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Anticonceptivos en Cuba: Cuando querer usarlos no basta (+ Podcast)

Alejandra* tiene 24 años y está embarazada. Descubrió su estado a las 15 semanas porque, como tiene ovario poliquístico (trastorno hormonal), siempre ha presentado el período irregular. “Hay veces que me he pasado más de tres meses sin menstruar; jamás pensé que ese sería el diagnóstico, imagínate que tomaba Trienor”.

Esta joven, que recientemente se graduó de la universidad, fue un caso de ese dos por ciento de inefectividad de las pastillas anticonceptivas. “Quizás olvidé tomarla un día, no recuerdo. Siempre he usado condón, pero no puedo darme el lujo de pagar hasta 50 pesos por uno cada vez que tengo relaciones sexuales. Esas píldoras me las resolvió una tía que trabaja en una farmacia en Centro Habana. La vida me cambió y no sé que hacer”.

Alejandra tiene un trabajo estable, una vivienda y una pareja que la acompañará en este proceso, y, si bien es un derecho “la planificación familiar” y tener a su disposición variedad de métodos anticonceptivos a precios asequibles, está en mejor situación —económica y psicológica— para enfrentar un embarazo, que las gestantes adolescentes, que acumulan cifras importantes en el país.

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La escasez de anticonceptivos en Cuba se ha convertido en un asunto cíclico en los últimos años. Si revisamos los medios de comunicación, podemos encontrar trabajos de hace casi una década que aluden al tema.

Es el caso del artículo “¿Qué pasa con los condones?”, publicado en Granma en 2014, donde funcionarios de instituciones médicas y comercializadoras de productos de salud explicaban las razones del desabastecimiento en la red de farmacias nacionales y otros puntos de venta.

En 2018, desde Cubadebate compartíamos el texto “Menos ITS, ¿menos condones?”, del periódico cienfueguero Cinco de Septiembre, que exponía que, hasta abril de ese año, la provincia central había reducido la comercialización de preservativos un 23% respecto a los primeros cuatro meses de 2017.

A inicios de 2020, la Revista Alma Mater publicaba “La saga de los condones”. Sus periodistas contactaron con 106 farmacias (especializadas, de turno permanente, de turno especial y de turno normal) de 75 municipios del país y solo encontraron condones en dos de ellas.

Pero, el agravamiento de la situación vino de la mano de la pandemia de covid-19, aunque los servicios de salud sexual y reproductiva no dejaron de funcionar. En el trabajo Cuba no ha reportado este año ningún contagio por VIH de madre a hijo”, publicado en noviembre de 2020 por Cubadebate, el coordinador de la línea de condones de Prosalud, Rafael Pérez de la Iglesia, informó que la pandemia había obligado a redistribuir recursos financieros para la compra de insumos y equipos. Ello, junto al recrudecimiento del bloqueo impuesto por el gobierno estadounidense a Cuba y el atraso en los planes económicos, había influido en la adquisición de preservativos.

“El Ministerio de Salud Pública se encarga de la contratación de estos recursos, importarlos y distribuirlos. Se está trabajando con los proveedores chinos y otros habituales nuestros para acelerar la entrada y por tanto la distribución de condones en el país. Pero hoy la limitación es real”, afirmaba entonces.

La situación fue expuesta por el propio ministro de Salud Pública José Ángel Portal Miranda, en el trabajo “El aborto en Cuba y el derecho a decidir”, publicado por Granma en agosto de 2022: “No es un secreto la limitación en la disponibilidad de anticonceptivos en este período pandémico”, afirmaba el titular.

Hace más de dos meses, en diciembre de 2022, el jefe del Programa Nacional de Prevención y Control del VIH, Manuel Romero Placeres, reconocía el impacto de la difícil situación económica del país en la adquisición de condones que —si bien no es el único método anticonceptivo—, es de los más completos y seguros que existen, pues puede prevenir, al mismo tiempo, embarazos no deseados e infecciones de transmisión sexual (ITS).

El funcionario señalaba que los condones disponibles se estaban entregando de forma directa y gratuita a grupos vulnerables, con el objetivo de que llegaran a los grupos de más riesgo.

Los profilácticos que entran a Cuba o bien son importados y van a las farmacias (fundamentalmente procedentes de países asiáticos, en los que la Isla negocia la fabricación de marcas como Momentos, Vigor y Vigor +), o provienen de donaciones de organismos e instituciones internacionales de salud, los cuales se distribuyen en las consultas y programas de ITS.

En enero de 2021, el Fondo de Población de Naciones Unidas (Unfpa) publicaba en su sitio web la donación de 20 000 bulbos de Medroxyprogesterona, un anticonceptivo inyectable distribuido en 41 hospitales y 23 policlínicos del país; así como el arribo a Cuba de 22 500 tabletas de Levonorgestrel, medicamento usado como anticonceptivo de emergencia 72 horas después de las relaciones sexuales, que llegaron a 256 consultas de planificación familiar.

Hace cuatro meses, en octubre de 2022, la representación de UNFPA en Cuba firmó un acuerdo con los ministerios de Salud Pública y de Comercio Exterior y la Inversión Extranjera, para ampliar la colaboración sanitaria para la asistencia técnica y el fortalecimiento de capacidades, incluyendo la adquisición de anticonceptivos y, en particular, de dispositivos intrauterinos (DIU).

Poco después, a finales de enero de este año, Biocubafarma dio a conocer que se reanudaba la producción de los anticonceptivos orales Aminor y Estracip, con una cobertura para 30 días y materia prima para estabilizar la producción.

Estos avances, aunque en su mayoría no tienen el alcance deseado, significan una esperanza en el contexto actual. La población cubana ha adquirido cultura en el empleo de métodos anticonceptivos y en 2019 (última fecha disponible) el porcentaje de mujeres de 15 a 49 años que usaban (tanto ellas como su pareja) un método anticonceptivo era de 69.1% para las casadas o en unión y 78.8% para las solteras, según el Anuario Estadístico de Salud de 2021.

Pero la cultura en el tema, por sí misma, poco representa cuando no se encuentran en las farmacias y otros puntos de venta del Estado los anticonceptivos necesarios.

Existen entonces dos opciones: acudir al mercado negro, con sus precios excesivos, o tener relaciones sexuales desprotegidas y exponerse a sus dos posibles consecuencias: un embarazo no deseado o una infección de transmisión sexual.

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Los grupos de venta en las redes sociales ha sido una variante ante la poca disponibilidad de los métodos anticonceptivos en las farmacias cubanas. Según un sondeo realizado por Cubadebate, en el mercado informal los precios de los condones oscilan entre los 25 y 50 pesos por cada unidad, aunque puedes encontrar ofertas de 50 por 1500, 100 por 2500 y 144 (la caja sellada) por 3000. Los preservativos de sabores cuestan 40 pesos, o 35 por cantidad.

 

Por otro lado, las pastillas anticonceptivas importadas ─Microgynom fundamentalmente─ cuestan de 300 a 400 pesos el blíster (o sea, cobertura por un mes); un anticonceptivo intrauterino Multiload ronda los 1 200; y las vacunas trimestrales ─Depo-Provera, en su mayoría─ 600. Los implantes son más difíciles de conseguir.

 

Gisselle, joven artemiseña de 26 años, refiere que, aunque en Cuba la población femenina conoce cuales son los métodos de anticoncepción, es bastante difícil acceder a ellos. “Uso pastillas y hace muchísimos meses que no las encuentro en la farmacia. Hay que buscar por cualquier vía y pagarlas al precio que sea”.

“Una tira de condones cuesta entre 180 y 300 pesos, ¿cómo puede uno cuidarse de esa manera?”, pregunta Carla Amaia, habanera de 33 años. “Puedes tener una pareja estable, pero no tienes seguridad de que te es fiel y ahí mismo se reproduce la cadena, desde un herpes, hasta el sida, y cuando tienes la enfermedad de trasmisión sexual, ya no hay solución. Eso es sin contar las personas que lleven una vida promiscua”.

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Hace doce días un reporte de la periodista del Sistema Informativo de la Televisión Cubana, Marisol Ramírez, ofrecía cifras preocupantes sobre el embarazo en la adolescencia, dadas a conocer en el Pleno Nacional de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) recién concluido.

“Durante 2022 se captaron 14 994 embarazadas adolescentes en el país: 9 594 entre 15 y 18 años”, apuntaba el trabajo. Una cifra inferior al año precedente, pero estremecedora. La inmensa mayoría de estas gestaciones son resultado de la no utilización o uso indebido de los métodos anticonceptivos. 

Como una cadena de consecuencias, existen dos caminos para una mujer embarazada a cualquier edad: la concepción o el aborto. En el caso de las adolescentes, fueron realizadas 9 015 interrupciones voluntarias el año pasado. Las que deciden dar a luz, comienzan a presentar inestabilidad en la escuela o la abandonan por completo. Por esta causa, 246 adolescentes dejaron los estudios en 2022.

“Cerramos enero de este año con 9.2 de tasa de mortalidad infantil por cada mil nacidos vivos. Una parte importante de esas causas están relacionados con el bajo peso y este, a su vez, con el embarazo en la adolescencia”, decía el Doctor Roberto Morales Ojeda, miembro del Buró Político del PCC, en el Pleno Nacional de la FMC.

Además de la mortalidad infantil se debe tener en cuenta la mortalidad materna, que en muchos casos se vincula también al embarazo en la adolescencia. El Anuario Estadístico de Salud registra 175 defunciones en 2021 por esta causa, en mujeres en edad reproductiva.

Para las cubanas, la decisión de tener o no descendencia, cuándo y cuántos hijos concebir y el espaciamiento entre ellos se concretó en 1965, cuando el gobierno institucionalizó la práctica del aborto. De ese modo, lo reconocía como un derecho humano y como una medida para disminuir las muertes maternas.

La interrupción provocada del embarazo en Cuba se produce fundamentalmente a través del aborto inducido y la regulación menstrual, basándose en tres principios: la mujer decide sobre su cuerpo y si llevará a término su embarazo; la interrupción voluntaria del embarazo se realizará en entornos de salud controlados y por personal especializado; y se llevará a cabo de forma totalmente gratuita.

Por su fácil y pleno acceso, entre las cubanas se ha desarrollado una especie de “cultura del aborto” y, en algunas, prima la tendencia a naturalizar esa interrupción como un método anticonceptivo más y no como solución de última instancia ante un embarazo no deseado.

“El volumen de abortos voluntarios es elevado. El propósito principal de las políticas de Planificación Familiar de disminuir esta práctica al mínimo indispensable no se ha logrado”, señalaba el ministro de Salud Pública José Angel Portal Miranda en el trabajo “El aborto en Cuba y el derecho a decidir”, publicado el año pasado en Granma.

En 2021, según el Anuario Estadístico de Salud, hubo 51 488 abortos inducidos en mujeres entre 12 y 49 años. La cifra cobra más sentido si se plantea de otro modo: 51.6 abortos por cada 100 partos.

Desde el Ministerio de Salud, Portal Miranda insiste en la prevención de los embarazos no deseados y en la utilización este derecho solo ante el fallo de los métodos anticonceptivos. “No es un método anticonceptivo en sí mismo ni de planificación familiar, pues su uso indiscriminado puede poner en riesgo la salud sexual y reproductiva de la mujer”, explicaba a Granma.

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En el control de las ITS y, sobre todo del VIH/Sida, Cuba ha dado pasos de avance en los últimos tiempos. La mayor de las Antillas mantiene la más baja prevalencia de la infección del VIH de América Latina y el Caribe y una de las más bajas del hemisferio occidental, con un 0.4% de la población entre 15 y 49 años y alrededor de 1 500 casos anuales.

El país exhibe indicadores favorables en cuanto a la transmisión de VIH/Sida en las mujeres y mantiene la condición ganada en 2015 que certifica la eliminación de la transmisión materno-infantil del virus, informó el doctor Manuel Romero Placeres, jefe de Programa Nacional de Prevención y Control del VIH, en conferencia de prensa ofrecida en diciembre de 2022.

“En estos momentos tenemos 86% de las personas que saben que viven con VIH; 95.3% de los que están bajo tratamiento, y 88.6% con carga viral no detectable”, explicó entonces Romero Placeres.

No obstante, hay grupos sociales que continúan siendo muy afectados por el VIH, debido al mal o ningún empleo de métodos anticonceptivos. Es el caso de los transexuales y los hombres que practican sexo con otros hombres, que suman el 80.4% del total de personas con VIH.

Los pasos de avance en el control del virus no implican la inexistencia de muertes por esa causa. Según el Anuario Estadístico de Salud, en 2021 hubo 398 defunciones por Sida en ambos sexos, cifra ligeramente superior a 2020.

Tampoco se pueden descuidar otras enfermedades de transmisión sexual, como la sífilis. Su incidencia —registrada en el Anuario Estadístico de Salud— fue de 3 793 casos en 2021, menos que en 2020, pero superior a los 1 445 casos reportados en 2010.

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“Cuba, como ningún país en Latinoamérica, tiene concebido un sistema de salud cercano a la población. Además, existe una intención del gobierno de que las personas tengan acceso a información, a estudios de natalidad, fecundidad, ITS. Si el país tuviera todos los recursos necesarios, habría un uso efectivo de los métodos anticonceptivos”,, comenta Héctor, capitalino de 30 años.

“Hay una situación precaria; antes era muy fácil encontrar preservativos en las farmacias. Recuerdo que los inflábamos y los usábamos como globos. Ahora es prácticamente imposible. Hay en las farmacias internacionales, pero cuestan un ojo de la cara, en MLC”, agrega.

Alberto*, de 26 años sostiene la misma idea que Héctor: “El condón masculino está completamente en falta. Se vende en el mercado negro a altísimos precios y una persona que quiera tener una vida sexualmente activa y saludable, le es muy difícil. Se convierte en una renta”, dice.

Además, considera que, teniendo en todos los policlínicos una consulta de Planificación Familiar, donde las parejas pueden decidir responsablemente cuándo y cómo quieren tener hijos, es complicado hacerlo cuando no existen las condiciones básicas, sin tener que usar los métodos invasivos o quirúrgicos. Además, lo más importante es que no protegen de las ITS”.

Laura, de 26 años, agrega que no todas las personas pueden usar todos los métodos anticonceptivos, por ejemplo, algunos son alérgicos al látex y otras mujeres no pueden tomar hormonas; de ahí la importancia de que exista una variedad de ofertas.

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Hace tres meses Luisa* se descubrió unas verrugas en su zona íntima. Fue a un ginecólogo, le mandó un grupo de pruebas y cuando tuvo los resultados en sus manos confirmó su temor: tiene herpes genital, y sabe, porque pasó días estudiando, que esa enfermedad no tiene cura y que solo queda la opción de tomar medicamentos para prevenir o disminuir los brotes.

“Sé perfectamente que fue por mi irresponsabilidad. Con la excusa de tener una pareja estable no me protegí. Cuando empecé la relación busqué condones, pero estaban muy caros y decidimos confiar uno en el otro y utilizar el método del coito interrumpido para no embarazarme. No imagino como será mi vida sexual a partir de ahora”, confiesa en un audio vía WhatsApp.

Pero, no todas las culpas pueden recaer en Luisa. Quizás hubiera pasado de todas maneras, pero, a lo mejor si hubiera tenido a su alcance un condón, la realidad de esta muchacha fuera diferente. A veces, querer usarlos no basta.

*Los entrevistados prefirieron ocultar su identidad para este reportaje.

Escuche varias opiniones sobre la situación de los anticonceptivos en Cuba: