mala sombra. Pese a lo jugoso del presupuesto que respaldaba su ejecución y de que la figura que lo inspiraba resultaba inobjetable, el monumento, impulsado por aquella ley de 1916 y que debía quedar listo en 1919, no se inauguró hasta el 18 de noviembre de 1935. En esos azarosos y accidentados 19 años, 10 Gobiernos se habían sucedido en la Isla y, para remate, durante ese periodo Gamba pasó una buena temporada en la Cárcel de La Habana. Logró al fin salir de prisión y regresó a su país con el compromiso de ejecutar el monumento al Generalísimo.

El empeño volvió allí a dilatarse. Las desavenencia entre el escultor y los proveedores de materiales para la obra fueron tantas y llegaron a tales extremos, que se impuso recurrir a los tribunales romanos con la consecuente paralización de los trabajos. La Habana, entonces, asumió el tema como una cuestión de Estado y Roma dio una respuesta positiva al pedimento de la Isla; solución en la que resultó decisiva la mediación e intervención directa del dictador italiano Benito Mussolini.

Ronchas

Gamba nació en 1881. Cursó estudios en la ciudad de Urbino y los perfeccionó en Nápoles y Roma. Pertenecía a una familia de artistas y tenía, se dice, un talento natural para el modelaje, pero lo cierto es que nada de lo que pudo haber hecho antes de su arribo a Cuba llamó la atención en su patria.

Aquí, sin embargo, se llevó el gato al agua. El jurado entendió que su propuesta superaba a la del resto de los concursantes, entre los que figuraban artistas destacados como el norteamericano Borglum, el español Moisés Huerta, los franceses Carlés, Maillard y Marqueste y el italiano Nicolini.

No pocas ronchas levantó el premio concedido a Gamba. Protestaron escritores y artistas cubanos. La Asociación de Pintores y Escultores expresó su oposición y una comisión en la que figuraban el dibujante Massaguer, algunos intelectuales e incluso un hombre de negocios como Regino Truffin, se mostró contraria a su ejecución. La prensa no se quedó atrás y la revista Social se unió a la inconformidad de otras publicaciones. Se estimaba equivocado el veredicto del jurado que desechó un proyecto que “artística y esencialmente considerado es el mejor de cuantos figuraron en este concurso”. Se aludía a la propuesta del español Huerta y el arquitecto cubano Félix Cabarrocas, superior, se decía, por “su grandeza, originalidad de concepción, majestuosidad, armonía y magistral ejecución”.

Animal de la noche

En lo personal, Gamba despertaba la simpatía de los que lo conocían y trataban. En fotos de los almuerzos sabáticos del Grupo Minorista se le ve sonriente y en animada plática con otros comensales. Era un animal de la noche, su vida bohemia y, sobre todo, sus aventuras galantes dieron pie, asimismo, a no pocos comentarios. Ese hombre fino y amable perdió un día los estribos y la emprendió a tiros contra Esther Vera, la joven de origen británico con la que llevaba relaciones. Se desconoce si es que la muchacha rechazó su propuesta de matrimonio o si ella quiso romper el romance al enterarse de que su novio era casado en Italia; el caso es que el 25 de septiembre de 1921, Gamba, revólver en mano, le metió a Esther cuatro tiros en la caja del cuerpo y luego atentó él mismo contra su vida. Pero la muchacha quedó viva y Gamba también y debió responder ante la justicia por sus actos. Aun privado de libertad, realizó algunos encargos y a esa etapa corresponde la Fuente de las Horas.

Antes de regresar a su país, en 1924, firmó un documento en el que se obligaba a ejecutar, para 1928 y por la suma de 175 000 pesos, el monumento a Gómez. Infringió la fecha y el presidente Gerardo Machado rescindió el contrato pese a que La Habana había desembolsado ya buena parte del dinero. Cuba reclamó los daños por el incumplimiento y no le quitó el pie al asunto a partir de entonces. Gamba, considerándose estafado, llevó a juicio a sus proveedores. El Gobierno italiano resolvió enviar a prisión tanto a Gamba como a los marmoleros si no llegaban a un acuerdo.

Corría ya el año de 1932 y las partes en conflicto se comprometieron a entregar el monumento completo mediante el pago de 69 000 pesos, cifra pendiente a enviar por Cuba cuando Machado rescindió el contrato. Otras contrariedades hubo que allanar antes de que la obra quedara concluida y se emplazara en La Habana, en un sitio de privilegio.

El acto inaugural lo encabezaron Carlos Mendieta, presidente de la República, y el coronel Fulgencio Batista, jefe del Estado Mayor del Ejército. Hubo el emocionante desfile de un nutrido grupo de veteranos de las guerras por la independencia. Gamba asistió a la inauguración.

Muerte

La muerte del artista es un misterio. Se dice que murió en un campo de concentración en días de la II Guerra Mundial. La versión más aceptada, sin embargo, es la que asevera que el 11 de agosto de 1944 salió de su casa en Cagli con destino a Acqualagna y nunca arribó a ninguna parte. Su rastro se perdió para siempre.