Porque robos hay, y habrá, quizás hasta en medio de conflicto nuclear. Pero el hecho de poner en peligro la vida de personas mayores, los más vulnerables de nuestra sociedad, es un hecho que irrita y duele, que estruja y provoca rabia.
No es el primer hecho en días recientes en que un anciano o anciana es atracado por un joven, que casi siempre en posición de fuerza le roba la cartera, la billetera, un vuelto antes de poder guardarlo, una bolsa con comida, bolso etc, y donde va implícito un empujón, un arañazo, un golpe y más. Eso conduce a que nuestros ancianos pasen por un momento angustioso y puedan tener alguna reacción indeseada, incluso mortal.
La respuesta que acabo de ver por transeúntes, del taxista que paró a ayudar, y de todos los que ayudaron y auxiliaron al anciano vejado, me da la medida que aún con carencias, asfixia y apagones, somos una sociedad justa y digna, muy humana.
(Fragmento de publicación en redes sociales del autor)