Las redes digitales se suelen vender como un oasis de libertad, donde cada persona puede decir o hacer según entienda. Sin consecuencias, al menos directas.
Esa falta de consecuencias directas propicia una sensación de impunidad que a su vez vicia las relaciones interpersonales y provoca un clima de toxicidad, lo cual no es equiparable a la libertad… al menos no a una libertad a la que debamos aspirar.
De las sutiles y a veces no tan sutiles limitaciones que la libre expresión y el libre albedrío tienen en las redes digitales se habló este martes en Con Filo.