Crónica para el mejor cronista

Rolando Pérez Betancourt. Foto: Archivo/ Granma.

Que me perdonen antecesor y sucesores, pero para mí Rolando Pérez Betancourt fue y será el mejor cronista de la prensa plana de Cuba. De él y por él aprendí a beber en la jarra letrada de la crónica periodística.

Entonces yo era operario de la empresa telefónica de Sagua la Grande, y corresponsal obrero voluntario del periódico Vanguardia. Leí y releí sus crónicas en una sección del periódico Granma titulada: Sucedió hace 20 años. Recuerdo que la primera fue sobre un jugador de canicas de un barrio pobre de La Habana, con un título algo parecido, como el rey de las carambolas.

Luego busqué ávido periódico a periódico, hasta que me encontré otra sobre el perro Calabaza, que casi analfabeto, leyó con dificultad en un periódico que una hermosa perrita estadounidense iba a correr esa noche en canódromo de la capital. Calabaza fue hasta allí a conocer la reina divina. Para su mayor sorpresa la diva, creo que nombrada Lucy, le confesó que esa noche tenía que perder por decisión de su amo. Calabaza se retiró desilusionado, pero con un paso altanero, reflejando la superioridad moral de un perro humilde y callejero, con la ética del cubano digno, incapaz de vender su reputación, que lo distinguía como un canino guaposo de La Habana Vieja.

En otra de sus secciones titulada: Crónicas al pasar, escribió sobre un machetero de las zafras azucareras, llamado Torreblanca, con una técnica en la utilización del símil, el diálogo, y la imagen poética, que a mi modesta opinión nadie ha podido superar.

Por azares de la vida Rolandito fue mi compañero en el periódico Granma y una tarde le recité de memoria el primer párrafo de una crónica que él había publicado sobre la trasformación del barrio Las Yaguas, en La Habana, hacía ya más de 25 años.

Él me miró asombrado, pero es que hoy, a 40 años, aún lo recuerdo:
Decía así:

“Hay tiempos que hacen épocas, suceden en la vida y luego tienden a desaparecer como fieles testimonios de un pasado que grita. ¡Aquí pasó esto!”

Lo disfruté como millones de cubanos en su espacio La séptima puerta, aunque siempre que lo veía, recordaba cuando en Sagua la Grande, hacía las colas en el estanquillo para leerlo. Les digo, además, que muchos reparadores telefónicos me goloseaban el diario para leer su sección, y que dos de mis grandes amigos periodistas, los difuntos René Rodrigo Ruano e Ifraín Sacerio fueron también devotos a sus escritos.

Leí en un libro de mi profesora Miriam Rodríguez, que Rolando Pérez Betancourt había definido la crónica periodística como una carrera de cien metros planos, donde había que cumplir con exactitud las fases de la arrancada, el tramo medio hasta romper ingenioso la cinta.

Por mi parte, nunca se me hubiera ocurrido situarme en una carrilera de cien metros con valla al lado de él; pero si lo vi mucho, desde las gradas, correr por la plana de un periódico, pasar los obstáculos y romper el estambre, mientras el rival más cercano, aún no había sorteado la primera valla.

Vea además:

Fallece Rolando Pérez Betancourt, Premio Nacional de Periodismo "José Martí"